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‘Déjame salir’ merece ganar el Oscar a mejor película (aunque el sector más rancio de la Academia no quiera verlo)
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‘Déjame salir’ merece ganar el Oscar a mejor película (aunque el sector más rancio de la Academia no quiera verlo)

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Desde que comenzó a picarme el gusanillo por el séptimo arte e inicié mi aventura cinéfila, me he visto estrechamente ligado al cine de género en un romance que continúa siendo tan intenso como el primer día y gracias al cual puede llegar a comprenderse la alegría y esa especie de orgullo ajeno que me embarga al ver 'Déjame salir' entre la selecta lista de nominadas a mejor película en la próxima ceremonia de los Oscars.

Pocas cosas supondrían un mejor fin de fiesta para la gala que se celebra el próximo domingo que ser testigo de cómo Jordan Peele y compañía salen a recoger la última estatuilla de la noche. Un escenario que, con los pies en la tierra y dejando las fantasías a un lado, se antoja muy poco probable; especialmente tras leer las sorprendentes declaraciones de algunos de los miembros más jóvenes de la Academia con derecho a voto.

Según han recogido varios medios estadounidenses a raíz de una entrevista publicada originalmente en Vulture, han sido varios los académicos más entrados en años que no se han dignado siquiera a ver el largometraje que nos ocupa, considerando que "no es una película digna de los Oscar". Hecho que revela una ranciedad y un tufo a alcanfor en la institución que sólo podrán disipar las nuevas —y necesarias— generaciones.

Sintiéndolo mucho por estos miembros del sector más ajado de la Academia Norteamericana, mucho me temo que su tozudez e imposibilidad de ver más allá de biopics protagonizados por actores sepultados bajo kilos de maquillaje, dramas lacrimógenos y personajes traumatizados, les está impidiendo disfrutar de una de las mejores películas de 2017 que bien merece esta modesta y férrea reivindicación como la firme candidata a alzarse con el ansiado galardón que es.

Una película oportuna, ácida y comprometida

Dejame Salir

Apartando momentáneamente a un lado los aspectos estrictamente cinematográficos que convierten a 'Déjame salir' en una más que digna contendiente en la carrera por el Oscar a mejor película, es necesario recordar que un premio de este calado no debería recompensar únicamente la excelencia técnica y narrativa de un largometraje.

Más allá de eso, es necesario que tenga en consideración el contexto en que se ha creado, lo oportuno de su lanzamiento, su valentía y su trascendencia a nivel temático y sociopolítico. Elementos que en el caso del filme de Jordan Peele se ven reflejados en su valor como representante y dignificador del cine de género y, por supuesto, en el peso e importancia de su reivindicación racial.

Su importancia para el género

Dejame Salir

La eterna 'El exorcista' de William Friedkin fue la primera cinta de terror de la historia que recibió una nominación al Oscar a mejor película. Desde aquél lejano 1973, tan sólo cuatro películas han conseguido optar al premio hasta la fecha, siendo la última 'El sexto sentido' —en 1999—, y destacando 'El silencio de los corderos' como la única capaz de llevarse el gato al agua en la ceremonia de 1992.

Esto evidencia, a juzgar por la inmensa cantidad de grandísimas obras que ha dado históricamente, una suerte de menosprecio institucional sistematizado hacia un género que ha encontrado en 'Déjame salir' un nuevo estandarte, ya no sólo para el terror per-se, sino para la vertiente afroamericana del mismo.

Su trascendencia en cuanto a temática racial

Dejame Salir

En la pista de audiocomentarios que incluye la edición doméstica de 'Déjame salir', su director y guionista Jordan Peele reflexiona sobre la figura de las personas de raza negra en relación con cine de terror. Este afirma que, como aficionados, los pertenecientes a esta etnia siempre se han solido ver relegados al patio de butacas o a ver a sus homólogos en pantalla, salvo honrosas excepciones, padeciendo funestos destinos como secundarios, siempre lejos de los papeles protagonistas.

Es muy importante que sea precisamente un director negro el encargado de sacar esta problemática a la palestra con su obra y no un realizador blanco, honrosamente aliado de una causa ajena a su naturaleza y problemática diaria. Esto cobra importancia si atendemos al modo en que Peele trata los efectos del racismo en 'Déjame salir', articulando el discurso con conocimiento de causa, sentido del humor —no faltan los clichés raciales— y reflejando con autenticidad muchas de las situaciones incómodas a las que se puede enfrentar —y se enfrenta— una persona de su raza.

Déjame Salir

Desde las microagresiones involuntarias fruto de la torpeza social o la ignorancia que pueden percibirse en la presentación de Dean —el padre de Rose—, en la que utiliza jerga asociada a la comunidad negra para ganarse la confianza de Chris, hasta las muestras más frontales de racismo —sobrecogedora la secuencia de la cena capitaneada por Caleb Landry Jones—; todo desprende una veracidad que se diluye ente el espíritu con voluntad de género del filme, haciéndolo aún más incómodo si cabe.

