Ideas recurrentes y un tono consiguen que un artesano del terror se presente como voz propia
Es admirable cuando un cineasta consigue significarse con voz propia a las primeras de cambio, pero lo habitual es que la autoría se vaya consiguiendo conforme va adquiriéndose experiencia y van surgiendo inquietudes comunes entre proyectos. Pero estamos en un momento donde el nombre propio de los cineastas es también algo mercadeable, y el terror está revitalizándose bastante por ello. Tanto en lo creativo como en lo comercial.
Aunque no por ello deja de llamar la atención algo como ‘La momia de Lee Cronin’, precisamente por cómo el nombre del director está acompañando al de la marca que está reinterpretando. ¿Ha tenido el cineasta irlandés tanto éxito en el pasado para justificar este movimiento que le pone como reclamo? ¿Es su autoría tan marcada para merecer la distinción?
Es difícil no mirar todo esto con cinismo y pensar que ninguna de las dos cuestiones tiene respuesta afirmativa, sino que todo obedece la decisión comercial de diferenciarse de un inminente reboot de la saga de ‘La momia’ con Brendan Fraser y Rachel Weisz. Cuesta defender que Lee Cronin es uno de los nombres propios del terror actual cuando su carrera de momento parece más la de un artesano eficiente.
Su comparación más lógica en este momento parece la de Fede Álvarez, un cineasta que ha conseguido desmarcarse actualmente por una aproximación cafre, gore y asquerosa al terror que aplica a franquicias establecidas. Cronin además pasó por la misma franquicia de ‘Posesión infernal’ aplicando un enfoque similar, lo que hace más palpable las similitudes. Podría decirse que su autoría se reduce a eso, aunque también es pertinente señalar que sí hay algo que le está haciendo autor: está haciendo la misma película todo el rato.
Las familias desmadradas de Lee Cronin
‘La momia’ comparte no sólo exhibición de casquería, suciedad y horror sobrenatural tanto con su primer largometraje ‘Bosque maldito’ como con su ‘Posesión infernal: El despertar’, sino que estructura historias similares de manera parecida. Las tres películas son tanto excesivos shows de lo sobrenatural como dramas familiares.
No es especialmente distintivo o único, e incluso se puede señalar cómo está tirando de referentes canónicos del terror como ‘El exorcista’ (de hecho ‘La momia’ hace incluso más evidente la influencia). Pero coger todo lo que te obsesiona, desde películas importantes hasta ciertas inquietudes humanas o temáticas, es el camino que toman muchos autores para llegar a serlo.
En ese sentido, Cronin ha ido alternando muy tímidamente las mismas dinámicas desestructuradas entre grupos familiares. Que componen las familias que protagonizan sus historias varía, pero en todas parece existir una desconexión, una falta de entendimiento o incluso cierto trauma previo a ser azotados por un mal mayor.
Traumas de mucho shock
Las películas de Cronin inciden mucho en estas barreras que parecen existir de manera invisible pero casi tangible entre las familias, sobre todo cuando algo devastador sucede que precede a lo fantástico. Si es posible repararlo es lo que se termina interrogando en la acción y el conflicto de las películas, dando cierto poso que algunos asociarían al terror elevado, aunque el director no pone tanto énfasis en ello como lo hace en sustos de mucha técnica y shock visual.
Todo son convenciones narrativas muy vistas a lo largo de la historia del cine, pero el irlandés las utiliza a menudo en la misma dirección y con una misma aproximación. Una que incluye lo grotesco, lo violento y ocasionalmente lo escatológico. Y cada vez le ha ido saliendo mejor la jugada, con ‘La momia’ acercándose a llevar el tipo de película que hace hacia algo más que notable. Por lo menos, siempre está consiguiendo entretener, aunque pueda faltarle para ser un horror master.
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