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'Joker' divide a psicólogos y criminólogos: una visión peligrosa de la enfermedad mental o el brillante estudio de un asesino
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'Joker' divide a psicólogos y criminólogos: una visión peligrosa de la enfermedad mental o el brillante estudio de un asesino

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Con la ciencia hemos topado. Si ‘Joker’ no tenía suficientes problemas con su discusión dentro del fandom del mundo de cómic y DC, si es facha, incel o no, que se ha ido generando, ahora son los psicólogos y criminólogos a dar su opinión. Y todos no están precisamente de acuerdo en su consideración de la película. O quizá tengan ambos parte de razón. Lo que sí que queda claro es que el cine sigue jugando un papel clave en la formación de actitudes hacia la salud mental.

Por una parte, tenemos que médicos psiquiatras dicen que el supervillano de Joaquín Phoenix perpetúa estereotipos dañinos y, por otra, algunos criminólogos afirman que la película es una estupenda herramienta para el estudio de la construcción de una mentalidad potencialmente asesina. El actor interpreta a un tipo solitario con problemas profesionales y sociales que acaba recurriendo a la violencia. La controversia aparece por su descripción clara de una condición mental, en este caso, la principal señal visible es que se ríe descontroladamente en situaciones de tensión o ansiedad.

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Una imagen incorrecta de la enfermedad mental

El debate sobre las representaciones de enfermedades mentales en el cine ha ido empezando a tomar conciencia sobre problemas de salud mental relativamente comunes, como la depresión y la ansiedad, y un aumento en el rechazo del tipo de prejuicios extendidos que solían rodearlos. Campañas de información efectivas y la responsabilidad en los medios chocan con que en la película se interprete por algunos que se da por hecha la noción de que el deterioro mental necesariamente conduce a la violencia contra los demás.

Es cierto que afecciones de salud mental, como las enfermedades psicóticas, permanecen envueltas en estigma y son constantemente tergiversadas y malentendidas. Esta típica asociación entre enfermedades mentales graves y violencia extrema es casi un tópico y en 'Joker' parece que se utiliza de forma algo a la ligera. Aunque hay artículos para todos los gustos, con ponderación de lo que hace bien y mal, para los doctores británicos Annabel Driscoll y Mina Husain:

“La psicopatología de Arthur es nebulosa en el mejor de los casos: su aparente falta de pensamiento desordenado significa que el intento de ilustrar la psicosis está a medio formar. También muestra rasgos de narcisismo y depresión. Esta imprecisión diagnóstica puede crear un carácter más identificable que refleje el dolor de cualquier enfermedad psiquiátrica; pero da la impresión de que muchos trastornos se han amalgamado como recurso de trama.

Al final, socava el rendimiento hipnótico de Phoenix y los sinceros intentos de ‘Joker’ por explorar la interacción entre pobreza, desigualdad y aislamiento social. También intenta discernir entre la condición psiquiátrica y la neurológica, entre una enfermedad mental y un trastorno médico, pero corre el riesgo de combinar los dos con una imagen inquietante, estigmatizante y problemática.

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Ya sea intencionalmente o no, Arthur se presenta como un supervillano histéricamente risueño, estereotípicamente "loco" a simple vista; Un payaso asesino riendo solo en un autobús. El descenso de Arthur a la violencia y la destrucción se desencadena por su deterioro mental. El resultado de esto es, decepcionantemente, eliminar la regencia de Arthur y desviar la atención de una conversación potencialmente más estimulante sobre la desigualdad de riqueza y su responsabilidad por el colapso social”.

Joker y la construcción de un asesino en potencia

Sin embargo, no todas las voces creen que la película esté en absoluto desinformada. Adrian Raine, un neurocriminólogo pionero en la investigación de las mentes de los delincuentes violentos, fue la primera persona en utilizar imágenes del cerebro para estudiar a asesinos opina que la película:

“Refleja con veracidad el camino que lleva a un hombre a la locura y a cometer actos de violencia; esto es, la combinación de la genética, traumas infantiles, una enfermedad mental no tratada y una provocación social. La película fue una predicción sorprendentemente veraz del background y las circunstancias que, cuando se combinan, crean a un asesino. Mientras la veía pensaba en tomar fragmentos para ilustrar mis clases.

Podría ser una gran herramienta educacional sobre el proceso de hacerse un asesino. Hablo de todos estos factores en mi clase, y honestamente, es realmente difícil hacerse con una historia de la vida real que junte todas las piezas y mucho menos con una película dramática y estilizada que ilustre estos factores con fuerza.”

La enfermedad mental como un factor de riesgo

El criminólogo nombra abandonos, falta de apego y traumas infantiles, La impulsividad y su relación con la violencia, un diagnóstico de depresión, delirios probables de un trastorno personal esquizotípico (una versión diluida de la esquizofrenia), pero respeto a la controvertida relación de la enfermedad mental y la tendencia a matar aclara que el vínculo entre los problemas de salud mental y la violencia es controvertido.

