'Hoppers' es todo lo que Pixar debería ser siempre. Entre las carcajadas constantes y el delirio animado, es capaz de encontrar el punto justo de emoción

El director de 'Somos Osos' se ha centrado solo en divertirse, y se nota: hace tiempo que Pixar no hacía algo tan maravilloso como 'Hoppers'

Randy Meeks

Editor

Hubo diez minutos que cambiaron la historia de Pixar para siempre. Allá por 2009, cuando 'Up' se estrenó, todos hablamos, entre lágrimas, de su fantastico inicio, del 'Married Life' de Michael Giacchino, de cómo había logrado subvertir la animación familiar para tratar una de las historias más tristes posibles. No es que Pixar se traicionase a sí misma a partir de entonces, pero sí es cierto que, buscando esa notoriedad adulta y esa seriedad que se le presuponía, se olvidó, poco a poco, de que sus películas también tenían que ser, además de emocionantes, divertidas. 

Películas como 'Elio', 'Lightyear', 'Luca', 'Soul', 'Toy Story 4' o 'El viaje de Arlo' parecían buscar (al margen de su calidad: tanto 'Luca' como 'Soul', por ejemplo, me parecen fantásticas) con tanto ahínco ir más allá de lo esperado que dejaron que otros estudios les adelantaran por la derecha con proyectos realmente exhilarantes, repletos de acción, animación novedosa y diseños que, lejos de buscar la fotorrealidad, tenían su raíz en el cartoon. Por suerte, parece Pixar ha sabido virar a tiempo con 'Hoppers', una fabulosa película que devuelve la locura y la plasticidad a una productora que parecía haberse olvidado de ellas hace tiempo.

El señor es mi castor

Reconozco que tenía auténtico terror, cuando 'Hoppers' fue anunciada, a que Pixar cayera en los lugares comunes del amor por la naturaleza, los animales simpáticos y los humanos tontos y crueles. Sin embargo, era un miedo sin fundamento: el guion de la película es tan inteligente que sabe perfectamente cuándo corre el riesgo de caer en tópicos y subvierte todas nuestras expectativas de la manera más hilarante posible, alejándose lo más posible de la película naíf neo-ecologista que podría ser y negándose a que podamos predecir lo que va a ocurrir en cada momento. Tiene un mensaje ecologista y de amor por el medio ambiente necesario en el mundo actual, sí, pero va mucho más allá, permitiendo que veamos todas sus capas. 

Pero lo mejor es que en ningún momento se conforma con una moraleja fácil o una reprimenda hacia el espectador: 'Hoppers' se las arregla para ser siempre graciosa, con chistes visuales fantásticos venidos claramente del amor por el cartoon de su director, Daniel Chong. Su experiencia con la animación 2D en la fantástica serie 'Somos Osos' le ha llevado a ir más allá, rompiendo totalmente el anquilosamiento del "estilo Pixar" y permitiendo que sus personajes, en continuo movimiento, puedan poner poses exageradas, con un histrionismo exacerbado que lleva a planos que en cualquier otra película del estudio serían imposibles de colar. Sin embargo, aquí resultan tan naturales como tangibles, dejando a un lado cierto hieratismo tonal de sus últimas propuestas.

Lo nuevo de Pixar ofrece gags visuales con un timing perfecto, y un ritmo constante que no decae en ningún momento, pero también tiene su lugar para el corazoncito. Su gran acierto, eso sí, es que no centra toda su película en torno a un único momento dramático en el que jugársela, sino que va construyendo la intensidad emocional hasta un final que da exactamente en todas las teclas, retomando y anudando los leitmotivs argumentales de 'Hoppers' de manera maestra, permitiendo que te vayas del cine con una lagrimita y una carcajada final. Una precisión quirúrgica perfecta que hacía mucho tiempo que no veíamos en su cine. 

Pequeño planeta, vuelve a sonreír

Es sorprendente cómo, pese a la sabida censura de Disney (aparentemente, la película tenía un mensaje aún más abiertamente ecologista), 'Hoppers' se las ha arreglado para parecer coherente en todo momento, en lugar de la colección de retales de distintas versiones que fue 'Elio'. No hay un personaje al que se le pudiera haber sacado más chicha, ni una trama que se note a medias: en su aparente sencillez y su saber hacer está su mayor virtud, aunque para ello tenga que tirar, de manera inevitable, de algún momento un poquito amable de más (ese final) que contrarresta la mala leche general de la obra.

En pocas películas de animación dirigidas a niños verás tiburones hablando sobre cómo se va a comer a un humano, mariposas diabólicas, aplastamientos de animales y hasta un toque misántropo (y al mismo tiempo humanista) tan original como imprevisible. Chong ha aprovechado del todo su gran oportunidad en Pixar dándolo todo, dejando que el lenguaje de la animación en 2D y sus recursos estilísticos entren de lleno en el 3D sin por ello perder el "tono Pixar". Al margen de lo que haga en taquilla, 'Hoppers' debería ser la muestra perfecta de por qué debemos seguir apoyando el cine de animación original en lugar de dejarnos mecer por los cantos de sirena de las continuas secuelas.

'Hoppers' es todo lo que debería ser Pixar si no estuviera tan preocupada en su propio legado que solo les salieran churros y películas con grandes conceptos que no terminan de dar en el clavo. Es un director y unos animadores soltándose el pelo, divirtiéndose y gritando sin importarles lo que estén haciendo sus competidores, como un recreo animado en el que es imposible no mirar a todos lados constantemente, fascinado por la riqueza de su animación, de sus alocados diseños y de su mundo. Donde otros se habrían quedado en "animales monos que hablan", Chong da una vuelta de campana a nuestras expectativas, demostrando que menos es más y otorgando una profundidad tanto emocional como cómica a sus protagonistas digna de todo elogio. Así sí.

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