He visto por primera vez 'Wall-E' y su mensaje sigue siendo actual 18 años después de su estreno. También creo que Pixar debería hacer más cine político

He visto por primera vez 'Wall-E' y su mensaje sigue siendo actual 18 años después de su estreno. También creo que Pixar debería hacer más cine político

Sigue siendo la mejor época de Pixar

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'Wall-E'
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Belén Prieto

Editora

Hace más de 700 años, los humanos abandonaron la Tierra. No huyeron por una guerra ni por una catástrofe repentina, sino por agotamiento. Dejaron atrás un planeta cubierto de residuos, confiando en que alguien -o algo- se encargaría de limpiar el desastre. Ese algo fueron los robots. Y de todos ellos, solo quedó uno. 

Un pequeño robot oxidado llamado Wall-E -que da nombre a la película-, diseñado para compactar basura, que sigue trabajando mucho después de que el mundo haya dejado de mirarlo. Cada día repite la misma rutina: recoge desechos, los convierte en cubos perfectos y los apila como si todavía existiera un futuro que los necesitara. Y a su lado le acompaña siempre una cucaracha indestructible, quizá el último ser vivo que queda.

Solo en el mundo

Wall-E vive solo y entre las montañas de basura rescata objetos que aunque no tienen un valor práctico, están repletos de significado. Bombillas, un cubo de Rubik y otros pequeños fragmentos de humanidad que guarda como tesoros. En su refugio improvisado, ve una y otra vez 'Hello, Dolly!' y aprende, sin entender del todo por qué, que darse la mano importa. Que compartir importa. Pero la soledad pesa. Porque por muy llenas que estén sus estanterías, no hay nadie con quien compartirlas.

Todo cambia el día en que la Tierra vuelve a temblar. Una nave desciende del cielo y de ella emerge EVA, una robot blanca, pulida, casi etérea, enviada para buscar señales de vida vegetal. Wall-E se enamora de inmediato, no porque ella represente la esperanza del planeta, sino porque representa algo mucho más simple y más grande: compañía. Cuando EVA encuentra una pequeña planta, el destino de ambos cambia. Wall-E se aferra a la nave que se la lleva lejos de la Tierra, y con ese gesto comienza una odisea que lo conduce hasta los humanos que un día decidieron marcharse.

Ahí es donde 'Wall-E' deja de ser solo un relato postapocalíptico y se convierte en una fábula muy incómoda. Los humanos han sobrevivido, sí, pero han dejado de vivir. Flotan en el espacio, rodeados de pantallas, alimentados por máquinas, desconectados de sus propios cuerpos y del mundo que destruyeron. No son malvados, son apáticos. Y ese matiz es lo que hace que la película siga siendo tan vigente: no denuncia un futuro extremo, sino una deriva cotidiana que reconocemos demasiado bien.

'Wall-E'

Pixar tomó una decisión radical aquí: reducir el diálogo al mínimo y confiar la narración a la imagen, al sonido y los gestos. Y el resultado no fue solo un prodigio técnico, que también, sino una demostración de confianza absoluta en la inteligencia emocional del espectador. Wall-E y EVA no necesitan hablar para decirlo todo. Sus movimientos, sus miradas, sus silencios, construyen una historia de amor más honesta que otros muchos romances llenos de palabras.

La he visto por primera vez hace poco y tengo que decir que, 18 años después, 'Wall-E' no parece una película de su tiempo, sino una advertencia adelantada. Su crítica social es suave en la forma, pero devastadora en el fondo. Nos habla del consumo sin límites, de la delegación total de responsabilidades, de una humanidad que prefiere la comodidad a la conciencia. Y aun así, no es una película cínica. Al contrario, cree profundamente en la capacidad de cambio, en el poder de un pequeño gesto como una planta o una mano extendida, para iniciar algo nuevo. Y tiene un final muy esperanzador.

'Wall-E' sigue siendo una experiencia muy poderosa, no solo porque sea divertida, tierna o visualmente deslumbrante, sino porque tiene mucho corazón. Porque se atreve a preguntarnos quiénes somos cuando dejamos de cuidar nuestro mundo y qué queda de nosotros cuando todo lo demás desaparece. Ojalá Pixar vuelva alguna vez a hacer películas como esta.

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