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'Paradise Hills': un debut hiperestilizado que encierra una carta de amor al fantástico
Críticas

'Paradise Hills': un debut hiperestilizado que encierra una carta de amor al fantástico

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Decididamente no para todos los gustos, esta mezcla de fashion film, distopía juvenil y explotación de reformatorios femeninos supone el debut de la bilbaína Alice Weddington en el largometraje después de una galardonada carrera como cortometrajista. Rodada íntegramente en inglés, con un reparto de fama internacional (Emma Roberts, Awkwafina y Milla Jojovich están a bordo) y con Nacho Vigalondo figurando como coguionista, le película está destinada a llamar la atención.

Y a generar polémica, por supuesto. Ya lo hizo en su paso por este último festival de Sitges, soliviantando a muchos críticos que no entraron en su juego hiperestético, que propone una historia entre futurista y victoriana (pero no steampunk), donde la metáfora visual y el diseño de vestuario son más importante que el rigor argumental. Desde luego, no es hard sci-fi setentera, y sus abundantes valores hay que ubicarlos en otro sitio. 

'Paradise Hills' nos presenta un mundo (¿un futuro cercano, otra dimensión, un estado mental?) en el que solo hay dos clases sociales, los privilegiados y los que están por debajo. Seguimos las andanzas de Uma (Roberts), una joven internada en Paradise Hills, academia para señoritas donde son reeducadas para entrar en la alta sociedad (en el caso de nuestra heroína, de cara a un casamiento), pero que oculta una realidad mucho más inquietante.

'Paradise Hills': Hanging Rock del futuro

La revelación final no acaba siendo tan interesante como el paseo que nos damos por este mundo superficial, cristalino y doloroso antes de llegar hasta allí: momentos musicales rodados con la exquisitez de una balada k-pop, una alucinógena cabalgata en una montura de tiovivo, cambios de vestuario literales en cada escena... 'Paradise Hills' es absolutamente cautivadora en lo visual, y como catálogo de estampas de un colorido esquisito, es una propuesta única y muy valiente para una debutante.

Curiosamente, la película es un canto a la libertad y a la destrucción de barreras sociales, pero está ensimismada en la radicalidad de su estética, hasta el punto de que en parte se anulan sus mensajes: está claro que Paradise Hills es un centro represivo, y la sociedad elegante y distinguida en la que no encajan las protagonistas, un nido de superficialidad. Pero la película nunca abandona su radical propuesta en el diseño de producción, dejando la impresión de que abomina de una sociedad donde la estética es lo primordial... pero también se deja cautivar por ella.

No es un problema porque la apuesta visual de la película está muy clara, y el mensaje también: gracias a lo variado (también en términos de representación) de su reparto femenino, está claro lo que quiere contar Waddington. Frente a ceremoniosas convenciones sociales con las que son machacadas día y noche, las chicas encuentran alivio en unas relaciones naturales y espontáneas, surgiendo entre ellas una historia de amistad sincera que la película cuenta con desarmante honestidad, al estilo de la mejor literatura young adult, de donde también bebe muchísimo el film.

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Hay algunos altibajos de interés en 'Paradise Hills' derivados de su apuesta total por lo visual antes que cuidar lo narrativo: los desvíos románticos no tienen ningún interés, y lo que sucede fuera del centro, a duras penas lo posee. Pero el trabajo de las intérpretes y el diseño de producción es tan notable que esta mezcla de 'Alicia en el País de las Maravillas' y 'Las poseídas de Stepford' revela una personalidad propia desde su primera escena.

Además, está claro que -a diferencia de lo que se ve, precisamente, en tantos fashion films que buscan epatar por encima de cualquier otra cuestión- Alice Weddington adora la materia prima que conforma la masa madre de su película. Los devaneos con la serie B de monstruos de los noventa del tramo final (Milla Jovovich, claro, también ayuda en ese sentido) no son casuales, y Weddington los asume de mil amores, descartando -pese a las apariencias- cualquier tipo de superficialidad en su propuesta. Esta autora tiene cosas que contar de verdad.

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