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'Resurrection' cierra la primera temporada con una duda en el aire: ¿qué clase de serie quiere ser?

'Resurrection' cierra la primera temporada con una duda en el aire: ¿qué clase de serie quiere ser?
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Para los americanos, una temporada de ocho episodios es una toma de contacto. ‘Resurrection’ se presentó como un drama emotivo sobre la llegada de un niño a Arcadia, el pueblo donde creció y donde murió ahogado en un río casi treinta años antes. Él no había cambiado, con la misma camiseta y pantalones con los que cayó al agua, pero el tiempo y el duelo habían marcado los rostros de sus padres. La vuelta de un ser querido que falleció es una idea muy potente y el drama humano intrínseco parecía dar forma a la serie.

Seis episodios más tarde, estábamos en las mismas. Por el pueblo habían pasado tres casos: el pequeño Jacob, un criminal llamado Caleb y Rachael, la antigua novia del cura que se quitó la vida cuando estaba embarazada y ha regresado con el bebé todavía en el vientre. Todavía estábamos viendo las consecuencias de sus llegadas, cómo afectaba la paz social del pueblo y cómo cuestionaba los principios morales y teológicos de los habitantes. Al fin y al cabo, era más fácil creer en la resucitación de Cristo como un milagro y no la del vecino del quinto.

Pero este paseo de reminiscencias bucólicas terminó a partir del final del séptimo episodio. Los muertos que volvían a las calles de Arcadia ya no eran un hecho aislado y se asomaron muchos más individuos, personas que habían fallecido a lo largo de todo el siglo XX con sus vestidos propios de la época y perdidos en un contexto que no era el suyo. Pasamos, por lo tanto, de la anécdota al exceso, del caso particular a algo masivo y hasta llegó el ejército. Un desconcierto mayúsculo para aquellos que vieran ‘Resurrection’ como un drama ciertamente íntimo.

La superpoblación de Arcadia

Esta precipitada aceleración chirrió. No digo que la serie no necesite más casos, que no deba explorar otras situaciones, pero la season finale fue como ver otra serie. ¿Por qué habíamos destinado tanto tiempo a observar como los casos afectaban a la comunidad y a seres concretos y de repente nos bombardeaban con cientos de casos adicionales? Este caos rompió el equilibrio, mandó el tono al garete justo cuando todavía estábamos ante una toma de contacto.

El sheriff de
El sheriff parecía tonto y resultó ser peor.
Probablemente lo necesitaba, sí, pero siempre queda la duda de si podría haberse hecho de otra forma, una más apacible. El sheriff pasó de ser un hombre con cara de tonto a la persona más malvada que hemos visto sobre la faz de la Tierra desde Hitler. Era interesante comprobar hasta qué punto su hija Maggie había vivido una realidad alternativa, la faceta más cariñosa de un hombre que podía ser muy oscuro, pero el giro de “recluyámoslos a todos en un campo de concentración, incluyendo al inocente hijo de mi hermano” le convertía en un villano a la máxima potencia.

La llegada del ejército, además, cambió las reglas del juego. Hasta este momento ‘Resurrection’ había jugado con unas reglas muy concretas, había retratado un mundo donde era posible que algunas personas resucitasen y el caso no llegase a las altas autoridades. No tenía que convertir la ficción en algo inverosímil, simplemente parecía un acuerdo implícito en el contrato entre guionistas y espectador, y permitía abordar el drama y las cuestiones morales sin la idea que cualquier momento les podían meter en un laboratorio (un giro que debía llegar en algún momento pero que esperaba para cuando se quedasen sin drama que explotar).

Pero el ejército volvió, los casos se multiplicaron y, al despedir la ficción, tuve la sensación que estaba ante otra ficción. Puede que nos encontremos con una serie mejor, una serie que abrace el tono fantástico y de ciencia ficción y que no le tiemble el pulso a la hora de abordar una mitología y el drama. Pero también puede convertir ‘Resurrection’ en ‘Los 4400’, una serie que no supo como hilar el trasfondo de ciencia ficción y provocó indiferencia cuando se superó la sorpresa inicial de que 4400 personas habían aparecido en el planeta tras ser abducidos por extraterrestres.

La virtud de ser modesta

‘Resurrection’ hasta llegar a este punto tenía sus defectos. Es un telefilme poco ambicioso donde cualquier actor que no sea Frances Fisher o Kurtwood Smith está mal o mediocre (Omar Opps, por ejemplo, todavía no sabe qué hace allí) y tenía un punto inofensivo a la hora de abordar las cuestiones morales (incluso el asesinato de la embarazada quedó en nada porque, voilà, resucitó otra vez). Pero también resultaba reconfortante en su honestidad, en su forma de decir al espectador que quería hablar del factor sentimental y dejar de lado el porqué más explícito y las consecuencias planetarias del suceso.

La iglesia se les habrá quedado pequeña con tanto resucitado.
La iglesia se les habrá quedado pequeña con tanto resucitado.
Ahora, en cambio, no tengo ni idea de qué es ‘Resurrection’. No sé si se ventilarán el campo de concentración en los primeros episodios de la segunda temporada y será otra vez un dramón donde poco a poco conoceremos a los regresados, o si se habrá convertido para siempre en una serie de trama. El cliffhanger relacionado con Marty, el de que sus padres son unos de los afortunados que volvieron, resultó bastante gratuito: ya teníamos suficientes cosas encima de la mesa como para añadir otra que podía esperar.

Además cuesta creer que la serie pueda abarcar mucho más, sobre todo teniendo en cuenta que ya ha ofrecido unos resultados bastante justos imponiéndose un objetivo muy modesto. Si encima metemos el ejército y probablemente órdenes directas del presidente de los Estados Unidos, no me extrañaría que se les fuera de las manos. Una de las virtudes de Arcadia es que parecía un pequeño oasis aislado del resto del planeta y ahora este espejismo puede haberse desvanecido.

En ¡Vaya Tele! | ¿'Resurrection' es una serie filo-cristiana o un vehículo para transmitir la fe?

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