20 años de ‘My Little Eye’: un visionario 'Gran Hermano' snuff que se adelantó al terror de streaming en directo antes de que existiera Youtube

Nos hemos acostumbrado tan rápido a la irrupción del vídeo como herramienta básica de comunicación en la década del 2020 que cuesta imaginar el momento de principios de siglo en el que las imágenes online tardaban en cargarse. En ese instante concreto de la historia, en el que el cambio se atisbaba en el horizonte, pero aún no se podía tocar con los dedos, nació una pequeña película de terror británica que utilizaba la idea del streaming en directo antes de que fuera algo común. ’My Little Eye' (La cámara secreta)’.

Hace 20 años, mucho antes de Periscope, de las redes sociales, de TikTok, de las stories, de las plataformas de vídeo y sus presentaciones con programas en directo, antes de que miles de servidores acumularan terabytes y petabytes de contenido audiovisual de millones de usuarios, una película imaginó una sesión de seguimiento de un grupo de jóvenes conviviendo bajo la mirada de varios objetivos, para una retransmisión virtual de la que los espectadores éramos partícipes. Faltaban aún tres años para el nacimiento de Youtube,  10 para el de Twitch.

Pero antes de que el streaming se convirtiera en sesiones individuales de alguien jugando, o la suma de varias en una misma pantalla, el concepto permitía seguir a un grupo de personas interactuar en un mismo espacio, un modelo que empezó en el año 2000 con el ascenso del concepto de “la vida en directo”, primero con el asombroso éxito de ‘Survivor’ (2000–) y luego con muchos otros programas derivados como el famoso ‘Gran Hermano’ (2000–) y variaciones como ‘The Bachelor’ (2002– ) o ‘La isla de las tentaciones’ (2001-).

El lado oscuro de 'Gran hermano'

El culto de los reality shows ha dominado la televisión tradicional en todo el mundo en los últimos años, saciando la curiosidad de observar la normalidad enlatada en detalle de individuos supuestamente normales sacados de sus respectivos contextos y agrupados en ambientes controlados. Pero una vez normalizado, también ha sido olvidado por el cine. Hubo un tiempo en el que el género de terror se apropió de esa lógica coherente con su tradición, ya que al fin y al cabo, también se trata de ir eliminando a los contendientes.

El gimmick se podía seguir incluso en secuelas de sagas clásicas como ‘Halloween: Resurrection’ (2002), de otras más modernas, como ‘Wrong Turn 2: Dead End’ (2007) y en variaciones como ‘Elimination’ (2010), pero la mejor de esas películas de “terror de reality" fue ‘My Little Eye’, que eliminaba todo elemento satírico, todavía empapado de ‘El show de Truman’ (The Truman Show, 1998), para centrarse en exclusiva en el suspense y la paranoia, por lo que no se nota hoy tan comercialmente oportunista, o simplista, como se han quedado piezas posteriores , con la miniserie ‘Dead Set’ (2004) liderándolas.

Y a pesar de que no ha tenido una repercusión visible, 20 años después sigue siendo una de las películas más espeluznantes e intransigentes con el espectador que ha distribuido un gran estudio. Un constante desafío al otro lado de la pantalla que está claramente influenciado por la estética iniciada por ‘El proyecto de la bruja de Blair’ (1999), aunque su principal precedente es ‘Kolobos’ (1999), en la que también cinco jóvenes aceptan vivir juntos en un albergue aislado y grabar sus actividades diarias hasta la aparición de un asesino en serie sin rostro, claro.

Clasicismo de género deconstruido

En ‘My Little Eye’ cinco veinteañeros que no se conocen de nada se inscriben en un concurso de streaming, al estilo Gran Hermano, y son llevados a una casa aislada donde cada momento es grabado y transmitido por Internet, algo que en su día resultaba inverosímil y forzado, o al menos con las conexiones del año 2001. Tenía un toque de ciencia ficción porque sabías que, pese a que la tecnología estaba disponible, había un elemento de suspensión de la incredulidad para que la idea fluyera. Hoy hemos visto la filmografía de Shia LaBeouf durante 24 horas junto a él.

El grupo debe cumplir una serie de reglas, tienen un toque de queda tras el que deben estar dentro, y si todos duran los seis meses del juego sin salir de casa ganan un millón de dólares. Pero si uno solo de ellos decide irse, los demás lo pierden. El tramo que vemos de la película comienza cuando solo faltan tres días para completar los seis meses y ganar el dinero, pero es en esa recta final cuando comienzan a aparecer esqueletos en el armario, mensajes extraños y aumenta la tensión entre los compañeros.

