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RSS Especial David Lynch

David Lynch: 'Inland Empire', anticine revolucionario

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David Lynch: 'Inland Empire', anticine revolucionario

“¡Soy una puta! ¿Dónde estoy? ¡Tengo miedo!”

- Nikki Grace (Laura Dern)

Creo que un verdadero artista no se define por su esmero a la hora de complacer a quienes acuden a ver su trabajo, ni siquiera a aquellos devotos que alaben su obra. Se define por su lealtad a sí mismo. En ese sentido, me parece dudoso que haya muchos directores, muchos artistas, a la altura de David Lynch. Las, escasas, excepciones podrían ser las de Zhang Yimou, Roman Polanski, Terrence Malick, Alfonso Cuarón, James Cameron, Michael Haneke, Francis Ford Coppola, Hayao Miyazaki, Wong Kar Wai y muy pocos más, verdaderos guardianes de un oficio que ya, a diez años del inicio del siglo, parece al filo de su extinción. Lynch, en la recta final de su carrera, cuatro años después de su irregular ‘Mulholland Drive’, lleva a cabo una verdadera bomba nuclear cinematográfica, la constatación final de que a Lynch le trae sin cuidado las expectativas, y que sólo sabe ser fiel a su propia personalidad.

Porque con su décimo largometraje, el cineasta de Montana se pasa por el forro conceptos tales como la trama, la progresión dramática, la construcción narrativa, el ritmo externo, la planificación visual convencional, el antaño venerado soporte del celuloide, para adentrarse con más tesón e inspiración que nunca en el fango de lo abstracto y lo onirico que tantos llaman de forma equivocada (a mi entender) experimentación, desacostumbrados como estamos a que las imágenes y los sonidos sean empleados de una forma tan libre y poética. Y Lynch se desenvuelve en ese fango con total naturalidad, marcándose un camino formal y unas reglas internas que jamás abandona, llegando a sus últimas consecuencias en su elaboración del cine más personal e inclasificable que quepa imaginar. Tras diez largometrajes y casi treinta años de carrera, Lynch lo consigue de una forma tan bella como extraña.

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David Lynch: 'Mulholland Drive', la sensualidad es un laberinto

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David Lynch: 'Mulholland Drive', la sensualidad es un laberinto

Habiendo dirigido las que probablemente sean sus dos obras maestras, la alucinante ‘Lost Highway’ (1996) y la bellísima ‘The Straight Story’ (1999), David Lynch se embarcó en lo que en principio iba a ser otra importante serie que, quizá, podría llegar a superar la ambición y los resultados de ‘Twin Peaks’. Lynch fue con una idea que le obsesionaba (en realidad, todas sus ideas le obsesionan…) a la cadena ABC, que en un principio estuvo encantada con la idea. El problema es que, una vez presentado el material rodado durante seis semanas de 1999, no estuvieron tan encantados. Presionaron muchísimo a Lynch para que hiciera mil cambios, y le hicieron muchos comentarios negativos, por lo que parecía que con el piloto ya rodado, la serie sería una de esas que terminan en nada. Pasaron bastantes meses hasta que Alain Sarde y los de Le Studio Canal ayudasen a Lynch con su idea de convertir ese piloto en un largometraje.

De modo que nos encontramos, una vez más, ante un proyecto verdaderamente único, esta vez además por las extrañas circunstancias que la hicieron convertirse en la película número nueve de Lynch, en lugar de en una nueva serie de televisión. Un “filme compendio”, que reúne lo mejor y lo peor de Lynch, un laberinto de sensualidad, sueños, enigmas irresolubles, mujeres en peligro (una de las expresiones preferidas del cineasta de Montana), pesadillas a la luz del día, humor retorcido, atmósferas lúgubres y personajes extremos. Es decir, puro Lynch. Lo mejor que podemos decir de ‘Mulholland Drive’ es que, irónicamente, prologa y prepara el camino para una obra incontestablemente mayor, muchísimo más libre (aún) y mucho más bella y equilibrada que esta, la inclasificable INLAND EMPIRE’ (2006), pero a pesar de sus arritmias e incoherencias, no hay duda de que la locura que es ‘Mulholland Drive’ merece la pena, y mucho.

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David Lynch: 'Una historia verdadera', el tullido errante

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David Lynch: 'Una historia verdadera', el tullido errante

Tres años después de ‘Carretera perdida’, David Lynch presentaba en Cannes una nueva película, de pequeñísimo presupuesto (que fue comprada para su distribución por la Disney, nombre al que nunca hubiéramos unido con el director de ‘Corazón salvaje’, ¿no es cierto?) y basada en la historia real del ya por entonces fallecido Alvin Straight. De hecho, el título original de la película es ‘La historia de Straight’, pero una vez más los distribuidores españoles demuestran su escaso tino en el uso de los títulos, y nos dan ‘Una historia verdadera’, sosa y extraña elección para esta insólita “road-movie”, en la que un anciano de 73 años, conduciendo un cortacésped a lo largo de cuatrocientos kilómetros, acude, en el ocaso de su vida, a ver al hermano con el que no se habla desde una década.

