'La ciudad es nuestra': un notable regreso a Baltimore del creador de 'The Wire' para HBO que es implacable en su retrato de la policía
Críticas

'La ciudad es nuestra': un notable regreso a Baltimore del creador de 'The Wire' para HBO que es implacable en su retrato de la policía

Catorce años después, que se dice pronto, regresamos a la Baltimore inmortalizada en 'The Wire'. HBO Max ha estrenado 'La ciudad es nuestra' (We Own This City), miniserie de seis episodios creada por David Simon y George Pelecanos que revisita a la policía de la ciudad portuaria.

Lo primero que llama la atención es que la serie te recibe como si no hubieras salido nunca de casa. La dirección de un Reinaldo Marcus Green ('El método Williams') cómodo y eficiente junto a pequeños detalles (tenemos escuchas, vigilancias, etc.) hace que parezca que estemos ante un regreso también en espíritu a la mentada obra maestra de la televisión.

Eso sí, a pesar de compartir escenario y temas comunes, esta no es tanto una secuela tardía y camuflada de la excelente ficción policial, sino más bien una revisita mucho menos indulgente —podríamos decir implacable— con las fuerzas del orden. Si su antecesora tenía a agentes de la ley remando contra un mar de inercia y desgana sistémica, esta va directa a la corrupción del cuerpo.

En concreto, 'La ciudad es nuestra' gira en torno a la caída de la fuerza especial de rastreo de armas de la policía de Baltimore, acusada de reventa de drogas confiscadas, extorsión, brutalidad y otros delitos tal como relata en su libro el periodista Justin Fenton.

Esto lo vemos a través de la historia de Wayne Jenkins, interpretado por Jon Bernthal —al que hemos visto hace poco en 'El método Williams'—, líder de dicha unidad. Saltando de presente a pasado, vamos viendo su carrera como la gran promesa de la policía y cómo el sistema propicia su actuación. El fin justifica los medios. Mientras los de arriba vean resultados, todo vale.

Café para muy cafeteros

Wunmi Mosaku

Viniendo de Pelecanos y Simon ya sabemos a lo que venimos. La dramaturgia de ambos no es muy amiga del pasatiempo. Sus series son tan densas como interesantes; son escritores, el segundo es periodista y tienen ganas de contar cosas, de exponer. El dúo siempre ha construido sus series y miniseries como una tesis sobre sociopolítica en un momento concreto.

Sin embargo, en 'La ciudad es nuestra' se olvidan de trabajar algunos de sus personajes principales de tal modo que le den un valor e importancia añadida a la exposición de hechos. Incluso diría que hay alguno que otro (como el de Wunmi Mosaku) que parece hecho ex profeso para ello, resultando en una interpretación aséptica.

Aquí es más culpa del papel que tiene que de la actriz. Por lo general, el reparto está afinado, pero el material es desigual. Incluso podríamos decir que es algo más atractivo para los "villanos" como Bernthal o Josh Charles que para los "buenos".

Similar a esto, la miniserie está plagada de decisiones creativas que son algo discutibles. Sus sobreexposiciones, su narración imprecisamente fracturada y la falta de ciertos anclajes con el espectador pueden llegar a hacer perder el interés. Es verdad que no es nada raro viniendo de quién viene pero al condensarse en seis episodios resulta más peligroso.

En definitiva, 'La ciudad es nuestra' es una miniserie bastante notable y pesimista en su descripción del trabajo policial y el sistema de ley y orden. Si bien su calidad es indiscutible nos encontramos con una dosis de seis horas de café para muy cafeteros.

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