¿Significa algo que 'Jeanne Dielman' sea ahora la mejor película de la historia? El canon no se crea ni se destruye, se transforma

En 2014, el British Film Institute, responsable de la publicación de Sight & Sound y organizadora de la popular encuesta cinéfila que cada diez años recoge votaciones para elegir las "mejores películas de la historia", invitó a Chantal Akerman a votar en una encuesta de cine de no ficción. En su respuesta, la directora belga renegaba de la idea de las listas, que eran algo de "colegio".

"No entiendo por qué siempre queréis clasificarlo todo, lo siento. ¿Podríais poner mis frases en vez de... lo que sugerís? Por favor, hacedlo... Es agotador y no es realmente necesario hacer este tipo de cosas", contestó Akerman.

Ocho años después, 'Jeanne Dielman, 23, quai du Commerce, 1080 Bruxelles' ha sido elegida como la mejor película de la historia en la encuesta de la citada revista, superando a 'Vértigo', número uno en la votación de 2012, y 'Ciudadano Kane', que ha ocupado el primer puesto desde 1952 hasta que la cinta de Alfred Hitchcock fue la más popular en un desfalco que se interpretó como todo un cambio de paradigma del estado del cine.

La que fue una de las dos cintas dirigidas por una mujer entre las 100 más votadas en 2012 (ocupó el puesto 36) se ha convertido por aparente consenso en la más destacada según los participantes, a pesar de que la película no es especialmente accesible: en el caso español, no está en ninguna plataforma ni ha sido editada en formato físico.

¿Qué significa este ascenso que tanto ha sonado en el ámbito de la cinefilia y, hay que reconocerlo, tan poca relevancia ha tenido fuera del espectro de la cinematografía? ¿Qué se puede extraer del estado del cine en 2022 cuando hemos pasado de solo dos películas dirigidas por una mujer (la propia 'Jeanne Dielman…' y 'Beau Travail' de Claire Denis en el séptimo puesto) entre las 100 más votadas a cuatro tótems como Àgnes Varda, Maya Deren y las propias Denis y Akerman entre las 20 primeras? ¿Significa algo para el canon cinematográfico, quiere decir que el consenso ahora es más representativo y diverso?

¿Una lista revolucionaria o de consenso?

Las listas tienen un valor complejo, porque mantienen (o modifican) un supuesto statu quo que impera al reconocer una serie de obras por un valor inapelable y rotundo. En el caso del cine, la existencia habitual de estas listas (lo mejor del año, de la década, de la ciencia-ficción, de la historia) pretende pasar de puntillas a un posible estado de la cuestión por una muestra que, en realidad, es inabarcable para cualquiera que pretenda hacer justicia a la totalidad del cine que se ha hecho.

Son un lugar para el disfrute que implican una conversación posible sobre el estado del audiovisual, además de espacios que permiten reivindicar que películas de los márgenes son valiosas y merecen más atención de la que ha tenido, así como señalar la posición desde la que nace el concepto de lo "mejor": lo masculino, lo blanco, lo neurotípico, lo cisheteronormativo, lo occidental.

'Jeanne Dielman...' es una película que, en realidad, ha gozado de reconocimiento crítico desde su estreno en 1975, sin que esto la signifique como un clásico indiscutible. Chantal Akerman irrumpió entre la crítica cinematográfica con la sólida 'Yo, tú, él, ella', a la que seguiría la nueva mejor película de la historia según la encuesta de Sight & Sound, también alabada desde su estreno como una cinta fundamental al poner en escena y traer al espacio público la condena de la mujer a lo privado, y ha sido, además, fetiche de la cinefilia internauta, para quienes tan relevante como polémica ha sido la piratería.

No han faltado quejas y polémicas en torno a este sonado sorpasso cinematográfico: desde quienes, como Paul Schrader, alegan que el resultado de la encuesta resta credibilidad a la iniciativa de Sight & Sound tras aumentar el número de votantes (de los 846 en 2012 a los 1639 que han participado este año) para ceder a la "voluntad woke"; hasta quienes insisten en que Akerman hizo mejores películas que la ganadora. 'Jeanne Dielman...' parece, entonces, una ganadora que, pese a su indiscutible relevancia y su valor estético y formal, es incapaz de generar un consenso real.

