Las dos ficciones han sabido encajar en un panorama saturado
Hubo un momento en el que las series podían ser simplemente series, no tanto extensiones obligatorias de un universo infinito ni piezas de un rompecabezas corporativo que te pide hacer unos deberes previos.
Las ficciones funcionaban por sí solas y contaban buenas historias sin exigir que el espectador hubiera consumido diez películas y tres cómics para entenderlas. Por eso creo que a día de hoy, en una era de la hiperconectividad narrativa, se agradece que haya dos series que vayan a contracorriente y nos recuerden que hay otras formas de mantener viva una franquicia. Estoy hablando de 'Wonder Man' y 'El caballero de los siete reinos'. Las dos pertenecen a universos tan grandes como Marvel o 'Juego de tronos', pero su mayor virtud es que no intentan cargar con el peso de ninguno de ellos.
Historias pequeñas y mundos gigantes
Tanto 'Wonder Man' como 'El caballero de los siete reinos' parten de premisas más íntimas. En lugar de redefinir el canon o preparar el terreno para el próximo gran evento, se centran en personajes concretos y en aventuras acotadas. Tenemos a dos dúos improbables cuyos viajes no están diseñados para cambiar el destino del universo, sino para construir vínculos y contar conflictos humanos.
Y precisamente ese es su punto fuerte. 'Wonder Man' no pretende competir con las macroproducciones como 'Vengadores', ni tampoco nuevo spin-off de Poniente busca replicar la magnitud política y bélica de 'Juego de tronos' o 'La casa del dragón'. En vez de eso, apuestan por la ligereza, el humor y el desarrollo pausado de personajes. Y en un panorama saturado de épica forzada, esto me sorprende y me parece muy refrescante.
El problema de muchas franquicias actuales no es su ambición, sino su obligación constante de hacer avanzar la trama general. Cuando cada capítulo parece un trámite hacia el siguiente gran crossover, se pierde algo tan esencial como la capacidad de disfrutar una historia por sí misma. Y estas dos series demuestran que no todo tiene que ser un acontecimiento sísmico para ser importante.
En última instancia, son recordatorios de por qué nos enamoramos de estos universos en primer lugar. Antes que dragones o portales interdimensionales, lo que sostiene cualquier saga son sus personajes. Ver a dos amigos discutir en medio de un torneo o a un aspirante a héroe luchar por encontrar su lugar puede ser tan emocionante como la batalla más espectacular. Quizá Hollywood debería tomar nota.
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