Excepcional obra maestra de David Lynch, probablemente el más bello y conmovedor relato por él dirigido, superando incluso a ‘El hombre elefante’ o por lo menos igual de grandioso que aquel inolvidable drama. Tras su tenebrosa trilogía formada por ‘Terciopelo azul’, ‘Corazón salvaje’ y ‘Carretera perdida’, Lynch nos da un respiro, regresando a la luz de sus primeras realizaciones, despojándose de toda retórica visual, entregándose con pasión a la historia de un hombre común embarcado en un indescriptible viaje físico, moral y espiritual.

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David Lynch: 'Carretera perdida', viaje al fondo de la mente

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David Lynch: 'Carretera perdida', viaje al fondo de la mente

Excepto algunos comentarios aislados, la mayoría de la critica y de los seguidores del director, consideraron su ‘Fuego camina conmigo’ el punto más bajo, creativamente, de toda su filmografía. Con el éxito de ‘Twin Peaks’ a nivel mundial, algunos llegaron a vaticinar el colapso artístico total de Lynch y su posible traición para convertirse en un director “mainstream”. Pasaron cuatro años para que Lynch contestara las dudas (lógicas) del personal a su manera: con una nueva película. Y la nueva película, por título ‘Lost Highway’, terminaría de convencer a muchos de la rareza incurable y esnobismo de Lynch, y a otros de su genio vanguardista inimitable.

Inclasificable, erótica, siniestra, extrañamente serena, también engañosamente frenética, alucinada y alucinante, gótica, la séptima realización de Lynch significa pasar de la cuarta marcha (‘Terciopelo azul’) y de la quinta (‘Corazón salvaje’), para alcanzar la sexta, completando esa trilogía de sexo, gangsters, fuego y coches que en oposición a la luminosa trilogía anterior (‘Eraserhead’, ‘El hombre elefante’, ‘Dune’) nos dibuja un mundo sombrío y violentísimo que, ahora, es un viaje alucinante al fondo de la mente, sin concesiones y sin vuelta atrás.

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David Lynch: 'Twin Peaks' y 'Fuego camina conmigo', grandísima serie y paupérrima película

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David Lynch: 'Twin Peaks' y 'Fuego camina conmigo', grandísima serie y paupérrima película

Habiendo repasado ya las cinco primeras películas como director de David Lynch, que significaron una escalada incontestable en cuanto a su prestigio crítico y su consideración de verdadero autor cinematográfico, toca hablar de una serie, que es algo que llevamos a cabo en contadas ocasiones en Blogdecine, como es lógico, pero que una vez más resulta obligatorio, no sólo por la importancia, dentro de su propia filmografía, de la famosa ‘Twin Peaks’, sino también por su decisión, dos años después, de llevar a cabo un epílogo a la serie, contando la historia anterior al asesinato con ‘Fuego camina conmigo’.

Una vez más, Lynch demuestra su genio y su versatilidad, triunfando también en televisión. ‘Twin Peaks’ es una de las series más famosas y más seguidas de la historia. Pero además, no ha perdido ni un ápice de juventud, sino que se mantiene inmutable al paso del tiempo. Todo lo contrario que la película que Lynch dirigió para, según él, honrar a esos personajes. No sólo les deshonra, además es la peor, la más insostenible e insoportable de todas sus películas. Hablemos un poco de ambas.

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David Lynch: 'Corazón salvaje', fuego, sexo y sangre

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David Lynch: 'Corazón salvaje', fuego, sexo y sangre

La cuarta película de Lynch había resultado todo un triunfo. Por un lado, había logrado salir airoso del fiasco de ‘Dune’. Por otro, había madurado su estilo en un paso de gigante. Finalmente, y a pesar de los descreídos, se había convertido en un autor consagrado. Su quinta película, ‘Corazón salvaje’, iba a convertirle, además, en autor estrella.

Esta película significa poner la quinta marcha en cuanto a salvajismo y radicalidad (la escalofriante ‘Carretera perdida’ significará poner la sexta marcha…). Regresan los freaks retorcidos y violentos de Lynch, y también las criaturas bondadosas y llenas de luz. Filme por tanto libérrimo, sugerente, absolutamente inclasificable, que convierte a ‘Terciopelo azul’ en una aventura ordinaria y clásica. Un Lynch desatado, una historia de amor ultraviolenta y ultraromántica, cine de autor sin concesiones.