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“No queremos estigmatizar a las personas con enfermedades mentales como personas peligrosas. Pero sí sabemos que la enfermedad mental es una predisposición significativa a la violencia. No, las personas con enfermedades mentales no andan por ahí matando en serie, tramando un homicidio, un atraco a un banco o un robo sino que reaccionan por impulso, y en la película esta violencia está captada de forma auténtica porque son agresiones reactivas, esto es, el uso de la agresión como respuesta ante una ofensa real o percibida”.

“No es un tipo violento per se, solo que no sabe reaccionar sin perder completamente los estribos. Los cinco asesinatos vistos en la cinta no son nada aleatorios, sino que son producto de haber percibido un ataque. Es una bomba de relojería andante que espera a explotar; lo que hizo falta para que explotara fue un estrés vital significativo, palizas, perder un trabajo. No te queda nada. Son factores de riesgo bien documentados: este era el destino del personaje. Nadie nace con ese tipo de violencia”.

La ausencia de relación entre psicopatía y la enfermedad mental.

Hilando más fino, Bárbara Gil Luciano, de la Universidad de Almería y el Instituto de Psicología Contextual de Madrid afirma que está de acuerdo con que la proyección de la formación del asesino en 'Joker' tiene una representación fascinante y acertada pero difiere con Raine porque asegura que:

“Hoy en día la ciencia no ha demostrado que los genes o ningún aspecto biológico sea causal de trastorno mental ni de psicopatía. En nuestros estudios, la psicopatía no puede asociarse con análisis biologicistas fallidos y sí apelando a la historia del individuo, como aplica muy bien la serie Mindhunter, por ejemplo, que desenmascara al psicópata y enfrenta cara a cara lo que realmente es. El análisis fallido de la causalidad aplica contingencias fallidas, cuyas consecuencias van más allá del puro campo científico.

Sin embargo, el arte sí está dando en el clavo. La literatura y el cine llevan abordando este tema de modo soberbio desde hace mucho tiempo. ‘Joker’ es uno de esos ejemplos. Pocas veces he visto un trabajo tan exquisito, tan cuidado y tan repleto de claves esenciales a la hora de contar cómo ocurre que alguien termine haciendo según qué cosas. Cómo las circunstancias vitales moldean al individuo —dejándose de atribuciones mágicas a genes y apariciones marianas—. Los guionistas sabían muy bien lo que tenían entre manos y cómo contarlo de modo certero.

Pero, por otro lado, sin Joaquin Phoenix no lo habrían conseguido. Me atrevo a decir que va mucho más allá de su personaje. (…) La escena del baile en el cuarto de baño es la clave. La primera vez que siente poder, fuerza y liberación. Lo que explica la psicopatía y lo que la mantiene. Poder, fuerza y liberación”.

En su investigación, 'Una aproximación contextual-funcional a la psicopatía', Gil Luciano determina que la impulsividad de la que habla Raine en ningún momento es debida a una condición mental ni tan incontrolable que les llevaría a actuar contra su voluntad. Es el largo historial de factores vitales lo que podría estar controlando o motivando sus acciones.

“La motivación en cada acto criminal deriva de la historia de quien lo comete, como en cualquier tipo de conducta. Los denominados como psicópatas son personas plenamente responsables de su conducta cuyo peligroso (para los demás) comportamiento no está regulado por leyes especiales. No estamos ante seres diferentes a los demás, sino más bien ante diferentes historias de conformación de seres humanos”.

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El Joker no mata por falta de medicación.

Es decir, en ‘Joker’, las enfermedades mentales de Arthur Fleck por bien o mal representadas que estén, no serían en ningún caso la causa de su comportamiento asesino, sino, más bien, en todo caso uno de los motivos que le condicionan a él frente al resto de personas. Aumentando sus posibilidades de exclusión social, haciéndole ser objeto de burlas y otras complicaciones que sumado a la precariedad y otros problemas derivados facilite que su historia personal le lleve a tomar decisiones conscientes en las que los demás salen perdiendo.

Joker’ plasma el viaje de alguien que busca poder y fuerza, de alguna manera liberarse de lo que le oprime, en ningún momento es la depresión o la alta de medicamentos lo que le empuja, sino que está de alguna forma impreso por lo que ha ido viviendo y la película lo imprime de forma clara precisamente gracias a la interpretación de Phoenix y sus bailes, siempre cuando recoge poder, energizándose por sus actos de violencia deliberados. Otro momento imprescindible para captar esto es cuando decide usando plenamente su voluntad, cambiar la dirección del disparo, de su cabeza al presentador del Talk Show.

Fleck se libera a sus apetencias sin tener en cuenta las consecuencias de sus actos, sin empatía y bañado en un narcisismo que poco tiene que ver con su condición de bufón fracasado, su patología de risas en momentos poco adecuados, sus visiones y delirios o su falta de medicación. Hay una entrega consciente a sus bajos instintos y el film lo representa de acuerdo a la historia de un personaje que en los cómics, bajo las risas de maníaco, representa la maldad pura de otros asesinos en serie.

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