'Imaginary', Blumhouse quiere darnos miedo con un osito de peluche diabólico pero realmente ofrece una fantasía oscura para todos los públicos

La productora de terror de 'Insidious' sigue produciendo pastiches con espíritu de terror para chavales

No hace mucho desde que se estrenó ‘La piscina’ y ya vuelve a las pantallas otro típico popurrí marca Blumhouse con muñecos monstruosos, amigos imaginarios y una inesperada fuga a la fantasía infantil. El viernes 15 se estrena ‘Imaginary’, que parte de una serie de premisas con potencial, pero acaba concurriendo en una entretenida aventura de terror algo blandito que confirma que el enfoque comercial de la “casa del terror” cada vez busca más ampliar a un público no demasiado interesado en el género.

Si algo parece decirnos esta nueva producción es que hay un lavado de cara definitivo de Blumhouse para crear terror casi para niños, puertas de acceso al género como ‘Five Nights At Freddy’ que adoptan las formas de sus películas más famosas, con fotografías ricas en azules fríos y abundantes juegos de plano y contraplano para los momentos intensos, para encajar historias sin peligro real, amenazas más o menos manejables y escasa presencia de la muerte.

Esto por sí mismo no es un problema, ya que hay grandes películas de miedo para adolescentes muy dignas y es una tradición respetable que cumple una función necesaria para introducir al género a nuevas generaciones, lo malo es que este terreno se confunda con una excusa para permitir un guion lleno de conveniencias, clichés y sustos de garrafón. Y es que ‘Imaginary’ tenía suficientes giros, vueltas y sorpresas para haber sido una buena película de terror, pero la ejecución es demasiado vaga y sin ideas.

Las escenas de jumpscares están telegrafiadas, básicamente hay una cada vez que aparece un personaje por el lateral del plano, acompañado de su subida de volumen hasta llegar a parecer una parodia. Como las interpretaciones de las niñas de ‘El exorcista: creyente’, los gritos de la protagonista infantil dejan momentos de humor involuntario y el guion tiene demasiados parcheados entre situaciones de plantilla que acaban resultando paródicas, como esa mujer apostillando todo lo que pasa con descripciones de lo que están viendo el resto de personajes.

El outlet de Blumhouse

Esta costumbre de exposición en ladrillo, sirve de cemento para remendar proyectos que parece que se han unido en postproducción, empezando por el osito de peluche como objeto siniestro, un reciclaje completo del episodio ‘Ursa minor’ (1985) de la serie ‘Tales of the Darkside’, jugando de nuevo con "lo cuqui" como algo monstruoso que parece sello de marca en la actual deriva de Blum hacia el terror PG-13, tornada aquí en algo casi para todos los públicos.

Mezclando esa idea con la de la película de amigo imaginario ‘Z’ (2019), desconocida pero mucho más rescatable, no faltan tampoco momentos de terror fotocopiados de éxitos recientes, como la escena del juego SIMON de ‘Verónica’ (2017), que ya fuera fusilada sin reparos por ‘Annabelle vuelve a casa’ (2019), y aquí se transforma en algo parecido, tampoco sin mucha vergüenza, confirmando su esencia de cine de retales conspirado por una AI que solo reproduce lo que come.

Utiliza los clásicos dibujos creepy, el papel recortado y otros símbolos de un terror para adultos reciente que parece despistar sobre el hecho de que la película juega sobre seguro, sin sangre y un tono de drama de sobremesa cursi donde Blumhouse ha acabado acomodándose en sus últimas películas, como ‘M3GAN’ y ‘La piscina’. Por si fuera poco, se une al club de las películas (‘Annabelle’, ‘The Prodigy’) que reutilizan plano a plano el susto del pasillo de ‘Shock’ (1977) de Mario Bava, que se está convirtiendo en uno de los más influyentes (o más copiados) de la historia.

Fuga hacia la fantasía oscura

Lo mejor que se puede decir del guion es que no deja de moverse hacia adelante, pasando del horror psicológico al de sustos o al de presencias sobrenaturales a un terreno mucho más libre de ataduras que podría haber llevado la película a otro terreno con algo más de valentía. Llegado cierto punto comienza un festival de ideas prestadas de otras películas sin mucho disimulo, aunque la que se lleva la mayor parte de préstamos es ‘Coraline’ (2009), desde puertas secretas a personajes familiares con ojos opacos, como puede comprobarse en el mismo tráiler.

Su fuga hacia la imaginación de cuento de hadas oscuro coge un poquito de las claves de ‘The Hole’ (2009), mucho de la saga ‘Insidious’ y su otro lado, hasta planos escherianos planteados en el mundo imaginario de ‘Dentro del laberinto’ (1986), de la que no es la única idea que vemos reflejada. Una macedonia que muestra posibilidades de un género sin miedo a entrar en espacios fantásticos y sin las reglas físicas, pero que tampoco se esfuerza en esconder su falta de originalidad.

Con todo, no es eso lo que decepciona en ‘Imaginary’, sino la apatía de la puesta en escena de Jeff Wadlow, encarnando el espíritu de agarrar el dinero y correr de la productora en los últimos tiempos, donde sus máximos esfuerzos parecen enfocados en crear un concepto lo suficientemente bobo —una piscina asesina, una muñeca letal que baila, un peluche maléfico— como para generar una campaña de marketing ocurrente y efectiva, sin prestar mucha atención al contenido, mientras las verdaderas nuevas voces del género se van descubriendo en productoras como Neon, XYZ, Vertical e incluso las renovadas 20 Century Pictures y Paramount.

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