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David Lynch: 'Corazón salvaje', fuego, sexo y sangre

David Lynch: 'Corazón salvaje', fuego, sexo y sangre
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La cuarta película de Lynch había resultado todo un triunfo. Por un lado, había logrado salir airoso del fiasco de ‘Dune’. Por otro, había madurado su estilo en un paso de gigante. Finalmente, y a pesar de los descreídos, se había convertido en un autor consagrado. Su quinta película, ‘Corazón salvaje’, iba a convertirle, además, en autor estrella.

Esta película significa poner la quinta marcha en cuanto a salvajismo y radicalidad (la escalofriante ‘Carretera perdida’ significará poner la sexta marcha…). Regresan los freaks retorcidos y violentos de Lynch, y también las criaturas bondadosas y llenas de luz. Filme por tanto libérrimo, sugerente, absolutamente inclasificable, que convierte a ‘Terciopelo azul’ en una aventura ordinaria y clásica. Un Lynch desatado, una historia de amor ultraviolenta y ultraromántica, cine de autor sin concesiones.

Adaptación bastante libre de la novela de Barry Gifford ‘Sailor & Lula’ (cuya lectura recomendamos encarecidamente), a cargo del propio Lynch, que se enamoró de la historia pero le cambió el final y algunos elementos más, la película es una extraña “road movie” pasada por el particular e inimitable tamiz del director, que ya había dirigido el piloto de ‘Twin Peaks’ cuando empezó con este rodaje. De modo que estamos con un Lynch en lo más alto de su carrera, tanto profesional, como de éxito, como personal (salía con Isabella Rossellini).

El extraño camino a Oz

Podría describirse esta historia como la de dos adolescentes enamorados, cuyo amor se va a poner a prueba por toda serie de avatares, comenzando por la desquiciada madre de ella, Marietta (magnífica, brutal Diane Ladd) dispuesta a matarle a él con tal de seguir utilizando a su hija para lo que le venga en gana. A Sailor le da vida un a ratos entrañable, a ratos tenebroso, Nicolas Cage, y a ella una atractiva, sexy y maravillosa Laura Dern (hija de Diane Ladd), que repite con Lynch. Pero hay varios actores lynchianos apareciendo aquí y allá en la historia, como Crispin Glover, David Patrick Kelly o Grace Zabriskie.

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Y la primera secuencia ya establece el tono y permite a los despistados salirse de la sala (o apagar el DVD): Lynch no engaña a nadie, y aquí avisa muy pronto de qué tipo de salvajismos (nunca mejor dicho) vamos a ver. De hecho la película estuvo a punto de ser calificada X en Estados Unidos por su violencia bestial y su tenebroso estilo. La secuencia de la tortura de Johnny Farragut (Glover) provocaba la deserción de algunas salas. Pero Lynch no cortó nada.

De hecho, esta película es impensable si se mutilan algunos de sus tramos. Toda ella es una irregular balada de jazz, densa, impredecible y críptica. Comienza como un sueño dorado para sus protagonistas (que sólo piensan en bailar, conducir, follar y hablar) y poco a poco se va tornando una pesadilla alucinógena, sobre todo a partir del inolvidable encuentro con el breve personaje de la preciosa Sherilyn Fenn, que ya había tenido una aparición importantísima en ‘Twin Peaks’.

Algunos de los personajes más monstruosos y fascinantes de Lynch se encuentran en esta película, y de todos ellos el más grimoso y abyecto es el Bobby Peru de Willem Dafoe, una caracterización extrema (imposible no acordarse de sus dientes) para la misma encarnación del mal. Pero también vemos nada menos que a Perdita Durango, interpretada por una enigmática Isabella Rossellini, y otros como el gran J.E. Freeman (que ese mismo año había protagonizado la esencial ‘Muerte entre las flores’ de los Coen) o la misma Zabriskie componen personajes muy extremos para una galería de secundarios poco menos que siniestra.

El estilo inimitable de David Lynch

Esta película es de las que dividen al personal. De las que enamoran definitivamente a los seguidores, o convencen a los detractores de que el cineasta en cuestión ha perdido completamente el norte. Yo me encuentro en el primer grupo, como puede el lector suponer, aunque eso no me impide comprender en parte las quejas del segundo. Lynch abandona todo academicismo, todo lugar común, y se entrega a una anti-narrativa radical, indivisible de lo que está contando.

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Supongo que para muchos espectadores fue demasiado que Lula viera a su madre vestida de bruja mala, persiguiéndoles al lado de la carretera, como lo es que el perro atrape la mano mutilada y se la lleve, o que Marietta simule ser una gata con Farragut. Y es posible que en esta película Lynch perdiera parte de coherencia interna. Pero lo que perdió en eso, lo ganó en sugerencia, en misterio, en coraje, en lirismo.

Me parece difícil que alguien considere más lírica ‘Terciopelo azul’ que ‘Corazón salvaje’. Esta, con sus limitaciones, es más arrebatada, más apasionada que aquélla, sin ningún género de dudas. Lynch propone un repaso a los mitos más duraderos (y trágicos) de la cultura americana. No sólo Oz, sino también Marilyn Monroe, Elvis Presley, el cine de género. Lo homenajea todo y a la vez lo pone en duda.

Su extraño montaje, sincopado, aparentemente ilógico; su guión irregular y alambicado; su abstracción, el manierismo del diseño de producción. No resulta fácil acercarse a esta película. Recibió terribles críticas en Estados Unidos, pero en Cannes se alzó con la Palma de Oro. Hoy es una pieza esencial en el cine de su director. La más juvenil y salvaje de sus películas, la más irreal y la más romántica. La que de forma más emocionante mezcla una entrañable ingenuidad con una insidiosa maldad.

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Especial David Lynch en Blogdecine

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