'Porky's': 40 años de inmadurez y risas garantizadas en un clásico de la comedia más sofisticado de lo que parece

A finales de los 70, dos cineastas tan verbeneros como John Landis e Ivan Reitman reventaron las taquillas con dos títulos protagonizados por adolescentes de hormonas alteradas. 'Desmadre a la americana' y 'Los incorregibles albóndigas' abrieron el camino del exceso estudiantil enamoradizo y sobreexcitado. Dos éxitos, dos títulos emblemáticos y dos notables películas (principalmente la de Landis), pero nada comparado con el huracán que llegaría a principios de los 80 de la mano de la obra maestra de Bob Clark, 'Porky's'.

Una película de autor

Bob Clark llevaba una racha inmaculada por entonces. Tras una serie de títulos tan atractivos como 'Crimen en la noche (Dead of Night)', 'Navidades negras' y 'Asesinato por decreto', el cineasta canadiense había logrado un importante prestigio crítico con 'Tributo', drama que valió una nominación al Óscar y el Oso de Plata en Berlín a su protagonista, Jack Lemmon.

Tras pasar por el terror más underground ('Los niños no deben jugar con cosas muertas') al prestigio de los Premios de la Academia dirigiendo a Lemmon, Clark tuvo la libertad creativa necesaria para convertir sus recuerdos de estudiante en Florida en la comedia generacional más importante de nuestras vidas.

Con un presupuesto modesto y una fría recepción crítica, 'Porky's' se convertiría sin esfuerzo en una de las películas más influyentes de la década y una referencia eterna. En 1981 no había nada parecido, pero justo después de su estreno los cines se inundaron de comedias sexuales dirigidas a adolescentes que disfrutarían de una nueva vida en las estanterías de los videoclubs. 'Porky's' fue la sexta película más taquillera de un año donde Spielberg reinó con 'E.T. el extraterrestre' y 'En busca del arca perdida'.

La diferencia entre todos esos subproductos y la película de Clark es que el director de 'Historias de Navidad', considerada un clásico del cine norteamericano (¡y que rodó entra sus dos 'Porky's'!) estuvo trabajando en el proyecto durante 15 años. Es una obra 100% personal, una comedia de autor.

'Porky's' canalizó el espíritu de comedias más grandes, como 'Desmadre a la amerciana' o 'El club de los chalados', en una película de presupuesto bastante más bajo y sin estrellas. En este caso un de los elementos clave de la película fue la inclusión de la desnudez, un elemento entonces exclusivo al terror de la época y que Clark supo acondicionar con maestría.

Lo más curioso de esa desnudez, algo de mal gusto y completamente inapropiado sobre el papel moralista habitual, es que apenas tenía una escena: la clave, publicitada e inolvidable escena de las duchas. Nada más. Es decir, había más desnudos en los vestuarios de 'Carrie' que en los de 'Porky's'. El recuerdo de la erótica desenfrenada de la peli es como el indescriptible monstruo que crees recordar de 'La semilla del diablo'. Solo está en tu cabeza. Es la magia de las buenas películas.

Supersalidos

Para incrementar esa magia irrepetible, la extraordinaria comedia de Clark utiliza un comodín infalible si se utiliza como dios manda: aquellos maravillosos años. Se ancla a una época que permite que la historia siga inalterable al paso de los años. Como 'American Graffiti'. Como 'Matinee'. Como 'Grease'. Películas que sostienen una época como elemento potenciador de lo que en realidad se está contando: una historia de amistad.

Por supuesto, estamos ante una peli de chicos que se mueren por espiar a las chicas en el vestuario y a un protagonista tratando de perder su virginidad. Pero en realidad 'Porky's' es muy formal, se toma su tiempo para desplegar largas secuencias en torno a todos los personajes. Largas secuencias donde Clark tiene todo perfectamente calculado: la puesta en escena de 'Porky's' es uno de sus grandes atractivos. El problema es que es tan divertida que no es fácil centrarse en la técnica.

