'Los Domingos' y 'Sirat' se reparten una de las peores galas de los Goya de los últimos años. Un exceso de nostalgia y reinvidicaciones con Luis Tosar y Rigoberta Bandini inexistentes

Más de tres horas de absoluto tedio con recopilaciones de clips constantes y sin ningún momentazo que pase a la historia

Randy Meeks

Editor

Hay galas de los Goya que han tomado muy malas decisiones, pero muy, muy pocas han representado la tormenta perfecta de los errores y la debacle creativa de manera tan certera como la de este año. Los Goya han sido (ya podemos decirlo sin problemas) un dislate absoluto, una incongruencia tras otra, un horror en el que, pese a recortar 20 minutos la tortura del año pasado, cada minuto ha pesado como una losa, clip recopilatorio tras clip recopilatorio, canción tras canción, sin un solo detalle cómico para, al menos, poder tragar las cientos de reivindicaciones continuas que se han lanzado desde el estrado. Si esta es la carta de presentación del cine español al público general, lo llevamos claro.

Hoy no puede ser un gran día

El primer error de la noche ha sido una pareja de presentadores sin carisma, sin feeling y sin ningún tipo de química: Luis Tosar y Rigoberta Bandini, que desde su primer momento no han dado otra cosa que pereza (con un toque de vergüenza ajena) cantando 'Hoy puede ser un gran día'. Técnicamente daba la cara con un precioso travelling, pero esta versión "bandineada" nos hacía pensar en que, si este era el punto álgido de la gala, lo íbamos a pasar mal. 

Tosar y Bandini prácticamente han desaparecido durante toda la gala, volviendo tan solo en un par de aparentes improvisaciones con el público que no han llevado a nada, excepto a darse masajes de ego y a una canción interpretada por ella, 'De tot cor', que ha sido seguida por Bad Gyal. En los últimos compases, después de que la dirección decidiera cortar el discurso de los ganadores por 'Los Domingos', la cantante y actriz de doblaje aún ha tenido el cuajo de insinuar que "siempre hay tiempo para otra canción" que nos ha puesto a todos en tensión pero que, por suerte, ha caído en saco roto mientras veíamos cómo el público ya se levantaba de sus asientos ansioso por tomar aire de una vez.

No es de extrañar, porque una gala como esta deja exhausto a cualquiera: sus realizadores han decidido que, para celebrar los 40 ediciones, la mejor idea era bombardearnos a recopilaciones de antiguos momentazos, sin dar pie a que ocurra ninguno nuevo. ¿Os acordáis de cuando hacíamos cosas? Bueno, pues ahora las recordamos. Al final, la gala daba sensación de reempaquetado, de cena de ayer pasada por el microondas: hasta diez clips tirados al buen tuntún, desde recuerdos de las estrellas del cine español hasta una reivindicación de Rosa María Sardá. Ya sabéis, cuando las galas de los Goya eran ingeniosas, sarcásticas, divertidas y artísticas: por lo visto, en ningún momento nadie vio este clip y le dio media vuelta, porque el ingenio ha estado totalmente desaparecido, permitiendo que se escuchara tan solo un chiste improvisado ("Esto ha empezado en febrero y ya estamos en marzo"). El aburrimiento definitivo.

No a todo

Por supuesto, son los Goya, y eso significa que es el momento en el que todo el mundo de la industria reivindica lo suyo, sin parar, en una extraña competición de afligidos. En los discursos se han entremezclado Gaza, Irak, feminismo, ultraderecha en Argentina, bullying, capacitismo, caza a inmigrantes en Estados Unidos, Irán, Afganistán, bombardeos en Ucrania, Donald Trump, personas sordas... Todos ellos, sin duda, temas que mencionar y por los que luchar, pero que, agolpados, dan sensación de cansancio absoluto. El ambiente festivo ha cambiado por uno totalmente lánguido en el que la gente, con su mejor intención, ha decidido que el público en casa necesitaba escuchar su opinión sobre los temas candentes del mundo. Y no. 

