Chloé Zhao perseguía algo diferente y concreto con su película en torno al dolor, y lo encontró a través de un nuevo director de fotografía
Con su acumulación de nominaciones a los Oscars y su reciente estreno en salas de cine de todo el mundo, como es el caso de España, ‘Hamnet’ está logrando ser una de las películas más comentadas del momento. Aunque es cierto que lleva dando de qué hablar meses antes de que la mayoría del público pudiera verla, y en cierto modo ha desvelado gran parte de su historia.
A partir de aquí se comentarán spoilers de ‘Hamnet’
Las primeras reacciones ya la dibujaban como un drama emocionante donde el romance y lo artístico intentaban sobrevivir ante lo trágico. Era realmente complicado entrar en la película de Chloé Zhao sin tener en mente que iba a tratarse de una experiencia demoledora, y para algunos ya era difícil escapar el hecho de que se aborda la muerte. Concretamente, la muerte infantil.
Pero este discurso, como suele suceder cuando se aspira a premios y hay que delimitar un punto de conversación claro y que llame la atención, reduce injustamente una obra a un elemento cuando son varias las ideas conviviendo en la misma y son poco comunes las maneras de su directora para abordarlas. Es difícil culpar al que no tenga referencias muy claras de ‘Hamnet’ y piense que se va a tratar de un dramón sentimental hecho para captar la atención de la Academia.
Una presencia recurrente
Es innegablemente emocionante y muy dramática, pero en la grafía que emplea Zhao hay espacio para más tonos y enfoques. Su manera de abordar la muerte no pasa únicamente por retorcer el dolor, sino que explora su presencia constante mientras está sucediendo la vida. Sutilmente va introduciendo el concepto que va a marcar los eventos más devastadores en lo emocional, empleando la cámara casi como un personaje más que también ejerce como espectro que tiñe el ambiente. Un aspecto inquietante que decidió tomar de una de las experiencias más estremecedoras de la última década, ‘La zona de interés’.
El estilo de las anteriores películas de la directora había empleado movimientos que hacen que la cámara viaje con los personajes y atraviese horizontes. Todo cambió cuando vio la película de Jonathan Glazer. “Cuando vi esa película, supe que esa era la dirección que quería tomar”, contratando además al mismo director de fotografía, Łukasz Żal, para componer planos fijos que contuvieran a sus personajes y sus experiencias en un mismo momento. El estilo casi de cámara de vigilancia de ‘La zona de interés’ fue uno de los aspectos que más marcaron a Zhao (tal y como ha comentado en entrevistas como la realizada con Barry Jenkins) y quiso darle uso para seguir a los personajes de Jessie Buckley y Paul Mescal.
En muchos instantes de intimidad clave vemos como los habituales planos cortos que empleaba la cineasta en otras obras son reemplazados por ángulos más amplios y que colocan a la cámara mirando hacia abajo mientras transcurre la acción. Otros la cámara mira frontalmente, casi invadiendo el espacio mientras los personajes siguen su conversación. Los personajes no perciben que haya nada observándolos, pero para el espectador queda la impresión de que alguien o algo se está entrometiendo. Un algo que puede ser la representación de la depresión que sufre Shakespeare o incluso una muerte que va a acabar haciéndose notar.
De ahí que uno de los momentos más poderosos de la cinta transcurra justo antes de que se produzca la muerte, con el niño protagonista que va a fallecer mirando a la cara a esa presencia invasora que había pasado inadvertida por el resto. Finalmente, en el clímax, Zhao y Żal emplean un plano cenital en el instante donde el actor que interpreta Hamlet toca y conecta con su público antes de producirse la muerte de su personaje, rescatando a esa presencia pero otorgándole otro significado para volverla más ambivalente.
El uso de la cámara en estos momentos tan dispares es una de las muestras de la sobria madurez y perspectiva con la que Zhao aborda el duelo en la película, plasmando la inevitabilidad de la muerte con todo su dolor pero también con la necesidad de seguir viviendo acompañados de ella. Es lo que la hace una de las películas más comentables del año al margen de cuántos premios vaya a conseguir.
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