Además de esto, 'Déjame salir' llega en un momento absolutamente oportuno, marcado por el indistinguible contexto edificado en torno a los muros, el odio y el racismo estandartes de la era Trump. No obstante, la película se las apaña para brillar incluso cuando se dedica a lanzar dardos a la sociedad yanqui, optando por no limitarse al tópico de atacar al sector ultraconservador, republicano e intrínsecamente racista para golpear también a las élites liberales, redondeando de forma muy inteligente su crítica y, en consecuencia, elevando su calidad hasta cotas insospechadas.

Una cinta excelente en la que el mensaje no lo es todo

Déjame Salir

Hasta el momento, ha quedado claro —o, al menos, eso espero— que 'Déjame salir' oculta grandes bondades temáticas y una inmensa cantidad de materia gris tras su esa fachada de película de terror corriente y moliente que tanto ha tirado para atrás a ciertos académicos pero, más allá de su poder reivindicativo, esta irrepetible ópera prima esconde un gran producto cinematográfico.

Con su primer largo, Jordan Peele ha firmado un crowd-pleaser que prácticamente nadie esperaba, capaz de abrazar y satisfacer por igual al público casual con ganas de pasar un —buen— mal rato y al consumidor más ávido de cine de género; todo ello con un sentido del entretenimiento abrumador, mala baba y una ejecución excelente en términos formales y narrativos.

Un guión excelente como los mejores cimientos posibles

Infocus

Pese a su aparente sencillez, 'Déjame salir' esconde tras su magnífico ejercicio de hibridación genérica —en el que hay cabida para el suspense con poso clasicista, la ciencia ficción más delirante y una acertada carga cómica— un trabajo inconmensurable en cuanto a guión se refiere que va más allá del innegable frescor de la propuesta.

Las incontables horas empleadas por Jordan Peele para dar forma a su libreto —también nominado al Oscar— trascienden a su proceso de escritura, afirmando el guionista haber construido un trasfondo inmenso para crear el universo de la película, cuyos orígenes se remontan a la época de los templarios y el Santo Grial; momento en el que se creó la Sociedad de los Alquimistas Rojos a la que pertenece la familia Armitage y los asistentes a la siniestra puja sobre la que gira el segundo acto de 'Déjame salir'.

Rose

Como suele decirse, el Diablo está en los detalles, y este es sólo uno de los muchos que convierten el magnífico guión de la cinta en algo excepcional. Podríamos continuar enumerando sutilezas como la presentación del protagonista, al que conocemos tiñéndose el rostro de blanco con espuma de afeitar; o la de Rose, la sociópata antagonista a la que vemos por primera vez eligiendo pasteles a través de una vitrina con una pérfida sonrisa.

Los personajes y su psique como el gran motor de la historia

Estas dos muestras, que podríamos incluir en cualquier master-class de narración cinematográfica, invitan a continuar hablando del soberbio tratamiento que Peele da a sus personajes principales, edificados en torno a un fuerte componente psicológico que va más allá del simple trasfondo para dar complejidad a sus personalidades, sino que se eleva como el principal motor de la historia.

Get Out Chris

Lejos de las pautas impuestas por el guión en sus transiciones entre actos, giros dramáticos y demás elementos estructurales, son las acciones de Chris, motivadas por sus traumas y experiencias, las que van desenvolviendo la trama de forma orgánica. Por ejemplo, el hecho de que decida no huir cuando todo se ha descontrolado obedece a su sentimiento de culpa por la muerte de su madre; algo que no quiere revivir con Rose y que descubrimos en una de las escenas más brillantes del filme.

A todo lo que hemos comentado hasta el momento, debe añadirse la propia figura de Jordan Peele, cuya cinefilia y pasión por el género no sólo le han permitido minar el relato de referencias a varios clásicos del terror —que además le han servido de inspiración—, sino para conseguir refinar la narrativa huyendo de clichés y esquivando las pantanosas aguas rebosantes de agujeros de guión e incoherencias en las que suelen navegar muchas de sus congéneres.

Déjame Salir

Como veis, 'Déjame salir' es mucho más que "una película de terror nominada al Oscar"; es una firme postulante a elevarse con el máximo galardón de la temporada de premios por unos méritos propios que van desde su ejemplar ejecución, dirección de actores o guión hasta su importancia a nivel reivindicativo e histórico. Lamentablemente, parece que este 2018 aún es un año temprano para que la Academia se libre de prejuicios y aprenda a ver más allá de un póster, una premisa y un género; una actitud que, irónicamente, casa considerablemente bien con el eje temático del debut de Jordan Peele tras las cámaras.

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