"Para cualquier película, el primer tráiler es de vital importancia". Ojo, porque esta máxima no la enuncio yo, sino que la acuñó el mismísimo Jon Landau, productor de franquicias de la talla de 'Avatar' y de largometrajes como 'Alita: Ángel de combate' o la 'Solaris' de Steven Soderbergh, en su libro 'The Bigger Picture', en el que hizo un recorrido exhaustivo a su trabajo en algunos de los blockbusters más célebres de la factoría hollywoodiense.
Landau, que falleció el pasado 2024 con tan solo 63 años de edad a causa del cáncer, explicó en su manuscrito la odisea por la que pasaron tanto él como su equipo creativo a la hora de moldear el primer avance de la eterna 'Titanic' de James Cameron. 150 segundos de material promocional que, como afirma, "lo son todo" y que, "como tantas otras cosas en 'Titanic', se convirtieron en objeto de una gran disputa".
El tráiler de la disputa
Según razonó el cineasta, resumir un largometraje de tres horas y catorce minutos en los noventa segundos que suele durar un tráiler al uso no es tarea fácil. La estrategia pasó por armar un clip de unos cuatro minutos que no tuvo el efecto esperado en los ejecutivos de los estudios responsables del proyecto:
Se lo enviamos a los estudios —recuerda que trabajábamos tanto con Fox como con Paramount— y luego esperamos. Unas dos horas más tarde, [la productora ejecutiva] Rae Sanchini recibió una llamada de Rob Friedman, el responsable de distribución y marketing de Paramount. "He visto vuestro tráiler", al parecer le dijo, "y me estoy poniendo a vomitar encima de los zapatos".
¿Cuál fue la solución de Paramount? Convertir esos 240 segundos en una pieza mucho más breve que los autores del tráiler original conocían como la versión de John Woo y que transformó 'Titanic' en una suerte de película de acción que, casualmente, tenía lugar a bordo del malogrado buque titular.
Paramount había tomado el mismo metraje y había creado su propio tráiler, más corto. Lo llamábamos el tráiler de John Woo. Era todo cortes rápidos, música trepidante, disparos y gritos. Hacía que la película pareciera una película de acción que, por casualidad, transcurría en el Titanic. No era nuestra película. Mantuvimos un tira y afloja con Paramount, primero razonando, luego gritando. Al final convencimos a Sherry Lansing, presidenta y directora ejecutiva de Paramount, para que vetara a su propio departamento de distribución y nos dejara probar nuestro tráiler.
Jon Landau era consciente de la excesiva duración del aperitivo, a pesar de su creencia de que se ajustaba perfectamente a la duración del largo que promocionaba; lo cual, sumado a la tensión que reinaba en el ambiente tras cinco años de trabajo y 200 millones de dólares de presupuesto invertidos, hizo que la prueba de fuego para el tráiler fuese especialmente peliaguda. Por suerte, tenían entre manos un bombazo publicitario.
Nos sentamos en la mesa de Paramount en ShoWest con algunos de sus altos ejecutivos y grandes estrellas, entre ellos Kurt Russell, el protagonista de su próxima película. Me senté nervioso mientras se proyectaba nuestro tráiler en aquel salón de actos de Las Vegas y, justo cuando terminó, Kurt Russell dijo en voz alta: "Pagaría diez dólares solo por volver a ver ese tráiler". Gracias a eso, conseguimos un permiso especial de la Motion Picture Association —los tráilers debían durar 150 segundos como máximo— para estrenar un tráiler de cuatro minutos y dos segundos ante el público de todo el mundo.
Esto, en última instancia, marcó un antes y un después para el noble arte del marketing cinematográfico y para la propia 'Titanic'.
A partir de ese día, todos los artículos negativos sobre la película terminaban con la sensación de que, en realidad, la película podría ser buena. Fue un auténtico punto de inflexión.
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