Rhaenyra acaba de hacer algo que ningún Targaryen en su sano juicio habría hecho jamás: gritar a los cuatro vientos uno de los secretos más importantes de su dinastía. 'La casa del dragón' ha cerrado su tercera temporada con una revelación que no solo dice mucho sobre el estado mental de su protagonista, sino que también deja una pregunta en el aire sobre cómo encaja todo esto con 'Juego de tronos'.
Un secreto de los Targaryen
La profecía del Príncipe Prometido siempre ha sido uno de los secretos mejor guardados de la familia Targaryen. Según la visión de Aegon el Conquistador, una amenaza procedente del norte acabaría poniendo en peligro Poniente y solo un Targaryen sentado en el Trono de Hierro podría hacerle frente. El problema es que, durante el final de la tercera temporada, Rhaenyra decide utilizar esta información para defender públicamente su derecho al trono. Frente a los habitantes de Desembarco del Rey, presenta la profecía como una prueba de que los Targaryen están destinados a gobernar.
Y aquí aparece una de las grandes contradicciones que deja el final. Si Rhaenyra acaba de contar públicamente a un grupo de habitantes de Desembarco del Rey que existe una amenaza sobrenatural procedente del norte, ¿cómo es posible que cuando lleguen los acontecimientos de 'Juego de tronos' prácticamente nadie conozca la existencia de los Caminantes Blancos ni se tome en serio su llegada? La serie ha convertido un secreto familiar que llevaba siglos pasando de un heredero a otro en una información que ahora conoce un grupo de plebeyos, y me muero por ver si la cuarta temporada encuentra alguna explicación para este agujero de guion.
Pero quizá lo más importante de esta decisión no tenga tanto que ver con la continuidad de 'Juego de tronos' como con la propia Rhaenyra. La reina llega al final de la tercera temporada completamente desbordada por todo lo que está ocurriendo a su alrededor y cada vez toma decisiones más extremas. Su ruptura con Mysaria, su trato hacia Helaena y su reacción ante las noticias de Tumbleton dibujan a una gobernante cada vez más aislada, paranoica y desesperada por conservar el poder. Y utilizar la profecía delante de todo Desembarco del Rey parece ser otro síntoma de esa transformación.
Además, la serie lleva tiempo jugando con la idea de que las profecías pueden convertirse en una trampa. Los personajes creen conocer su destino, actúan para cumplirlo o evitarlo y terminan provocando precisamente aquello que querían impedir. En el caso de Rhaenyra, la profecía que durante generaciones había servido como justificación para proteger el legado Targaryen puede terminar convirtiéndose en una herramienta que acelere su propia caída. Y eso encaja perfectamente con la visión trágica que 'La casa del dragón' tiene del poder.
Por eso mismo, la cuarta temporada tendrá mucho más trabajo que simplemente resolver la guerra por el Trono de Hierro. Tendrá que mostrar hasta dónde llega la caída de Rhaenyra y, al mismo tiempo, decidir qué consecuencias tiene que uno de los mayores secretos de los Targaryen haya dejado de serlo. Puede que la profecía termine siendo cierta, pero en Poniente eso nunca significa que las cosas vayan a salir como sus protagonistas esperan. Y después de este final, cuesta pensar que el destino de Rhaenyra vaya a tener compasión de ella.
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