El mejor cambio que introduce 'La casa del dragón' con respecto al libro es Aegon. Ha pasado de darme igual a que quiera seguirle hasta el final

Aegon  en 'La casa del dragón'

Su evolución es de lo más interesante de la precuela de 'Juego de tronos'

Belén Prieto

Editora

Al igual que les ocurrirá a muchos espectadores, tengo sentimientos encontrados con la tercera temporada de 'La casa del dragón'. 'El caballero de los siete reinos' nos conquistó prácticamente a todos, pero la precuela de 'Juego de tronos' ha generado bastante más debate, con un final de temporada que ha apostado por grandes batallas y momentos espectaculares, pero que pecaba de excesiva lentitud de ritmo

Pero entre todo ese caos hay una decisión que sí parece haber funcionado especialmente bien: la evolución de Aegon Targaryen. La serie ha tomado un personaje que parecía condenado a ser uno de los grandes obstáculos de Rhaenyra y lo ha convertido, casi sin que nos demos cuenta, en alguien por quien resulta sorprendentemente fácil sentir empatía. Y lo más interesante es que buena parte de este viaje ni siquiera aparece en la obra de George R.R. Martin.

Ha dejado de ser un lastre

Uno de los grandes aciertos de esta temporada ha sido precisamente alejar a Aegon del camino que sigue en los libros y convertir su huida de Desembarco del Rey en un auténtico viaje de supervivencia. Después de escapar junto a Larys Strong, el personaje atraviesa una situación absolutamente miserable y pasa buena parte de los primeros episodios convertido en una versión todavía más patética de sí mismo. Es humillado, tratado como un inútil y obligado a tragarse su orgullo constantemente, y es precisamente ahí cuando empieza a funcionar como personaje. 

Sus desgracias incluso dan pie a que haya algo de humor que no siempre ha tenido 'La casa del dragón', con una interpretación de Tom Glynn-Carney que incluso me ha recordado al inolvidable Joffrey de Jack Gleeson.

La serie ya había mostrado en la segunda temporada que Aegon no encajaba exactamente en el molde del villano tradicional. Es cierto que se le añadieron elementos bastante más oscuros, como la acusación de violación y su implicación en las peleas clandestinas de niños, pero también vimos a un joven que nunca quiso realmente sentarse en el Trono de Hierro y que se sentía manipulado por su madre y su abuelo. Incluso intentó ejercer como rey antes de que Otto Hightower terminara frustrando sus intenciones. Y después llegó la caída: el alcohol, la estupidez y una espiral que lo convirtió en alguien cada vez más difícil de defender.

Pero la tercera temporada consigue darle la vuelta por completo a todo esto. Aegon toca fondo después de ser traicionado por su propio hermano y quedar prácticamente solo, y es especialmente en el séptimo episodio cuando Tom Glynn-Carney consigue que entendamos al personaje incluso aunque eso implique ponerse en contra de Rhaenyra. Verlo completamente destrozado, con el rostro quemado y su dragón agonizando, mientras sigue convencido de que recuperará el Trono de Hierro, es muy emocionante. Por primera vez, Aegon parece tener un objetivo que va más allá de sobrevivir.

Y entonces llega uno de los momentos más divertidos de la temporada: su reencuentro con Aemond. Aegon consigue enfrentarse a su hermano después de haber pasado buena parte de la temporada esperando ese momento, pero en lugar de limitarse a buscar venganza, descubre hasta qué punto Aemond se ha convertido en una figura patética durante su estancia en Harrenhal. La interpretación de Glynn-Carney cuando grita "¡Estoy vivo! ¡Imbécil!" consigue convertir esta escena en uno de los grandes momentos cómicos de la temporada.

Aunque Aegon II sigue sin ser precisamente el candidato ideal para gobernar los Siete Reinos. De hecho, Rhaenyra tampoco está poniendo demasiado fácil que el espectador se ponga de su lado. Pero ahí está precisamente la gracia de este personaje: la serie ha conseguido que queramos ver cómo lo intenta. Su evolución demuestra que los cambios respecto a 'Fuego y Sangre' funcionan porque sirven para profundizar en el personaje. Después de una temporada tan irregular, convertir a Aegon en alguien por quien realmente nos preocupamos es, sin duda, una de las mejores decisiones que ha tomado la serie.

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