En este mundo que nos está tocando vivir, el menos en lo que respecta al panorama creativo y, más concretamente, al audiovisual, parece cada vez más complicado liberarse de tendencias y caminos predefinidos dentro de una maraña industrial que parece regirse por una norma muy específica: la repetición constante —ya sea en mayor o menor medida— del éxito propio o, más habitualmente, ajeno.
¿Que una productora da luz verde a un título dirigido por un youtuber basado en un creepypasta y se traduce en un éxito rotundo? La competencia pone en marcha otro a las pocas semanas. ¿Que una película de terror en la que sale un payaso durante aproximadamente cinco minutos se estrella en taquilla? Se cancela automáticamente cualquier proyecto en el que aparezca cualquier criatura mínimamente parecida —ojo, que esto es 100 % real—.
En lo que atañe al subgénero de los superhéroes, no cabe duda de que el modelo a seguir por la competencia directa, tanto con el difunto DC Extended Universe de Zack Snyder como con el actual DCU de James Gunn y Peter Safran, ha sido una Marvel Studios que arrasó tanto a nivel creativo como económico con una Saga del Infinito que, a través de aproximadamente una década, creó una narrativa a gran escala que nos mantuvo pegados a la gran pantalla religiosamente estreno tras estreno.
Más vale solo, que mal muy acompañado
No obstante, dejando a un lado el colapso del modelo de Kevin Feige en la deslavazada Saga del Multiverso, cabe recalcar que existen pequeñas excepciones que, al menos en lo estrictamente cinematográfico, demuestran que no es necesario un batiburrillo cameos, tramas interconectadas y escenas poscréditos a modo de teaser para ofrecer un producto con unos mínimos de calidad y atractivo.
Tras el demoledor —y, en cierta medida, injusto— descalabro comercial de 'Supergirl', la Distinguida Competencia lo ha dejado claro con 'Clayface'. Un abrazo al body horror más grotesco y pasado de rosca que, armado con una calificación por edades para adultos considerablemente atípica en el panorama superheroico, construye una historia de orígenes en clave de terror que, sin brillar con especial intensidad, se las apaña para ofrecer una experiencia relativamente diferente, solvente y, como quien dice, con cara y ojos.
Cabe destacar que el filme, dirigido con soltura y un pulso más que decente por un James Watkins especialista en hacérselas pasar canutas al respetable, no inventa la rueda ni destaca por encima de la media dentro del abultado catálogo de las historias de orígenes, haciendo gala de cierta bicefalia —sus vaivenes entre el thriller y el terror son constantes— y de un especial gusto por los lugares comunes que termina lastrando el conjunto.
Pero, entre sus aciertos, entre los que se elevan su apuesta por lo grotesco, su encomiable tratamiento del personaje protagonista y su marcada personalidad dentro de un subgénero saturado de clones insípidos, destaca uno muy concreto: el no verse obligado a rendir cuentas a los trámites impuestos por los universos compartidos, que rara vez aportan y que tienden a reducir los largometrajes a simples escaparates para alimentar el FOMO del público más afín.
En su lugar, 'Clayface' opta por ofrecer una historia autoconclusiva que, sin olvidar los guiños al cosmos de Batman y demás habitantes de Gotham City —y a algunos clásicos del terror corporal como 'La cosa' de John Carpenter, todo sea dicho—, se centra plenamente en el malogrado Matt Hagen y en su arco dramático; el auténtico motor —y el único necesario— para levantar una historia, independientemente de su naturaleza.
Está por ver si DC Studios termina este curso cinematográfico 2026 levantando cabeza y sacando algo de rentabilidad a los 44 millones de dólares en los que se estima su presupuesto —todo apunta a que así será—, pero, más allá de su desempeño en el box office, el debut en solitario del villano del Caballero Oscuro nos ha permitido comprobar una vez más lo siguiente: Cuando una película, por muy del montón que sea en líneas generales, pone su integridad dramática, estilística y narrativa por encima de cualquier maniobra comercial, el éxito de sus bases está más que asegurado.
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