'Hamnet' es una rotunda maravilla que nos recuerda el poder del arte como catarsis. Sin embargo, su tragedia constante la hace bordear el "misery porn"

'Hamnet' es una rotunda maravilla que nos recuerda el poder del arte como catarsis. Sin embargo, su tragedia constante la hace bordear el "misery porn"

Si tu cuestión es "ver o no ver", no lo dudes: sus 8 nominaciones al Óscar son un testimonio de la grandeza de lo último de Chloe Zhao

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Hamnet
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Randy Meeks

Editor

Alrededor del año 1600, William Shakespeare estrenó por primera vez una obra que estaba destinada a convertirse en un hito de la cultura popular, incluso más de cuatro siglos después: 'Hamlet' no solo es uno de los textos más influyentes de la historia, sino que contiene sus frases más conocidas (con "Ser o no ser, esa es la cuestión" a la cabeza) y ha sido objeto de estudio durante años. Ahora, Chloe Zhao nos trae una nueva perspectiva no solo de la obra, sino de su autor, su familia y, sobre todo, el poder del arte para cauterizar hasta la herida más profunda.

El poder del arte bien nos pudiera salvar

No voy a andar con zarandajas para ocultar lo que es obvio: 'Hamnet' me ha encantado. La increíble dirección de Zhao, la actuación conmovedora y superlativa de Jessie Buckley, la intimidad que se respira en cada uno de los diálogos infantiles, el amor roto por la tragedia irreparable... No hay nada en esta película que no esté medido al dedillo, llevando todos sus cauces a un desenlace increíble, el mejor final de los últimos años que convencerá incluso a los que hayan estado dubitativos durante los dos primeros actos de la película. Sin embargo, ese es, paradójicamente, el mayor de sus problemas.

No cabe duda, después de verla, que la película tiene un propósito: hablar sobre el arte utilizado como tirita para la desolación, el amor en plena pobredumbre vital, la desesperanza como motor de una vida repleta de sinsabores. Sin embargo, mientras uno la ve, puede sentir que, en realidad, la parte anterior es solo un prólogo para que el final acierte y pegue exactamente en todos los puntos donde debe hacerlo. No es algo necesariamente negativo, pero sí es cierto que llevará al público con menos paciencia a exigir una meta clara en el horizonte. Pero claro, ¿cuándo le ha importado a Zhao el público general?

'Hamnet' es sutil, cuidadosa, pequeña, sentimental y sorprendentemente contemporánea al poner el foco no en el éxito y el sufrimiento interno de Shakespeare, sino en el de su esposa, Anne Hathaway, un personaje olvidado por la historia y que aquí, de manera muy especulativa (en ningún momento pretende ser un biopic, al fin y al cabo), recibe una más que necesaria redención. Solo sabemos del éxito teatral en Londres a través de terceras personas, y las visitas a su casa de Stratford son meros momentos de vacaciones donde se permite el lujo de actuar como padre amante y esposo entregado antes de volver a dejarse envolver por el trabajo. Es una relación compleja, única y con el borde afilado, pero claro: ¿Qué relación real no es, en el fondo, así?

Morir es dormir, tal vez soñar

El gran debate entre gran parte de los espectadores, al igual que pasó con el libro, es si la película confía de manera excesiva en el "misery porn" para mantenernos enganchados: la sucesión de desgracias que culminan de manera inevitable en un manto de llantos alrededor de la sala. En lo personal, creo que esta es una visión torticera de la obra, que se preocupa de tener su parte liviana y amable para que la tragedia resuene más en el público sin regodearse a posteriori. Dado que su núcleo está en el dolor de una madre que ni siquiera puede articular un grito de desesperanza y que se siente completamente sola ante una vida sin brújula ni sentido, ¿cómo no va a haber llanto, corazones rotos y drama? ¿Por qué aguar el cataclismo sentimental? 'Hamnet' es exactamente lo que pretende ser, y, como está claro, en ningún momento pretende hacer sentir cómodo al público general.

Sí, Zhao hace todo lo que puede para que llores. Sí, lo consigue de manera natural. La tristeza no tiene nada de malo, y refuerza la tesis de la propia película: el arte puede y debe removerte por dentro, incluso el que sirve como mera catarsis propia, sin importar los absurdos límites autoimpuestos. Al fin y al cabo, al final de 'Hamlet' mueren ocho personajes principales (incluido su protagonista) y nadie en sus cabales la acusaría de "misery porn". No es fácil, en la era actual, hacer sentir algo a un espectador que puede adivinar cada truco de guion, pero la lágrima que me cayó por las mejillas viendo 'Hamnet' no se sintió falsa ni manipulada, sino un testamento al poder del cine (y del arte en general) para hacerte sentir que formas parte de esa historia.

Utilizando la ya de por sí tristísima novela como referencia, Zhao construye un imaginario natural visualmente impresionante que, además, modela como nadie a su protagonista. La directora demuestra que 'Eternals' fue solo un tropiezo y que es una de las narradoras con voz propia más interesantes de la actualidad. Las 8 nominaciones al Óscar de 'Hamnet' son, en última instancia, una anécdota a pie de página: la propia película parece consciente de su paso seguro a la historia. Y ese es su mayor problema, en última instancia: sabe que es una película culta, importante y destinada a la grandeza, de esas que marcan época y los cinéfilos recomiendan. Y este consciente triunfo acaba tornándose en una ligera prepotencia de aquel que trata al público con la altanería de quien sabe que está dando en la diana. Eso sí, al contrario que en 'Hamlet', el resto de lo que queda al final, entre debate y lagrimita enjuagada, es de todo menos silencio. 

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