Aquí el amor es libre, desinhibido. No hay promesas, solo ganas de pasar un buen rato. Son estudiantes. En los 50. Son, insisto, amigos. La película también sabe moverse como pez en el agua entre los códigos del drama, dejando para el recuerdo la imborrable amistad entre el hijo de un antisemita y un chico judío. Tolerancia y amistad, ahí está la clave.

Recuperada hoy (tienes las tres en Flixole), es evidente que estamos ante una película "para chicos". Sin embargo, muestra un gran respeto a la hora de aproximarse a las mujeres sin renunciar a la picardía. Cuando ellos las espían en las duchas, ellas se burlan de ellos. No hay una chica fácil o humillada. La clave es Wendy (maravillosa Kaki Hunter) una buena amiga a la que, igual que a ellos, le encanta el sexo y no tiene por qué esconderse ni avergonzarse.

Wendy nunca será marginada por el grupo, es un miembro más del clan. La aulladora Kim Cattrall es una mujer trabajadora e independiente que decide cuándo y cómo se relaciona o no con alguien. Permitidme que ponga en duda si hasta en producciones más actuales hemos visto un respeto así por la libertad de la moral femenina. En la película de Bob Clark las mujeres pueden divertirse tanto como los hombres, jugar en la misma liga y, por tanto, esperar la misma burla.

La venganza de los chicos de Angel Beach

Además de las sesiones de voyeurismo, el pequeño grupo de amigos sueña con pasar por el local que pone título a la película. Un antro de mala muerte a pocos minutos de casa, eso sí, en otro condado. Será allí donde el honor de este grupo de amigos termine en el fango, lo que dará pie a una serie de accidentales desencuentros que terminarán en una acción definitiva por parte de los protagonistas.

Así, la segunda mitad de la película se centrará en esa venganza por parte de un grupo de jóvenes traviesos (pero educados y caballerosos) contra un grupo de adultos repugnantes y corruptos. El grupo de amigos tramará un plan implacable para destruir a esos villanos, devolviendo el golpe. Un plan que nada tiene que envidiar a los que más adelante propondrá semanalmente 'El Equipo A'.

La camaradería también se contagia, y los chavales obtendrán ayuda por parte de los profesores de secundaria, familiares del lado de la ley y demás supervisores adultos, que no dudarán en ayudar a los adolescentes en su búsqueda de venganza. Todos a una.

A la película le siguió una segunda parte, titulada 'Porky's II: Al día siguiente', también dirigida por Clark, que se estrenó al año siguiente. La película continuaba con la alegría más o menos contagiosa, pero se perdía la frescura del libreto escrito por Clark, que ahora recaía en Roger Swaybill y Alan Ormsby, perdiendo no solo parte de la efervescencia, también la personalidad se quedaba un poco al margen.

En 1985 llegaría una tercera entrega, 'Porky's contraataca', que cerrará una trilogía que fue de (mucho) más a menos, pero a la que sus secuelas, de alguna manera, hacen justicia. Lamentablemente, Bob Clark nos dejó en 2007 tras un fatal accidente automovilístico donde también perdió la vida su hijo Ariel Hanrath-Clark, de 22 años.

Los continuadores de la obra de Clark, y sobre todo de 'Porky's', se han ido adaptando a su legado durante las siguientes décadas con desiguales resultados. La idea de un grupo de jóvenes que aspiran a perder su virginidad (o algo equivalente) la encontramos en multitud de películas que orbitan alrededor de Judd Apatow, pero también en una cantidad insultante de películas con la palabra "sexo" en el título. Pocas han conseguido funcionar salvo 'American Pie'.

Sin tomarse nunca en serio, esta obra maestra unió a todos los adolescentes bajo una misma bandera. Cuarenta años después, la bandera está a media asta, pero los recuerdos perdurarán.

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