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'Fyre': un documental sobre un desastre anunciado cuya mayor baza es que funciona como parte del espectáculo
Críticas

'Fyre': un documental sobre un desastre anunciado cuya mayor baza es que funciona como parte del espectáculo

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Con el paso de las semanas, se ha vuelto más y más complicado hablar de 'Fyre', un documental que teóricamente narraba el proyecto frustrado de crear un festival de alto standing que se desmoronó casi literalmente sobre sus creadores. El motivo es que, con su éxito en Netflix, se han empezado a leer matizaciones sobre su contenido que relativizan su aparente punto de vista neutral, cuando no lo ponen completamente en duda.

Es decir, lo que nació como teórico testigo privilegiado de un evento desastroso ha acabado siendo una pieza más de un puzle complejísimo, y que parece ir algo más allá de la sinopsis de "aparatoso festival para millonarios sale mal por la ambición y falta de experiencia de sus responsables". Asumiendo que 'Fyre' no es, ni remotamente, una visión completa y neutral del tema, lo cierto es que presenta una visión privilegiada (por manipulada que esté) de la creación del festival.

'Fyre' no es un documental al estilo true crime, donde el espectador asume que en su tercio final posiblemente asista a una revelación que cambiará su perspectiva de todo lo que le han contado hasta ese momento. Esto es más bien como asistir un accidente de tráfico a cámara lenta: es horrible pero no puedes dejar de mirar. El aliciente de que casi todos los afectados sean niñatos privilegiados le otorga un plus de diversión malsana. Al final parece que sí que era cierto que los ricos también lloran.

Así, ya desde el principio se prevé la debacle: el ambicioso y joven emprendedor Billy McFarland, acompañado de la también algo desnortada agencia FuckJerry empiezan la casa por el tejado, anunciando un evento de lujo en una isla paradisiaca a través de una campaña con supermodelos en Instagram. A partir de ahí se suceden los desastres generados por la incapacidad para reaccionar ante los obstáculos continuos que se les van presentando, y que convirtieran a estos niños pudientes en el hazmerreir de Internet, y a "Fyre" en sinónimo de desastre anunciado, incluso en referencia a otros eventos.

'Fyre' no es gran cosa como documental, especialmente si se atiende a las acusaciones de que los propios FuckJerry y McFarland están detrás del mismo como parte de una operación de lavado de cara (en ese sentido el documental que ha lanzado Hulu al mismo tiempo parece más fiable). Pero el espectador avispado, más que sentirse parte de la estafa, puede entender 'Fyre' como otro vídeo promocional del evento. Solo que el desastre y la ruina forman parte ya indisociable del festival y de su aparato de propaganda.

'Fyre': Todo Mal Summer Edition

Que 'Fyre' sea una pieza esencial para entender toda la magnitud de la caída en desgracia del festival (en parte involuntaria porque nadie de los implicados sabía la magnitud que alcanzaría el dislate, pero también en parte exhibiendo una filosofía de "de perdidos al río") no quita para que el tema tenga cierto regusto inmoral. Aquí hubo serios daños colaterales, como los cientos de empleados que trabajaron para nada: una de las gerentes llegó a arruinarse y ha sido ayudada gracias al alcance del documental, vía internet.

Fyre Festival Mag 0817 Ss08

La situación me ha recordado en parte a la historia que contaba uno de los periodistas que aparecen en el documental 'King Ray', actualmente en Filmin, acerca del escándalo que rodeó al descubrimiento de que el equipo paralímpico español de baloncesto que ganó la medalla de oro en Sidney solo contaba con dos discapacitados entre sus 13 componentes. Uno de los infiltrados era un periodista que cuenta cómo ayudó a prolongar la mentira esperando a que la situación estallara, para potenciar el alcance de su noticia.

Algo así sucede en 'Fyre', donde a posteriori se entiende su metraje como una prolongación al máximo de la agonía de todos los implicados para que la situación estalle... y el documental sea más efectivo. Una pescadilla que se muerde la cola (un documental sobre un fracaso, que potencia el fracaso para beneficiarse) y del que destacan, paradójicamente, las partes más honestas. Por ejemplo, algunos personajes impagables (la anécdota que cuenta el promotor gay, entre lo mejor y más chusco del año) y una atmósfera general de pesimista inevitabilidad, pero en un ambiente jovial forzado hasta un punto casi ofensivo.

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