Es tentador ligar esta aparente falta de acuerdo con un reflejo de la polarización del presente, aunque quizá la explicación sea más simple: ¿podría el aumento del número de votantes y su probable heterogeneidad haber reflejado inclusiones de películas olvidadas en el canon, como la propia 'Jeanne Dielman...', pero también películas de Àgnes Varda, Ousmane Sembène, Vera Chytilová, Jane Campion, Apitchapong Weerasethakul o Hayao Miyazaki? Y, llevando la hipótesis al extremo, ¿quizá en la encuesta de 2012 'Ciudadano Kane' fue desplazada por 'Vértigo' en el primer lugar tanto por los cambios de la percepción sobre el cine como por la inclusión de opiniones menos anquilosadas que las de los 60 años anteriores?

A pesar de la consagración de 'Jeanne Dielman...' y del incremento de películas dirigidas por mujeres, seamos realistas: que la lista haya pasado a contener 11 cintas de directoras solo cubre lo justo para no rondar en el bochorno. Además, aumento del fácilmente mejorable dato de la votación de 2012 en materia de cine hecho por mujeres también refleja otras diatribas significativas: solo hay creadoras europeas o angloparlantes, y Julie Dash, que ocupa el puesto 60 con 'Daughters of the Dust', es la única directora no blanca de la lista.

El cine, ¿un ghetto incapaz de ser protagonista del discurso público?

Esta probable diversificación de la lista tampoco convierte en infalibles las elecciones que la encuesta defiende. Sorprenden ausencias canonizadas como Howard Haws, Ernst Lubitsch o Luis Buñuel, más aún considerando que películas estrenadas hace menos de una década, como 'Moonlight', 'Déjame salir', 'Retrato de una mujer en llamas' o 'Parásitos', sí que han superado el corte y están entre las cien elegidas. Un dato que contrasta especialmente con otro demoledor: solo 12 películas de las 100 elegidas son anteriores a 1940, únicamente 7 de las más votadas son anteriores a 1930, y no aparece ninguna anterior a 1920.

Chantal Akerman junto a Delphine Seyrig en el set de 'Jeanne Dielman'

A esta preocupante tendencia, que parece olvidar el cine de inicios de siglo (ni siquiera se salva el europeo o el estadounidense, los más recorridos por la historiografía cinematográfica), se suma otra que sigue reflejando de dónde nacen las listas: ¿no hay ni una sola película latinoamericana con méritos para aparecer entre las más votadas? ¿No merecen mención el propio Buñuel, ni creadores consagrados como el cineasta chileno Raúl Ruiz, el director y crítico brasileño Glauber Rocha o la aclamada realizadora argentina Lucrecia Martel?

Y, en otro de los elefantes de la habitación: ¿la única animación que merece la pena destacar es la creada por Hayao Miyazaki? Se obvia flagrantemente tan significativas y dispares obras como las de Lotte Reiniger, René Laloux, Don Hertzfeldt, Norman McLaren, Paul Grimault, Marcel Jankovics o Yuri Norstein.

Aunque no sean todas las que están y estén todas las que son, la encuesta de Sight & Sound también podría reflejar otra llamativa cuestión que ya señala Esteve Rimbau, director de la Filmoteca de Catalunya: el cine ya no es el gran espectáculo de masas que fue durante el siglo XX, y cada vez está más sometido a su propia cámara de eco.

Como siempre, hay numerosas y tentadoras explicaciones a este respecto: cómo ha afectado el consumo cultural a través del streaming (y, antes, las multisalas que hirieron de muerte a los cines de barrio), la poca relevancia de la conservación del patrimonio fílmico en la discusión pública, la entrada de la piratería como inesperada salvadora de obras marginales, inencontrables o escondidas por quienes las compraron en lotes y a precio de saldo décadas atrás...

Y, sin embargo, que el cine se convierta en un espacio menos popular pero con ánimo universal y diverso puede tener, sí, un reverso positivo. Su convivencia con otras imágenes, más rápidas, más transferibles, más democráticas, también puede ayudar a eliminar unas ínfulas un tanto irritantes sobre la continua necesidad de clasificar y competir, y que el canon del cine tenga por fin la naturaleza que siempre debió tener: la de un divertimento para quienes las hacen y un descubrimiento para quienes las leen que no hay que tomarse tan en serio.

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