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'Nashville', un culebrón muy poco original que se salva porque sabe a country

'Nashville', un culebrón muy poco original que se salva porque sabe a country
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Nashville’ es la respuesta en abierto, accesible y ligera de ‘Treme’, la serie de HBO ambientada en Nueva Orleans y que quería hablar del jazz y lo que suponía. Bueno, y también es la versión blanca y para votantes republicanas. Esta comparación puede resultar algo ofensiva para los talibanes del canal de cable y de David Simon, que también escribió ‘The Wire’, pero es una realidad. Eso sí, ha ido por caminos totalmente distintos.

Se vendió ‘Nashville’ como una pelea de gatas. Hay que tener en cuenta que se emite en ABC, que se caracteriza por sus series dramáticas de tintes de culebrón. El punto de partida, para que el público se interesara, no permitía confusiones: Juliette Barnes, la cantante del momento, se moría de ganas de que la tomaran en serio y no tenía ningún problema en ningunear y despreciar a Rayna James, la indiscutible reina del country con quien la discográfica quería unirla en una gira por el país.

Este, sin embargo, solamente era el gancho. Era más la historia de las dos por separado, las decisiones que tomarían para sacar sus carreras adelante (una tenía que demostrar su valía como artista, la otra demostrar que todavía era vigente) y de otros actores que conformarían una visión más o menos global de la capital de la música country.

Un universo musical muy creíble

La creadora Callie Khourie, conocida por ganar un Oscar por el guión de ‘Thelma y Louise’, demostraría que meterse en la cama cada noche con T-Bone Burnett, ganador de un Oscar y varios Grammys como productor y compositor, daba sus frutos. Hizo rápidamente una postal creíble de cómo funcionaba la industria más conocida de Nashville y referente musical de todos los Estados Unidos.

Era un mural variado. Se hablaba del estrellato, se transmitía la valía de la autenticidad en la voz, se mostraba el proceso de creación musical, diferenciaba entre composición y producción, el papel de los agentes y cómo también es un negocio donde cada discográfica tiene sus objetivos. Desde los macro-conciertos a los duetos íntimos con una sola guitarra en un pequeño bar. Quería ser fiel a lo que era todo el country y lo supo contar bien. El ‘If I didn’t Know Better’, originalmente de Civil Wars, bien sirve de ejemplo:

Callie no da el callo

No todos los objetivos de la responsable, sin embargo, se cumplen y paradójicamente muchos de los personajes que sirven para entender la postal en su totalidad cojean. Sobre todo Scarlett O’Connor, la sobrina del antiguo compañero sentimental y profesional de Rayna, que representa la promesa y frescura musical con su voz y sus letras. Pero la actriz, Clare Bowen, probablemente es de las personas con menos talento que se han visto en los últimos años. Y el actor que interpreta a su compañero Gunnar, Sam Palladio, otro pan sin sal. Que ninguno de los dos sea americano y tengan que fingir acento no es excusa suficiente para ser tan malos, tener tan poca química y dar tanta vergüenza ajena.

Y el resto del elenco, la verdad, más de lo mismo. Muchas de sus tramas no están especialmente bien introducidas ni desarrolladas y las ideas más ambiciosas, como meter al marido de Rayna en política y mostrarnos como su padre y su hermana dominan las finanzas de Nashville, son pegotes. Ni los actores, ni sus frases ayudan a interesarse por ellos, más allá de lo que puedan afectar a Rayna en el terreno personal.

Previsible de cabo a rabo

El mayor lastre, además, es que ninguna escena resulta orgánica. Bee Johnson, que ha ejercido de showrunner durante toda la temporada, siguió el estilo directo impuesto por Khourie y ‘Nashville’ se antoja excesivamente básica. Es un culebrón de manual, en muchos ratos de sobremesa, y posiblemente no hay un sólo diálogo original o inesperado en los 21 episodios que conforman la entrega.

De hecho, sorprende lo obvias que son todas las escenas. Pocas veces se ve una situación cotidiana sin verle la intención. No existen las conversaciones naturales que desembocan en pequeños detalles que tendrán consecuencias más adelante. No hay momentos cotidianos que resulten en acciones curiosas. La mayoría de las escenas empiezan con los personajes directamente hablando o encontrándose, y yendo al grano de forma bastante artificiosa.

Por esta razón podría ser que Connie Britton se hubiera desencantado con la experiencia. Acostumbrada a trabajar en ‘Friday Night Lights’, donde las escenas ordinarias tenían todas magia y ella se podía permitir el lujo de improvisar porque parecía real como la vida misma, aquí se la ve algo más plana. Solamente se ve en su salsa a Hayden Panettiere, que se hizo suyo el personaje desde el minuto número uno y se convirtió en la revelación de la temporada.

La víbora de Juliette

La joven actriz bien podría ser la heredera natural de la Madeleine Stowe de ‘Revenge’ y debería dar clases de maldad a la descafeinadísima Lana Parrilla, la bruja mediocre de ‘Once Upon a Time’. Y, gracias a ella, se salva un personaje que sufre de las malas artes de la sala de guionistas, que no entienden de grises y son incapaces de pintarla como alguien muy corrosivo pero con un pequeño corazoncito. Suerte que Panettiere es demasiado divertida como villana y, las pocas veces que muestran sus debilidades, ella aprovecha para mostrar su lado vulnerable.

El equivocado tratamiento se ha notado, sobre todo, con su relación con su madre. En todo momento se entiende que fue una figura que destruyó su infancia y que, por lo tanto, siente mucho rencor y desconfianza hacia ella. Pero no se puede tratar tan y tan mal a alguien y esperar que no recaiga en la bebida. Ni se puede ser tan poco consciente de que boicoteaba cualquier intento para que su madre se recuperara. Por favor, ¡ni sintió remordimientos cuando ella mató a su mánager estafador y se suicidó!

Pero no olvidemos que ella nos brindó ‘Love Like Mine’ en el piloto. Alegría.

Muchos defectos y una virtud

Demasiados errores hay como para decir que ‘Nashville’ es buena. Cumple su propósito de entretener pero se le ven tanto los hilos y hay tanto personaje fallido que es imposible frustrarse. Sobre todo porque se le ve mucho potencial y molesta que, por ejemplo, utilicen una fotografía tan barata y no se esfuercen en proporcionar diálogos a la altura de sus actrices. Ojalá en ese coche del final de temporada fueran el marido de Rayna, su padre, Gunnar, Scarlett y Avery. Y ninguno sobreviviera, por supuesto.

Pero la visión musical de Callie Khourie es suficientemente atractiva y verosímil como para recomendarla y seguir viéndola. A pesar de todo y de la estética y guiones de manual, se huele el country en todo momento y resulta interesante ver las elecciones musicales tanto de Rayna como de Juliette. Eso sí, probablemente pasaremos la segunda temporada frustrándonos porque nada apunta a que vaya a haber cambios de verdad. Se despidió al productor en línea del rodaje pero a nadie del equipo creativo ni del reparto. Mal.

En ¡Vaya Tele! | Cinco canciones country al estilo 'Nashville'

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