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David Lynch: 'Terciopelo Azul', tenebroso viaje hacia la luz

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David Lynch: 'Terciopelo Azul', tenebroso viaje hacia la luz

La trilogía conformada por ‘Cabeza borradora’, ‘El hombre elefante’ y ‘Dune’ nos mostró al primer David Lynch. Un Lynch que ya en sus primeros pasos se había mostrado como un profundo conocedor del cine clásico, pero también como un hábil tejedor de atmósferas postmodernas, y capaz también de ser universal a pesar de la profunda autoría de sus propuestas. Concluida esta trilogía, Lynch emprende otra (todo esto a juicio de quien esto escribe, claro está), cuyo primer escalón es la extraña y fascinante ‘Terciopelo Azul’, de la que el propio Woody Allen, entre otros, llegó a decir que era la mejor película de ese año, 1986.

Debido al fracaso de ‘Dune’ (y a sus varapalos críticos) Lynch creía que Dino de Laurentiis no volvería a producir una película suya, pero se equivocó, pues al leer el guión de ‘Terciopelo Azul’ (un guión que tardó muchos años en gestarlo en solitario), de Laurentiis quedó maravillado y se dispuso a darle otra oportunidad. De este modo comenzó la difícil producción de esta obra maestra.

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David Lynch: 'Dune', más allá de las estrellas

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David Lynch: 'Dune', más allá de las estrellas

Después de debutar con la extraña ‘Cabeza borradora’ y triunfar con la extraordinaria ‘El hombre elefante’, en la que como ya explicábamos, Lynch alcanzaba una precoz plenitud y fundía clasicismo y autoría con gran talento, el cineasta entraba en la vorágine de estudiar ofertas y preparar proyectos, a cual más ambicioso. Sin ir más lejos, George Lucas, que había concluido la segunda parte de su saga galáctica, barajaba para dirigir la tercera y última parte los nombres de Paul Verhoeven y David Lynch, quizá en la esperanza de que estos talentos, con relativo poco poder en la industria, pudieran ser más manejables, a la vez que eficaces, en la preparación de ‘El retorno del jedi’.

Desechado Paul Verhoeven (“igual pensaban que pondría a follar a los jedi”, recordaba Verhoeven años después, con sorna) Lucas tentó con fuerza a Lynch, y estuvo a punto de firmar. De hecho, cuentan que Lynch llamó a su representante desde el rancho Skywalker para consultarle, a lo que este respondió: “si te quieres forrar sin hacer prácticamente nada, firma”. Pero Lynch no firmó y, lo que son las cosas, Dino de Laurentiis, que llevaba varios años con los derechos comprados de la famosa novela ‘Dune’, y con varias tentativas fracasadas de llevarla a la pantalla, pensó en él y le llamó para hacerla realidad.

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David Lynch: 'El hombre elefante', el dolor del ser humano

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David Lynch: 'El hombre elefante', el dolor del ser humano

El ‘Adagio para cuerdas’ del compositor estadounidense Samuel Barber, considerada por muchos melómanos como una de las expresiones más perfectas del dolor y la tragedia, y que está incluida sobre estas mismas líneas y en la música del segundo largometraje de David Lynch, acompaña los últimos momentos de la película y de la vida de John Merrick (el tristemente célebre hombre elefante, de verdadero nombre Joseph Merrick), y es imposible imaginar mayor humildad y belleza en esos momentos.

Humildad y belleza porque, a pesar de que incluyendo este tema desolador podría pensarse que el relato cae en los pantanosos terrenos del melodrama, jugando por tanto a hacer un espectáculo del dolor, en realidad se erige como homenaje a la dignidad y la lucha de un hombre asombroso, cuya enfermedad es una de las mayores tragedias íntimas de que hay noticia, pero mayor tragedia fue el desprecio, el maltrato, la humillación de la mayoría de personas que se cruzaron en su vida, que son los auténticos monstruos de esta historia devastadora.

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David Lynch: 'Cabeza borradora', niños deformes y mentes grotescas

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David Lynch: 'Cabeza borradora', niños deformes y mentes grotescas

La filmografía, como director de largos, de David Lynch, no puede empezar con una película más “Lynch”, dicho de modo zafio. Siendo uno de los pocos afortunados que, en 1970, ingresan en el AFI para cursar estudios especiales de cine, David Lynch pone todo lo que tiene para filmar una película en la escuela (y alrededores), cuyo rodaje roza lo amateur y que se extiende (con sonorización y montaje), durante siete años de su vida, hasta que por fin ve la luz (nunca mejor dicho, y perdón por la broma fácil) en 1977.

Filme absoluta y totalmente inclasificable, que por momentos parece una parodia, pero también un filme de horror, o surrealista, o experimental. En realidad, es todo eso, y nada a la vez. Simplemente, es un Lynch, y como tal sus reglas son propias, y su universo (pocas veces puede decirse esta palabra con propiedad acerca de un director) absolutamente personal e intransferible. Delirante, gozoso, su vocación antinarrativa lo coloca en la picota de lo interpretable, o lo subjetivo. Un debut deslumbrante y suicida.

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