'En el corazón de la bestia' lo apuesta todo a un perrete monísimo que acompaña a Brad Pitt en una aventura tan espectacular como fallida

Corazon

David Ayer no consigue acertar del todo en el tono de una película de supervivencia que tristemente acaba perdiéndose en su propio guion

Randy Meeks

Editor

De un tiempo a esta parte (sobre todo desde la creación de páginas como 'Does the dog die?'), Hollywood se ha cuidado mucho de hacer daño o matar a las mascotas de los protagonistas. De hecho, si alguien comete dicha atrocidad, solo puede servir como la excusa para que el John Wick de turno se los cargue a todos, asegurándose así de que el público sienta cierta calma mental: vale, el perrete ha pasado a mejor vida, pero al menos ha desencadenado una masacre y todos los responsables han sido asesinados de manera salvaje. Menos mal.

Quizá por eso David Ayer se cuida tanto de asegurarnos en todo momento que Odín, el co-protagonista de 'En el corazón de la bestia', está perfectamente. A Brad Pitt que le zurzan siempre que el perrete esté vivito, coleando y con ganas de salvar el día.

Cero Sanxe, mucho perro

Hay que empezar hablando del elefante en la habitación: 'En el corazón de la bestia' no es lo que parece. No siempre, al menos. La que podría (y debería) ser una simple pero espectacular cinta de supervivencia en la jungla con perro incluido acaba fallando el tiro al incidir en un mensaje patriótico, belicista y casi propagandístico sobre los soldados, la guerra y el trauma. No aporta nada, solo confunde con unos flashbacks innecesarios y acaba siendo la excusa para introducir unos letreros aclaratorios finales tendentes a lo vergonzoso. 

Lo nuevo de David Ayer es una película servida a medio cocinar, donde no faltan unos planos increíbles de la naturaleza en estado puro (ese paso fluvial entre dos troncos, esos viajes en avioneta) pero que acaba resultando en una repetitiva agonía. Cada escena se basa en uno de los dos personajes sufriendo un traspiés y el otro yendo a ayudar, hasta un final sorprendente al que le falta crudeza. Cuenta con increíbles momentos de acción pura, pero 'En el corazón de la bestia' no acaba de decidir su tono y se conforma con un guion que se pierde en su propia y pretendida epicidad.

A Ayer le ha faltado arrojo y tensión en una película a la que no ayuda su ritmo mortecino y su repetición constante de estructuras en cada set piece. Al final, como si fuera un corto de los Looney Tunes, la película se basa en ver a Pitt cada vez peor tras decenas de golpes, traspiés y huesos rotos submarinos (en planos que deben mucho, por cierto, a 'Lo imposible'), y su perro, Odín, salvándose todo el rato, como si haber participado en una guerra le diera inmunidad contra golpes mortales constantes. Con un ritmo más acertado y un guion que no se perdiera en sandeces, estaríamos hablando de una película mucho mejor. Tristemente, no es esta.

Gobernado por el perro

'En el corazón de la bestia' es una película destinada a los amantes de los animales, que saldrán con el corazón en un puño corriendo a abrazar a su mascota (a sabiendas de que jamás sabría cómo rescatarnos de un río embravecido o saltar de una avioneta en marcha). Para ello, Ayer se ha preocupado de encontrar al canino perfecto, Odín, una auténtica belleza que, CGI mediante, salva la película él solo como un todoterreno inmortal que encapsula todas las bondades que durante años le hemos atribuido a los canes. 

Si tu corazón se funde en cuanto un animal aparece en pantalla, no dudes en ir a verla, porque es, sin duda alguna, lo más disfrutable de esta supervivencia que, con suerte, quizá te deje llorando y hecho un guiñapo. Particularmente creo que fuerza excesivamente la lágrima como para conseguirlo, pero me temo que dependerá de la sensibilidad de cada cual. Al fin y al cabo, todo lo que nos de igual el personaje de Pitt nos enamorará de Odín y su invulnerabilidad perruna que casi roza lo superheroico.

Puede que Ayer no haya evolucionado para refinar el espectacular y meticuloso director que se intuía en 'Corazones de acero', pero aquí, por suerte, también dista mucho de ser el desastre de 'Escuadrón Suicida', quedándose en un punto medio no exento de virtud. Sin duda, 'En el corazón de la bestia' tendrá un público entusiasta, y hay motivos para ello. No es fácil escapar del magnetismo de un Brad Pitt carismático, un perro adorable, un rodaje en lugares naturales que ha dado imágenes espectaculares, unas secuencias de acción modélicas y un CGI que no se hace obvio en ningún momento, al fin y al cabo.

Sin embargo, tristemente es difícil no verle las aristas a un guion aburrido que se pierde en su primer acto y que no solo deja preguntas constantes, sino la sensación de, en el fondo, haber visto un anuncio patriótico estilizado. Eso sí, con un perrito resultón para poder tragar mejor la propaganda. Debo reconocer que 'En el corazón de la bestia' no me emocionó e interesó lo suficiente como para perdonarle sus errores, pero al menos hay que apreciar que intenta ser distinta al cine que se hace hoy en día, marcar sus propios ritmos e ir a lo suyo. Como poco, hay que apreciar su ambición, aunque acabe petardeando. Con o sin perrete.

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