Aunque haya una estética de vídeo casi postmoderna, la realidad es que la premisa de la película se apoya en clásicos, tanto del slasher, misterio y whodunit como de otros géneros. El remake de ‘House of Haunted Hill’ (1999) estaba cerca y el impacto de ‘Blair Witch’ se estaba digiriendo, por lo que la de la cámara en mano y el vídeo digital son claves. El director Marc Evans aprovecha la misma paranoia de la claustrofobia que subyace en la película de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez y lo pule de forma brillante.

Revolucionario Found footage multicámara

Evoca una la misma sensación pero a través de circuitos de seguridad, cámaras web y videocámaras tradicionales, que captan todo constantemente, con cortes entre lentes de ojo de pez, película infrarroja, primeros planos granulados y con ocasionales tomas de 35 mm. No es un found footage puro, hace un cierto trato con el espectador, usando el enfoque para realzar la intimidad, en lugar de la artificialidad, de la situación, trata de evocar el punto de vista de los que lo ven “dentro” de la película, pero nunca pretende “ser” la película.

Dado que los ojos de alguien, de otros, son nuestros ojos, la cámara, “el pequeño ojo” del título es un personaje real más, vemos cómo mueven y manejan la narración a su gusto, por lo que su objetivo es observar, con lo que, dada la naturaleza de la película, las intenciones de ese supervisor no son limpias. La incertidumbre de sus motivos para rodar se traslada de los personajes al espectador lo que convierte la experiencia de visualización en una complicidad voyeur cada vez más perversa.

En cierto modo ‘My Little Eye’ se convierte en la primera gran actualización de ‘El fotógrafo del pánico’ (1960) con tecnología moderna, pero la semilla de perversidad es idéntica: lograr poner al que mira en una posición moral compleja. Hasta cierto punto tampoco es muy diferente a lo que plantea ‘Funny Games’ (1997), aunque no juega con la trampa del formato para romper la cuarta pared, aquí no hay travellings ni embellecimiento, solo cortes de saltos de cámara esparcidos por todas las ubicaciones imaginables, como un mando de control de PlayStation.

Innovación del miedo en tecnología low-fi

En la oscuridad, la cámara cambia a visión nocturna de pantalla verde, recuperando las sensaciones del final de ‘El silencio de los corderos’ (1991), dando una cualidad fantasmal a los personajes que aumenta su vulnerabilidad. La textura ruda implementa el efecto del sonido sutil del zumbido de la cámara mientras se acerca a los personajes, añade una cualidad aún más escalofriante a sus momentos de impotencia, hasta tal punto que el lenguaje visual transmite la inevitabilidad de algo verdaderamente terrible que no alcanzamos a visualizar.

Estos elementos formales se combinan para crear una visión muy innovadora en el género, que funciona en gran medida como un experimento de 3 millones de dólares. Después del cosquilleo inicial de anticipación,  el texto de David Hilton y James Watkins presenta una serie continua de cambios sorprendentes y revelaciones que funcionan como un argumento, pero nunca con la sensación condensada de un hilo cerrado, funciona más por sus sensaciones, entre la claustrofobia, la distancia y el miedo puro.

La banda sonora de zumbidos lentes acercándose y el chisporroteo de la conexión de acceso telefónico se rompen en algunos momentos con música electrónica que indica que efectivamente no estamos en un verdadero ejercicio de recreación, aunque podría estar incluido por los realizadores perfectamente. Pero Marc Evans busca desconcertar con una serie de ruidos inesperados, como en la secuencia en la que un pájaro irrumpe en la casa.

Más cine experimental que slasher

Aunque obviamente hay muerte en ‘My Little Eye’, no es un slasher. Apareció en un momento en el que aún quedaba cierta ingenuidad en los espectadores, lo que se traducía en paciencia y en la asimilación de experiencias y no resoluciones. Hoy debe haber un número mínimo de escenas de asesinatos trabajadas para que incluso sea considerada una película de terror. Pero la de Evans está más preocupada en dar miedo y para ello reduce a los espectadores a observadores indefensos, dado el punto de vista de supervisores indiferentes o algo mucho peor.

