
En un momento de falta de credibilidad en los efectos especiales, la mezcla de artesanía y actuación está recuperando magia cinematográfica
Incluir un cíclope en una historia es un obstáculo importante para conseguir hacer una historia creíble, y no sólo por la imposibilidad de hacerlo históricamente correcto (no existe tal cosa). Pero es una parte importante de ‘La odisea’ (’The Odyssey’) y de por qué es un relato imperecedero. La mayoría tendría clara la solución: emplear CGI para incluirlo en la pantalla. Christopher Nolan es un artista diferencial porque su primer instinto no pasa por ahí.
Sus películas no están carentes de efectos por ordenador, pero siempre persiguen acentuar lo que ya ha capturado con la cámara a través de artesanía y trucos de magia del cine. El cíclope de ‘La odisea’ es un gran ejemplo consiguiendo una de las escenas más impactantes de la película con astucia, ingenio… y una marioneta gigante.
En Internet se puede encontrar imágenes de la gran creación artesanal empleada en varias secuencias que componen la escena. También se confirmó finalmente que se hizo uso de un actor para dar vida a los movimientos de la marioneta y también en algunos planos donde debía mostrarse carne y hueso. Ese actor es Bill Irwin, circense profesional y cómico además de actor que trabajó con Nolan en ‘Interstellar’, dándole movimiento y hasta atisbos de vida al robot TARS que es uno de los grandes triunfos de la película e incluso del elenco.
Artesanía para crear vida
El gran trabajo con el cíclope en ‘La odisea’ no sólo consigue dar esa ansiada textura realista a algo que es puramente fantasioso, combinando lógica con imaginación como Nolan sabe hacer. El resultado tiene hallazgos dramáticos que normalmente comentamos en actores que percibimos interpretando a personajes, o criaturas que reconocemos como seres antropomórficos. Ha proporcionado pulso y emoción más allá de impactar con el espectáculo, y parte del mérito es actuación, al medir los movimientos y los gestos además de cómo son capturados.
Este triunfo llega apenas unos meses después de que medio mundo alucinase con Rocky, el gran efecto especial de ‘Proyecto salvación’ (’Project Hail Mary’) y prácticamente co-protagonista junto a Ryan Gosling. El rocoso alienígena también fue plasmado en pantalla a base de uso de marionetas y del propio creador James Ortiz haciendo trabajo actoral, controlando movimientos al dedillo para que se apreciase intención y emoción allí donde en reposo vemos un puñado de rocas.
El trabajo de Ortiz fue lo bastante aclamado para empezar a considerar los actores de marionetistas como intérpretes tan loables como los que ponen su cara y cuerpo en pantalla. Es una discusión que va de la mano con premiar a los dobles de acción que hacen también posible los instantes más arriesgados y espectaculares de las películas, y que tendrán casi categoría propia en los Oscars en futuras ediciones.
Este impulso del efecto especial artesanal llega en un momento crucial para el blockbuster, donde la borrachera de CGI es la norma y en la mayoría de las veces está notablemente apresurado, tiene nulo sentido estético o claramente no está guiado por un cineasta que tenga experiencia o visión para integrarlos en la acción. Se incrementa un barullo visual que anula la suspensión de la incredulidad que necesitamos para poder comprar un espectáculo, sobre todo uno fantástico.
Es ahí donde la reivindicación que se hace desde la industria y los profesionales de artes como esta resulta crucial, porque luego el público es capaz de recuperar cierto asombro que asociamos en buena parte del cine. Igual hasta alguien puede aspirar a coger la influencia de Jim Henson y llevar la fantasía a nuevos terrenos. En cierto modo, no podrían haber regresado en mejor momento las marionetas.
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