Pero esto no es algo nuevo de esta edición ni ha sido su error más flagrante. Este se encontraba en su inaguantable formato, que ha tenido uno de los momentos más incomprensibles de los últimos años: las presentaciones de los nominados hechas por cinco personas honrándolos, y que se han realizado tan solo en mejor película, actor secundario y cortometraje de animación, despachando rápidamente otras como director, actriz, actor o guion. A veces, presentaban un clip con las películas nominadas. Otras, pasaban directamente a las caras de los nominados, sin ningún tipo de coherencia interna. Es absolutamente incomprensible y una falta de respeto hacia el resto de compañeros en categorías similares. ¿Por qué hacer honores a los 5 actores secundarios pero no a las actrices o a los principales? ¿Por qué celebrar los cortometrajes de animación y no los largometrajes? Un sinsentido.

A ello hay que sumar los continuos fallos técnicos, que han llevado a que desde casa viéramos una carta de ajuste, un plano de escaleras, cortes de sonido (en la categoría de mejor sonido, para más inri) o la cara de Susan Sarandon en momentos aleatorios, como recordándonos que entre el público había una estrella de las de verdad. Estrella que, por cierto, no sabe la que ha liado en su discurso elogiando a Pedro Sánchez: queriendo traer concordia, ha intentado apagar un fuego con la gasolina más inflamable del mercado. Su discurso, pese a todo, ha sido uno de los mejores de una gala que parecía muy dispuesta a no darnos momentos míticos ni sentimentales de ningún tipo. 

Bailamos juntos

Sobre las actuaciones musicales, es casi mejor no opinar, porque por momentos ha parecido más una gala de Los 40 Principales que de cine: Ana Mena, La Casa Azul (bueno, los 30 segundos que ha podido tocar), Daniel Fernández o Bad Gyal han llenado el escenario de las canciones más aleatorias posibles, destacando un 'Si te vas' de Extremoduro en el In Memoriam, para la que se han saltado su frase "Yo me pongo palote solo con que me toque" y que hubiera hecho que el propio Robe Iniesta les repitiera a gritos el título de su icónico disco en directo. Los intentos de modernizarse de la Academia son poner a cantantes de ahora haciendo 'La bámbola' y 'De tot cor', y el resultado no es musicalmente malo, pero sí un simple relleno innecesario que podría utilizarse en dar luz, color y, sobre todo, humor a la lánguida gala.

Lo más interesante, al final, han sido los premios, y para eso no hacían falta tres horas y cuarto de sufrimiento. Ante la duda de si ganaría 'Sirat' o 'Los Domingos', la respuesta ha sido que ambas, cada una en lo suyo: la de Laxe en victorias totales, 6 contra 5, y la de Ruiz de Azúa en premios "importantes" (película, dirección, actriz protagonista, actriz de reparto y guion). De hecho, lo curioso es que no ha habido ninguna gran derrotada y todas las nominadas a mejor película se han llevado al menos un Goya a casa, cumpliendo más o menos todos los pronósticos. Ojalá la previsibilidad hubiera sido el mayor problema de esta gala.

Claro, en 190 minutos ha habido algún momento más o menos salvable, más allá de las pintas de Albert Serra y el discurso de Susan Sarandon. La despedida de Fernando Méndez-Leite como presidente de la Academia; la aparición por sorpresa de Karla Sofía Gascón; la sinceridad entre Miguel Herrán y Daniel Guzmán ("Te lo dije hace diez años: Me diste una vida"); el 'No dudaría' entonado por Alba Flores; el discurso en lengua de signos de Miriam Garlo ("Estoy hablando dos idiomas al mismo tiempo y solo tengo un cerebro"); la victoria de Jose Ramón Soroiz y su discurso en euskera o el homenaje a María Luisa Solá habrían sido momentos emotivos en cualquier otra edición, pero aquí han supuesto verdaderos oasis en los que refrescarnos antes de la siguiente travesía por el desierto.

Ahora que la presidencia de la Academia y el equipo directivo cambian, deberían aprovechar para replantearse todo lo relacionado con la gala de los Goya, porque no puede quedarse varada recordando tiempos pasados y momentos míticos sin crear nuevos, sin tratar de convencer a presentadores con carisma que se unan y permitir a los guionistas que se expresen. No podemos seguir teniendo galas interminables donde la única carta que se juega es la de las actuaciones musicales: si quieren seguir siendo vigentes, no les quedará otra que apretar el acelerador, cambiar y dejar de dar esta sensación apolillada. ¿El año que viene será? Ojalá.

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