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'Los del tunel': España a oscuras
Críticas

'Los del tunel': España a oscuras

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Pocas películas españolas reciente han hecho tanta sangre últimamente con la esencia misma de Lo Español como 'Los del tunel'. Y ya se sabe que es signo de indiscutible clase el saber reírse de uno mismo. Los espectadores parecieron entenderlo así, demostrando un saludable sentido del humor, y la convirtieron en un notable éxito de taquilla. Todos de la mano brindando por las risas... en una película con fondo casi melodramático.

O quizás no tanto, cabría pensar teniendo en cuenta que su responsable es Pepón Montero, que firma el guion junto a Juan Maidagán. Este último estuvo escribiendo en 'Camera Café' reformulando el humor en píldoras con una serie de lecciones sobre ritmo, construcción de gags y definición de personajes que, viendo cómo está ahora el panorama televisivo, cayeron un poco en saco roto.

También la presencia de dos cómicos como el más que adecuado Arturo Valls y Raúl Cimas, una de las presencias cómicas más imponentes e inclasificables de nuestro cine, podría hacer pensar que estamos ante una peripecia tronchante, una parodia rebosante de humor absurdo. Y sí, pero no, porque 'Los del túnel' sigue a rajatabla la regla número uno para que la comedia importe e impacte: dotar de humanidad a los personajes.

'Los del túnel' parte de lo que podría ser material de primera para una película de acción con trasfondo humano (la hubo: 'Pánico en el túnel') o para un drama de supervivencia con elementos escabrosos a lo '¡Viven!' (a cuya mitología caníbal se hace un guiño). Pero aquí se arranca donde el resto de las historias cortan: el rescate y confirmación de las relaciones de amistad, confianza y romance que se han forjado en la desgracia.

Montero, con un cinismo que ya no abandonará el tono de la película, pone en escena este punto de partida-que-en-otros-casos-sería-conclusión con planos generales, música triunfal y una ostentosa grúa para subrayar lo épico de la situación. Y entonces... nos devuelve a lo que no cuenta nadie, regresa a la cotidianeidad. Lo que vamos a conocer es lo que este grupo de desgraciados tiene que vivir después de la traumática experiencia.

Y en la mayoría de los casos, muchos preferirían que un túnel se les desplomara encima: matrimonios tristes y en espiral, salidas del armario por compromiso, trabajos mediocres, existencias sin rumbo fijo, familias que no se entienden... todo ello está elevado a la enésima potencia en el personaje de Arturo Valls, un cuñao prototípico que bajo su coraza de autoconfianza extrema y abusiva esconde decenas de complejos y una vida gris.

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Porque cuando todos dicen que el tunel les cambió la vida, quieren decir exactamente eso: el tiempo que estuvieron dentro, aislados, por primera vez en sus vidas no se vieron agobiados por compromisos mediocres y muy del día a día. Estas palabras tan duras, que darían para más de una reflexión de cuarta sobre el sentido de la vida, conforman el trasfondo de 'Los del túnel', y el film nos las hace tragar con la píldora del humor cruel.

Maestros de la sonrisa congelada

'Los del tunel' tiene claro en qué espejo se está mirando. Se ha hablado de las comedias negras de Berlanga, especialmente 'El verdugo' y 'Plácido', pero no hace falta irse tan lejos. Montero podría tener como referentes a maestros subterráneos de la comedia malvada disfrazada de tontería o de absurdo, como Santiago Lorenzo, Juan Cavestany o el Borja Cobeaga más cabrón, el de los momentos oscuros de 'Negociador'.

La relación de los personajes entre ellos y con su entorno es el punto fuerte de 'Los del túnel'

De todos ellos el guion toma una sabia empatía con los personajes, con los que no tiene piedad y al mismo sabe comprender: el policía que necesita sentirse un héroe, los padres que han fracasado con su hija y no saben ni cómo. Todos ellos tienen una relación torpe y abrumada con su entorno: por supuesto, un tunel que se derrumba les supera. Pero es que hasta algo como una película porno que debería ser acicate contra el aburrimiento, se convierte en un agujero de vacío existencial.

Y aunque Los del túnel tiene momentos ciertamente tronchantes, como el ridículo running gag de Los Pecos, su mayor fuerza está en la amargura con la que describe a un puñado de personas sin propósito. Una vez han bebido orines, dinamitado conductos de ventilación y saltado abismos, solo les queda la revelación de la falsa solidaridad con el Extranjero Bueno para sentirse bien y del grupo de Whatsapp.

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Este extraordinario equilibrio no existiría sin lo milimétrico de los gags y el excelente ritmo de réplicas e interpretaciones (absolutamente todo el elenco está soberbio). Es ese tipo de detalles, de dirección de actores pero sobre todo de realización y montaje, los que distancian a 'Los del túnel', con su tempo triste y cansado, de comedias recientes de mayor impacto como la saga de los apellidos vascos o las películas de Nacho García Velilla.

Es un excelente momento para recuperar 'Los del túnel', ahora que acaba de aterrizar en Filmin. Recuerda su excelente cartel, ya partícipe del humor con sordina de la película, con el slogan "Dicen que está bien". El chiste es estupendo, pero lo cierto es que el debut en la dirección de Pepón Montero está mejor que bien: es una de las cosas más estimulantes que le han pasado a nuestra comedia reciente.

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