
Dante y Vergil se reúnen en la segunda temporada de la serie de Adi Shankar para airear sus traumitas entre pelea y pelea
La primera temporada de 'Devil May Cry' de Netflix fue una apuesta bastante interesante, aunque confusa para muchos fans del videojuego. Y es que se alejaba de las tramas que ya conocíamos, cogiendo pinceladas de lore y personajes de aquí y allá para contarnos una nueva historia a modo de "origen" de Dante.
'Devil May Cry' nos dio acción, espadazos, tiroteos y musicote en una cápsula que abrazaba el mamarracheo de los 2000, aunque también te pegaba tres navajazos al corazón con una fuerte crítica al colonialismo y a las políticas estadounidenses. La segunda temporada prometía ser mas fiel a los juegos, pero creo que todavía no terminará de convencer a los fans más reacios.
Terapia familiar a golpe de espada
La primera tanda de capítulos nos presentaba a Dante, Lady, la organización Darkcom y la conquista encubierta de Makai, el reino de los demonios, por parte del gobierno americano. Pero también nos dejó el bombazo que muchos esperábamos: Vergil, el hermano perdido de Dante, en realidad no estaba muerto, sino que llevaba años bajo el mando de Mundus.
Esta segunda temporada nos ha presentado una nueva amenaza con la llegada de Arius y la corporación Uroboros, además de la conspiración para traer de nuevo a la vida a Argosax, el antiguo rey del mundo demoniaco. 'Devil May Cry' apuesta por un tono un poco más maduro y reposado, aunque sin perder acción, y también se toma su tiempo para desarrollar a Vergil, el segundo gran pilar de la historia.
Si la primera temporada giraba en torno a Dante, ahora Vergil se convierte en el gran protagonista. No solo descubrimos más sobre su pasado y sufrimiento entre las filas de Mundus, también somos testigos de su evolución a lo largo de estos ocho capítulos. Y, siendo sinceros, es un personaje que está construido al milímetro para "molar" y ser una estrella cargada de angst.
Da gusto ver el desarrollo de Vergil aunque por desgracia esto hace que Dante se quede mucho más desdibujado y pierda protagonismo, teniendo a veces casi escenas anecdóticas y dando palos de ciego durante gran parte de la temporada. Aunque sigue siendo carisma puro y compensa de sobra cuando está en pantalla.
Por desgracia para los fans de cuño duro, 'Devil May Cry' va a seguir siendo una decepción si buscamos una adaptación fiel a los videojuegos. De la misma manera que 'Castlevania: Nocturno', el anime de Netflix es una suerte de batiburrillo con toques de fanfic en el que Adi Shankar toma los elementos que necesita para contarnos su propia historia.
Al final, todo se reduce al drama de dos hermanos enfrentados en lados diferentes del conflicto, con ambos arrastrando sus propios traumitas y con formas muy diferentes de lidiar con sus daddy issues. Vamos a tener caras conocidas, enemigos que igual nos suenan, y una playlist explosiva con la que dan ganas de montar AMVs. A veces no hace falta más para pasar un buen rato, y los creadores de la serie saben tocar las teclas justas para ofrecer un buen entretenimiento que tampoco pide más vueltas.
Studio Mir sigue manteniendo el buen nivel visual e incluso se superan a sí mismos en los últimos dos episodios con la secuencias de acción. Así que a pesar de un bajón de ritmo en los primeros capítulos, 'Devil May Cry' sigue siendo tremendamente divertida a pesar de los baches narrativos a mitad de temporada.
Eso sí, mejor llegar a ella con la mentalidad de que estamos viendo un producto nuevo y completamente diferente a los juegos. O sin saber nada de ellos, porque entonces nos ahorraremos las úlceras y simplemente nos permitiremos entrar a una serie macarra y con altas dosis de acción.
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