'Testigo mudo', una genialidad perdida que se adelantó al snuff y slasher que revolucionaría los 90

'Testigo mudo', una genialidad perdida que se adelantó al snuff y slasher que revolucionaría los 90

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testigo mudo

Antes de que Alejandro Amenábar revolucionase el cine nacional con 'Tesis', antes de que Nicolas Cage descendiese a los infiernos en 8m y antes de que 'Scream' pusiera un antes y un después en el slasher y el terror, una pequeña coproducción europea de elenco internacional puso todas las cartas sobre la mesa. Era la magnífica 'Testigo mudo'.

Heroína del silencio

Con 18 años reinaba en el videoclub este vhs de carátula inolvidable. Éramos demasiado jóvenes para aupar 'Testigo mudo' a la categoría de clásico, pero la película escrita y dirigida por Anthony Waller ya puede ser descrita como tal. Y además era una pionera que se adelantó a la moda del necrocine (mucho más bonito que snuff, dónde va a parar), a la moda del nuevo slasher y facturó un neogiallo cuando el género aún no había muerto.

Billy es una maquilladora de éxito. Mientras está en Rusia, trabajando en una película, Billy se queda encerrada en el estudio una noche y asiste horrorizada al rodaje de una película snuff. La joven logra escapar y, con la ayuda de su hermana, Kate, alerta a las autoridades sobre lo que ha visto. Desafortunadamente, al hacerlo, se convierte en la enemiga de los "productores" de la película. Por desgracia para ella, la joven maquilladora tiene un problema ayudado a la hora de pedir ayuda: es muda.

El primer tercio de película es un ballet, una sinfonía de gatos y ratones divertidísima, cine dentro de cine como solo los más grandes pueden ofrecer. Y con solo los más grandes me refiero a De Palma, claro que sí.
Pero es que el resto de película no tiene desperdicio gracias a un sentido del humor tan brillante que casi se convierte en sentido de la maravilla.

Mute Witness

El secreto de 'Testigo mudo', más allá de recrear atmósferas y encuadres dignos del cine de de asesinos europeos de los sesenta, reside en el constante contraste entre la ficción cinematográfica y la amenaza real. La película de Waller comienza dentro de unas convenciones del cine de terror tradicionales, con un asesino acechando y desde el punto de vista del asesino. Pero nunca, nada, es lo que parece.

Desde su prodigioso arranque, este fabuloso thriller rebosante de humor negro y conocimiento de los códigos de un rodaje, muestra el choque entre la puesta en escena y la interpretación, cómo estos elementos apenas tienen algo que ver con el resultado que luego se proyecta en una pantalla de cine.

La joven sale airosa del terrible encuentro, pero con un inesperadísimo (y elegante) cameo sorpresa (logrado gracias a un encuentro casual entre el director y ese actor en Alemania años antes) la cinta cobra una nueva vida. El resto de la historia muestra los esfuerzos de Billy para evadir más peligros, confiar (o no) en la KGB y localizar un disco de datos que aparece a mitad de camino por si había poca emoción.

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Una de las sorpresas de la película es la impresionante descripción de Moscú. La Rusia postsoviética es una tierra llena de peligros, de bestias salvajes listas para matar con facilidad. Es probable que los espectadores también encuentren restos de Carpenter, Argento o el Terence Young de 'Sola en la oscuridad', pero también cierta conexión con la comedia fatalista y criminal de John Landis, a quien curiosamente intentaría recuperar en la fallida (principalmente por los efectos especiales) 'Un hombre lobo americano en París'.

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Con el paso de los años, 'Testigo mudo' se ha consolidado como un thriller modélico y un más que digno sucesor de Hitchcock y Brian De Palma. Cuesta creer que aún siga resultando una película prácticamente desconocida (guardo mis copias en vhs y dvd bajo llave) y que tengamos que recordarla cada cierto tiempo para las nuevas generaciones o las anteriores más despistadas.

Unos personajes entrañables metidos en la aventura de su vida 25 años antes de que los cineastas de Los Angeles tuvieran que ir a rodar a zonas europeas más complicadas.
Tendría que mirar, pero posiblemente sea la mejor película en la historia de las coproducciones entre Reino Unido, Rusia y Alemania. Ideal para una noche de Halloween.

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