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Obras maestras según Blogdecine | 'French Cancan' de Jean Renoir

Obras maestras según Blogdecine | 'French Cancan' de Jean Renoir
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‘French Cancan’ (id, Jean Renoir, 1954) es el segundo título de la trilogía temática creada por ‘La carroza de oro’ (‘Le carrosse d'or’, 1952) y ‘Elena y los hombres’ (‘Elena et les hommes’, 1956), una trilogía no intencionada que conforma la particular visión que un cineasta como Jean Renoir —que hace doblete en este especial de obras maestras— tenía sobre el espectáculo como representación de la vida misma. Una visión y nada complaciente, aunque sí muy festiva, por lo menos en la que hoy nos ocupa, interpretada por uno de sus actores fetiche, Jean Gabin.

Cuando se habla de la obra de Renoir suele establecerse un punto intermedio en ‘El río’ (‘The River’, 1951), primera película, considerada por muchos como la mejor de su autor, que realizó después de su muy interesante etapa americana, cuando viajó a la India antes de volver a su Francia natal. Dicho film supuso el encuentro del director galo con el color, y que encuentra una de sus máximas expresiones en el film que hoy nos ocupa, un canto a la vida, no exento de mirada crítica, y sobre todo al júbilo y la alegría de vivir.

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Impresionismo pictórico

Es ‘French Cancan’ una de esas películas en las que la puesta en escena lo es prácticamente todo. El film gira alrededor de la creación del famoso Moulin Rouge de París a finales del siglo XIX, y la película se aparta por completo de lo expuesto por John Huston es su imprescindible ‘Moulin Rouge’ (id, 1952), y ya no digamos en lo que hizo a principios del nuevo milenio Baz Luhrmann, que no obstante podrían formar un curioso tríptico, separados en tiempo e intenciones, sobre el mítico local, en el que Renoir acerca el baile del can can a las clases burguesas estableciendo una más que incisiva mirada sobre las relaciones humanas.

Tanto en el tratamiento del color —fotografía por parte de Michel Kelber— como en la composición de planos, Renoir hace referencias más que evidentes a pintores del impresionismo, incluyendo a su propio padre, Pierre-August Renoir, pero sobre todo Edgar Degas, pintores que en su primera exposición fueron rechazados abiertamente por la crítica. Degas tenía entre sus temas predilectos el pintar bailarinas, como en el famoso cuadro ‘Clase de baile’, evocado aquí en la parte central de la historia, donde Danglard, al lado de Nini (François Arnoul), una de sus “protegidas”, intentan revivir el particular sueño de aquél.

Es fácil pues encontrar las referencias a los pintores impresionistas coetáneos de la época en la que se desarrolla la película, utilizados por Renoir para establecer en un contexto pictórico lleno de color, en el que establecer una muy inteligente fusión entre clases altas y bajas, otro de los temas constantes en muchas cintas del cineasta. En ‘French Cancan’ ésta se realiza a través del júbilo que proporciona el espectáculo y el baile, como si el divertimento, el pasarlo bien, fuera la única forma de unir no sólo a ambos lados, sino a todo tipo de gente.

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El amor, esa estrella fugaz

Y Danglard (Gabin) en el clímax que proporciona la sensación de haber llevado a buen puerto lo que más se desea, se mezcla en un alegre final entre el público que presencia el espectáculo que él ha creado, formando así parte de ese privilegiado lugar que es el patio de butacas. ‘French Cancan’ muestra el lento crecimiento de un espectáculo, mostrando el interior de dicho mundo, pero sobre todo ensalza el disfrute del que finalmente presencia el producto final.

Por supuesto, las relaciones amorosas están presentes también en esta cinta de Renoir. Entre otros, historias de príncipes enamorados, entregados a jóvenes bailarinas que comprenden/aceptan el alcance de su poder. Danglard, como todo hombre experimentado en la vida y cierto tipo de vida, vive continuos romances con distintas mujeres, a las que convierte en estrellas a su capricho. Pero además, el director se sirve para establecer una terrible alegoría sobre la vida de la bailarina, y que puede extrapolarse hacia cualquier tipo de persona dedicada al espectáculo. Nini es el fututo, la sustituta de Lola, una impresionante María Félix, apodada no sin razón, la Bette Davis del cine mexicano.

Mujeres que sustituyen a amantes, y por ende, a las estrellas del espectáculo para ir pasando el testigo. Y en medio de todo eso, muy sutilmente se muestra a una mujer, casi anciana, y que no es más que una mendiga con la que Renoir realiza la reflexión más terrible de todas: el destino de las estrellas del espectáculo. Brillarán más de una noche, y de dos, y su luz se apagará, como si uno de esos cuadros citados perdiera toda su esencia y su color. Pero antes de que eso suceda, su brillo hará reír y soñar a todos.

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