La primera nominación de una mujer al Oscar a mejor fotografía es un hito necesario, pero no era el momento de Rachel Morrison

Steven Spielberg ya avisó poco después de la celebración de una última ceremonia de los Globos de Oro eclipsada por la fuerza del movimiento #MeToo y el desembarco más férreo del movimiento feminista en Hollywood tras los escándalos que han sacudido a la industria norteamericana durante los últimos meses: los Oscars de este 2018 iban a traer cambios, y dichas novedades tendrían nombre de mujer.

Más allá de la inmensa alegría que supone ver a esa diosa y musa del mumblecore llamada Greta Gerwig optando a tres de las estatuillas más importantes de la noche —mejor dirección, mejor guión y mejor película— por su debut en solitario 'Lady Bird', llama especialmente la atención la nominación de Rachel Morrison a la mejor dirección de fotografía por 'Mudbound', un hito que la convierte en la primera mujer candidata al premio en sus noventa años de historia.

Como era de esperar, son muchas las voces que, tras haber digerido la esperanzadora —y digna de celebración— noticia, no han tardado en dar rienda suelta a todo tipo de conjeturas y señalar esta nominación como una maniobra de la academia para contentar al colectivo feminista. Voces que tampoco dudaron en empañar el éxito de 'Moonlight' y que se apuran en señalar la ausencia de James Franco en la categoría de mejor actor como una represalia ante las acusaciones de acoso sexual vertidas sobre él recientemente—.

Conspiranoias aparte, fruto de la palpable crispación que reina en el ambiente y que jamás podremos clarificar a ciencia cierta —es lo que tiene no formar parte del círculo de académicos americanos—, merece la pena ahondar en la "polémica" —nótese el entrecomillado— y arrojar toda la luz que permita mi humilde opinión sobre si Morrison, y más concretamente su labor en 'Mudbound', son las auténticas merecedoras de protagonizar este hito.

Antes de nada cabe remarcar que, en efecto, 'Mudbound' se encuentra entre las cintas mejor fotografiadas del pasado 2017. El trabajo de su artífice es sofisticado, sobradamente rico en matices, con una paleta de colores seleccionada y tratada a la perfección, y con un uso de la luz, el contraste y los claroscuros remarcable. No obstante, carece, de ese factor sorpresa tan necesario para incluirla entre las cinco más destacadas de los últimos doce meses. Brilla, pero no deslumbra. Encandila, pero no maravilla.

Situar 'Mudbound' frente a sus competidoras por el Oscar hace aún más evidentes estas sutiles limitaciones. No hay punto de comparación con el prodigioso trabajo de Roger Deakins para 'Blade Runner 2049', con la oscura belleza de un inteligentísimo Dan Laustsen en 'La forma del agua', con la grandilocuencia de Bruno Delbonnel en 'El instante más oscuro' o con el músculo artesano y analógico de Hoyte van Hoytema en la impecable 'Dunkerque'.

Dejando las obras nominadas a un lado, la faena de Morrison queda igualmente empañada —siempre bajo mi punto de vista y filias estéticas y formales personales— por varias de las grandes ausencias que bien podrían haber suplido el puesto de 'Mudbound' entre las seleccionadas; sobresaliendo particularmente 'La seducción', 'Good Time', 'Wonder Wheel', 'Detroit' y, por encima de todas, una 'Madre!' cuyo trabajo de cámara y plástico tardarán en verse tan siquiera igualados.

Más que hablar de una nominación inmerecida —que no lo es—, podríamos estar hablando de uno de esos casos en los que la academia otorga reconocimientos en el momento menos indicado. De igual modo que Russell Crowe y Leonardo DiCaprio alzaron sus galardones gracias a interpretaciones menos brillantes que algunas anteriores, Rachel Morrison bien podría haber recibido esta distinción en 2013 por su impecable dirección de fotografía en 'Fruitvale Station', rodada en 16mm y con un tratamiento que desnudaba por completo a sus personajes a través de la imagen.

Por supuesto, si este no debería ser el año de 'Mudbound' fotográficamente hablando, Rachel Morrison tampoco tendría que ser la primera mujer en optar a recoger la prestigiosa estatuilla dorada. Para ejemplificar esta sentencia sólo tengo que recurrir a títulos como 'Olvídate de mi', 'El luchador', 'Australia' o, especialmente, la ultra-estilizada 'The Neon Demon'; todos ellos ejemplos de que el dominio de la luz, el color, las ópticas y los focos, no está relacionado en absoluto con la naturaleza de las gónadas del principal responsable de la imagen de un largometraje.

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