La gala de los Emmy 2026 es como Garfield: odia los lunes. Una ceremonia desganada en la que el ingenio ha brillado por su ausencia

Emmy 26 Mariska

Más allá de algún que otro número eficaz, los premios televisivos no han logrado entretener

Editor

2 de la mañana, hora peninsular española. Con un fragmento pregrabado vemos a Mariska Hargitay preparándose para presentar la gala de los Emmy. Esta madrugada de lunes a martes no se podía dormir ya que los seriéfilos teníamos una cita ineludible con los premios más importantes de la industria y, la verdad, más allá de la curiosidad de ver qué series ganaban, podríamos habernos quedado en la cama.

Tenía ciertas ganas de ver cómo se desenvolvía Mariska Hargitay como presentadora y, como es habitual, la prueba de fuego es el número inicial y el monólogo de rigor. Rigor mortis casi en lo que lo ejecutaba. Si bien el número inicial con su "Amo las pantallas" dando cierto homenaje a los que nos tiramos horas viendo y amando la televisión era bastante solvente, la falta de experiencia le pasó algo de factura.

Una gala rigida

No es casualidad que dicte la tradición que las galas las presenten cómicos y presentadores establecidos, en parte por su veteranía en las tablas. Hargitay tiene el honor no solo de ser la primera mujer en 15 años en presentar esta gala, sino la primera "no cómica" en tres décadas largas. Circunstancia que, en parte, explica esa rigidez, nerviosismo e incluso tono casi más de brindis.

Claro, esto se hace patente cuando en mitad de la gala sale John Mulaney a presentar un premio y te planta todo un desternillante mini monólogo y en menos medida, Marcello Hernandez que también tuvo su momento. Dicho esto, no le fue mal a Hargitay a lo largo de la gala. El que una esté a veces más acertada y otras veces menos es algo habitual incluso a los más veteranos. Tuvo momentos gloriosos, eso sí, como la entrevista a una mesa sobre sus primeros trabajos y Nick Offerman explicando que fue pintor erótico de casas.

Homenaje, pero no mucho

Los Emmy, al igual que los Oscars, tienen siempre ese toque de homenaje a la industria, de hacer alguna que otra reunión de protagonistas de series míticas y no tan míticas y en este sentido han cumplido. Otra cosa es que, como fan, haya echado de menos algo con más pompa

Es verdad que tampoco hay que pedirle peras al olmo y más allá de las chanzas propias de ver a Emilia Clarke hablando valyrio junto a Emma D'Arcy, el intento de Jon Hamm de hacer chiste con su serie 'Your Friends and Neighbors' (que claramente se pierden en la traducción en castellano) o un número musical sobre las series que han terminado o han sido canceladas este año, poco o nada que destacar.

Sí, homenajes ha habido. Ya solo por el pedazo discurso de Michael J. Fox hablando de su carrera y su enfermedad al recibir el premio humanitario Bob Hope o (imitando a los Oscars) el sentido homenaje a Dolly Parton y Catherine O'Hara como prólogo del In Memoriam (con James Burrows y Rob Reiner de interludio), merece la pena ese penúltimo tramo de la gala que para los que estamos trasnochando se hace algo eterno.

Teniendo en cuenta que NBC se ha dedicado a recordar que está celebrando su centenario, es algo extraño que apenas hayan dedicado tiempo a celebrar sus grandes series más allá de un sketch con 'Ley y orden: Unidad de víctimas especiales' con aparición estelar de Taylor Swift. O que no hayan tirado de sacar el músculo 'SNL', al menos en este año tan redondo.

No quería hablar demasiado de los premiados en sí, más que nada porque ya les dedicamos más hueco en la parrilla de Espinof, pero sí que me gustaría hacer un breve inciso en una decisión polémica por parte de la organización: quitar de la gala los premios a mejor actor y actriz de reparto en miniserie ha hecho que esta sección haya perdido emoción. Me ha interesado tanto que 'DTF St. Louis' se haya coronado como mejor serie limitada como que 'The Traitors' haya ganado mejor reality.

Hablando de premios. La sensación de falta de pompa, de lucidez, de sabor incluso, también se traspasa a los discursos de aceptación. Quitando honrosas excepciones como la de Jean Smart ('Hacks') con ovación de pie, o ver a Tom Pelphrey ('Task') y Stephen Colbert dedicando sus estatuillas a sus respectivas enamoradas, o una pequeña reivindicación por parte de R. Scott Gemmill ('The Pitt'), por lo general todos han pasado sin pena ni gloria.

Y ese podría ser el resumen de una gala en la que parece que todo el mundo está de lunes. Concretamente, ese lunes justo después de las vacaciones o un puente largo en la que te apetece ponerte a trabajar tanto como pisar cristales descalzo. El resultado: una gala desganada y olvidable.

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