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'Matar o morir. Peppermint': una versión femenina de 'Venganza' ('Taken') que queda muy lejos de igualar a su modelo
Críticas

'Matar o morir. Peppermint': una versión femenina de 'Venganza' ('Taken') que queda muy lejos de igualar a su modelo

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Nota de Espinof

La operación comercial tras 'Matar o morir' está muy clara desde sus primeros compases y conociendo solo dos líneas de argumento: una versión femenina de 'Venganza' ('Taken'), con toques de las películas de venganzas de Bronson y compañía. Eso por si no fuera bastante obvio con la elección de su director, Pierre Morel, responsable también de aquella monumental pieza de acción sexagenaria producida por Luc Besson que reorientó la carrera de Liam Neeson y volvió a poner de moda a los héroes de acción implacables, ultracapacitados y sin tiempo para chorradas.

Esa moda nos ha dado en tiempos recientes películas muy estimulantes, como las dos magníficas 'John Wick', la estimable 'Atómica' ('Atomic Blonde') y las dos interesantes entregas de 'Equalizer'. 'Matar o morir' es mucho más modesta: en lo visual desde luego, pero también en lo argumental. Volvemos a una simplísima historia de venganza áspera tras la muerte de unos familiares cercanos asesinados cuyos orígenes podemos rastrear hasta los setenta y la primera 'El justiciero de la ciudad' (Death Wish).

En esta ocasión, Jennifer Garner es Riley North, cuyos marido e hija mueren en un ajuste (injusto) de cuentas de narcos latinos (comandados por Juan Pablo Raba) que quieren dar ejemplo tras un robo frustrado. North desaparecerá del mapa, y diez meses después comienzan a morir, uno tras otro, todos aquellos que cometieron el crimen contra su familia: de los matones ejecutores al cerebro detrás de todo.

Es decir, una historia de venganzas especialmente lineal y sencilla, intentando imitar la concisión, casi abstracción del cine de acción de presupuesto medio de los últimos tiempos. No hay aquí sorpresas ni giros inesperados, salvo la inevitable revelación de las autenticas intenciones de algún personaje: en realidad, ¡Matar o morir' intenta aplicar la regla de que no solo no hace falta complicar las cosas, sino que en ocasiones es hasta contraproducente. La tridimensionalidad en la caracterización arroja por la ventana la poca credibilidad que pueda tener una venganza esencial y sin matices.

'Matar o morir. Peppermint': Empoderamiento insuficiente

Pero aquí se confunde la simplicidad con el esquematismo y los tropos básicos con los tópicos gastados. Aquella soberbia estructura de 'Venganza' en la que Liam Neeson parecía un Terminator que se movía de A a B partiendo todas las crismas que fuera preciso para llegar hasta su hija se pierde por culpa de un guión derivativo y que evita dar explicaciones sobre detalles inevitables (que no hace falta que sean creíbles, pero sí que existan), como la naturaleza de la adquisición de la capacidad para el combate de North, aquí tan infrajustificado que se acerca al origen místico de una superheroína.

Y, por el contrario, el guión se pierde en cuestiones que rebajan la intensidad de la acción: una excesiva descripción de la vida familiar de North que podría explicarse sobradamente (de nuevo, algo que hacía de forma soberbia 'Venganza') con la mera exposición de la brutalidad de sus acciones. O una ridícula investigación policial rebosante de deducciones caídas del cielo. El resultado no es especialmente deplorable, pero no destaca en absolutamente ningún aspecto.

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Chad St. John firma, de este modo, un texto que exigía más concisión y apretar las tuercas a la despiadada venganza de North. Ésta tiene algunos momentos de amoralidad total ciertamente sorprendentes, pero teniendo en cuenta que estamos ante el guionista de 'Objetivo: Londres' ('London Has Fallen'), parece sensato pensar que proceden más de una floja construcción de personajes que de una genuina intención de gestar un thriller abstracto y sin piedad. Pierre Morel, por su parte, firma las secuencias de acción con corrección pero sin brillo, dejando patente que el auténtico cerebro tras su éxito con Liam Neeson o la también memorable 'Distrito 13' era Luc Besson, y solo algunas imágenes como la de los cadáveres colgando de la noria translucen cierta intención creativa en la película.

Queda como único aspecto positivo una Jennifer Garner que desde 'Alias' y (glups) 'Elektra' apenas ha recalado en el cine de acción, pero que da el tipo gracias a un impresionante físico atlético y una apropiada actitud de heroína imperturbable. El resultado es un pequeño desperdicio de talentos que han funcionado por separado pero que aquí no terminan de encontrar la vibración adecuada para que esta anodina producción de venganzas destaque.

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