De algún modo la película ya adivinaba la manipulación a los concursantes de realities que sí que ocurrían en la realidad, pero no se absorbieron como algo corriente hasta que series como ‘Unreal’ (2015-2018) lo hicieron ver de forma global. Aquí se revela en detalles como cuando Bradley Cooper mira directamente a la cámara y dice "Te dije que iba a conseguir tirármela". Fue el único actor que se convirtió en un nombre famoso varios años después, y su personalidad de chico bueno tiene aquí el lado oscuro que a veces se infiere en otros de sus papeles, aumentando el impacto.

‘My Little Eye’ se estrenó en España a lo grande, pero no tuvo la misma suerte en Estados Unidos. Producida por el brazo de género WT2 de la prolífica compañía Working Title y originalmente programada para estrenarse en Estados Unidos desde Universal a través de su división Universal Focus, quedó huérfana por el cierre de ese brazo y tuvo un lanzamiento limitado, es decir que se estrenó prácticamente directa a video. Su propia distribuci´´on de cine indie crea la conexión con el "mumblegore" una década antes. Además, después de una proyección de prueba desastrosa de una versión de cuatro horas, el interés de distribución se agotó.

Del trend de las snuff movies al torture porn

Una de las cosas más curiosas del lanzamiento en DVD es que aprovechaba como pocas las funciones adicionales que estaban de moda en ese momento, como ver las películas con tomas alternativas. En este caso, se incluía un "Modo Navegador", en el que la pantalla se convertía en un menú interactivo "en línea" que permitía al espectador cambiar entre múltiples ángulos de cámara y bandas sonoras, lo que aumentaba la sensación de depravación del acto de mirar a las víctimas.

La mitología de las snuff movies había creado muchas películas de misterio y descenso a la madriguera de conejo como ‘Tesis’ (1995), ‘Mute Witness’ (1995) o ‘Asesinato en 8mm’ (1999), pero nunca se había visto “desde dentro” y sin que los protagonistas supieran que están participando en una. Este cambio de tornas añadía un toque de crueldad malsana que respondía muy bien a las ansiedades globales después del 11-S, el fin de la inocencia de principios de siglo que se tradujo de forma categórica en el cine de terror.

El movimiento splat pack, el torture porn y la dinámica de la atrocidad, la muerte de la empatía con los personajes y el sadismo financiado por grandes estudios se convirtió en moneda de cambio. Pese a que ‘My Little Eye’ no pone el acento en el gore, su idea de élites usando a otros seres humanos como ganado, la atracción y pesca a través de otros jóvenes, y la transacción económica para ver la muerte son los mismos ingredientes que utilizaría ‘Hostel’ (2005) tres años más tarde, con lo que el germen de esa tendencia pasó por la obra de Evans.

Examen de conciencia de la responsabilidad tras la pantalla a tiempo real

Sin embargo, ‘My Little Eye’ no era tan obvia. Jugaba con la idea del asesinato como algo traumático también para el perpetrador, mantenía al “gran hermano” en un secretismo perturbador y no mostraba clemencia en su nihilista conclusión. Sorprendentemente no ha tenido un culto pronunciado, incluso sigue desprendiendo el aura de que es una mala película, en la que “no pasa nada”, pero la cualidad de sus imágenes, sus texturas y el estilo del director y el montaje poseen un valor artístico por sí mismo.

No solo por cómo capta el zeitgeist de la época en su valor documental, sino por la propiedad siniestra de su grano y su variedad de puntos de vista y fuentes de grabación, inédita en el subgénero found footage y que no tendría otra actualización hasta la igualmente visionaria ‘El diario de los muertos’ (Diary of the Dead, 2007) de George A. Romero. Hoy, la narración multicámara se ha asimilado totalmente, pese a que la tendencia es la representación de los videoblogs y transmisión individual, gracias a los dispositivos móviles, de ‘Searching’ a ‘Murder Death Koreatown’.

Películas actuales que recurren a la telerrealidad como ‘Fun House’ (2020) son marginales, por la forma en la que el propio ‘Gran Hermano’ ha sido fagocitado por cientos de concursos y realities, pero la idea del streaming que sale mal funciona aún en infinidad de nuevas propuestas. De hecho, hemos podido ver verdaderos suicidios, atentados y accidentes retransmitidos en directo hasta la desensibilización colectiva, por lo que ‘My Little Eye’ puede resultar hasta ingenua, pero a día de hoy funciona mucho mejor como examen de conciencia a tiempo real de nuestra propia implicación perversa tras la barrera, más allá del fenómeno tecnológico o el signo de los tiempos.

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