Si te has cruzado conmigo en las últimas dos semanas, es posible que, tras pedir el consentimiento, te haya contado con pelos y señales el final de ‘Arriba Tutto’, sin creerme todavía que tal paparrucha casi autoparódica pueda ser real. Es el colofón a una película en la que José Mota debuta como director de largometraje creyéndose Roberto Benigni en ‘La vida es bella’, pero con un tono inevitablemente similar (tanto en la narrativa como en lo formal) a sus especiales de Nochevieja.
Cuando tutto está perdutto…
La idea tras ‘Arriba Tutto’ es más que noble: la celebración del humor por encima de todas las cosas, el humorismo como método de supervivencia en los peores momentos, la conexión con nuestro niño interior. El problema es que Mota tiene la fabricación de sketches ya casi mecanizada, pero no es capaz de crear el drama que esta película, que nace con la intención de ser la versión española de ‘Cinema Paradiso’ o ‘La vida es bella’, necesita. Y al final, pasa lo que tiene que pasar: que solo brilla y es creíble en sus momentos de pantomima.
Le aprecio el gesto, eso sí, de no querer dedicar su primera película a hacer una comedieta al estilo ‘Padre no hay más que uno’, o negarse a hacer la versión larga de uno de sus personajes al estilo ‘Saturday Night Live’, pero eso no convierte a ‘Arriba Tutto’ en una buena película: simplemente, se asegura de nacer con las mejores intenciones. Pero, queriendo aparentar seriedad y porte, a Mota se le va la mano con el azúcar y dulcifica la película en exceso, incluso en sus instantes más duros, alejándose de Benigni y acercándose más a un monstruo de Frankenstein narrativo que nunca termina de vivir del todo por su cuenta.
Toda la trama sucede a base de deus ex machina, como un mal cuento, que hay que forzarse a creer para poder seguir viéndola sin refunfuñar: los personajes necesarios para que la trama avance están en el momento y lugar precisos y las tramas se solucionan por casualidad, impidiendo el desarrollo orgánico. De esta manera, ni los momentos aparentemente dramáticos provocan nada más que indiferencia ni los cómicos llegan a dar en el clavo. Los ingredientes están, pero la mezcla, quizá demasiado ambiciosa (o egomaniaca) para un director novato, sale fatal.
La vida es una Mota
Ignoro cuál es el motivo de que Mota se haya erigido a sí mismo como el protector de la comedia en una película que, además, tiene muy poca gracia (aunque reconozco la carcajada furtiva en uno de los momentos de “italiano falso”), pero está todo tan apagado y es un homenaje a la risa tan obscenamente obvio que nunca termina de despegar y se queda viviendo en el tropezón propio de la intentona fallida, la cerilla mojada que no acaba de encender, el chiste que nace muerto y la reflexión de una servilleta en el bar.
Lo que nos queda no podía estar más alejado de la típica comedieta española, pero precisamente su ambición es lo que, en última instancia, la termina condenando a la nada, en una especie de ‘Cuéntame’ con ínfulas que pide, claramente, un sentido del humor mucho más punzante, irónico y acertado que el del antiguo integrante de Cruz y Raya. Uno tras otro, el director desperdicia las oportunidades de construir algo memorable quedándose siempre en la opción más blanca y segura. sin tomar riesgos reales: ‘Arriba Tutto’ es como mirar un precipicio a lo lejos con los prismáticos y contar que estuviste en peligro.
‘Arriba Tutto’ no es una entrañable historia para toda la familia, pero tampoco se decide a ser una película adulta, ablandando su tono de manera constante para no causar ninguna controversia. Para cuando llegan sus momentos finales, tan solo los más incondicionales del humorista (que por suerte para él no son pocos) acabarán con una lagrimita. El resto estaremos hundidos en nuestra butaca y señalando lo obvio: que aunque el Mota se vista de seda, Mota se queda.
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