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Nada de qué avergonzarse: seis claves para disfrutar 'Fast & Furious: Hobbs & Saw' y el cine de acción más descerebrado
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Nada de qué avergonzarse: seis claves para disfrutar 'Fast & Furious: Hobbs & Saw' y el cine de acción más descerebrado

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Antes de que salga el experto de turno a decir que el cine de acción es descerebrado por definición, tendremos que aclarar los términos. El género de acción no se define por su carga intelectual, sino por una serie de recursos estéticos y temáticos, que se pueden enfocar desde una perspectiva más cerebral ('Mission: Impossible', las 'Bourne', 'Matrix', 'Akira') o menos (el cine de Michael Bay, la saga 'Fast & Furious', las obras de autor de Terence Hill y Bud Spencer...).

Nada de ello garantiza la calidad en positivo o lo contrario. Por ejemplo, estaremos de acuerdo en que pocas cosas hay más gratificantes que un buen visionado de 'Y si no... nos enfadamos'. Por desgracia, habrá quien piense que 'Inception', más intrincada argumental y visualmente y con más resonancia intelectual (aunque con escenas de acción de menor contundencia) es superior por el mero hecho de llevar la etiqueta de "cine de acción inteligente".

Decididos a acabar con ese prejuicio y aprovechando que tenemos en salas la última entrega de una de las sagas más gozosamente descerebradas del género, 'Fast & Furious: Hobbs & Shaw', te presentamos unas cuantas claves para acabar con las ideas preconcebidas y otros "peros" sobre los trompazos menos intelectuales. Allá van 6 razones para no dar nunca de lado al cine descerebrado de acción.

1-No es una forma cinematográfica inferior

Ya lo hemos avanzado someramente, pero insistamos, poniendo sobre la mesa algo tan obvio que resulta sorprendente que tengamos que repetirlo tanto. El cine es una forma de narración audiovisual, y por tanto, su calidad no procede de lo elevadas que sean sus ideas, sino de una conjunción única, que no posee la literatura, ni la música, ni el teatro, de imagen, sonido y montaje. O para lo que nos interesa aquí, de ruido, furia y la menor cháchara posible. Lo llamamos acción descerebrada para entendernos, pero estamos hablando, en realidad, de acción elevada y en estado puro.

Es cierto que unas interpretaciones sutiles, un mensaje inspirador o unos diálogos exquisitos son alimento para el alma. Pero en términos cinematográficos, un tornado de tiburones es una forma expresiva de la misma categoría. A estas alturas, y con un olimpo de dioses modernos (los superhéroes) de origen industrial muy humilde y despreciado por la alta cultura (pulp y tebeos) conquistando todas las formas de la cultura pop, suena hasta ridículo tener que justificarse por defender películas de robots gigantes atizándose collejas. 

Pero no está de más recordar que las vanguardias de principios del siglo XX reivindicaron la emoción, la intuición, los sueños y lo primitivo como formas expresivas de mayor validez que la mitología clásica y los retratos de monarcas. El manifiesto futurista de Marinetti decía ya en 1909 que “un automóvil rugiente, que parece correr como la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia". Nuestra Victoria de Samotracia es The Rock sujetando con una mano una grúa y con la otra un helicóptero, como un Atlas moderno sosteniendo el mismo globo terráqueo.

2- La sofisticación en las escenas de acción es superior

¿Por qué Christopher Nolan se puede permitir rodar y montar la acción terriblemente mal (a veces parece que las persecuciones automovilísticas de su trilogía de Batman deberían aprender algo de las de la serie de los sesenta) y que aún así sus películas sean enormemente respetadas? Porque incluso en las más vacías de contenido y más orientadas a la acción, hay una serie de mensajes rimbombantes, de diálogos elevados, de interpretaciones cuidadísimas, que elevan la película en el recuerdo del público 

En las películas de acción pura, la única baza que éstas tienen para cautivar al espectador es la acción, porque los personajes están huecos y el argumento es una mera excusa para encadenar explosiones. Por eso se echan los restos ahí, y por eso se toman riesgos visuales y conceptuales que en un thriller serio no se tomarían. ¿Sabes por qué la secuencia de la persecución en la autopista de 'Dos policías rebeldes II' es tan increíblemente espectacular? Porque nadie tiene nada que perder.

3 - Es la forma de acción más pura

Apuesto a que cuando piensas en Terence Hill y Bus Spencer, no te vienen a la memoria sus chispeantes diálogos ni sus tensas escenas de suspense, sino un tremendo paparajote del gordo en la coronilla de un tío con patillas. Y al pensar en Vin Diesel no lo visualizas murmurando "la familia tal", sino dándole un trancazo al freno de mano y quemando neumático. Eso es porque el cine de acción destilado se expresa mediante la acción. 

La mínima expresión del cine de acción es... la acción. No necesita subterfugios románticos más que para justificar otro rescate in extremis. No necesita diálogos ingeniosos más que para suavizar otra ejecución arbitraria. No necesita motivaciones profundas más que para que entendamos que todas esas muertes tienen una excusa argumental. Se dice que el peor cine de acción es como un videojuego, pero quizás sea el mejor de los cumplidos: salvo ciertos géneros, la caligrafía del videojuego está en la acción, el movimiento, el "hacer". En el cine de acción sin excusa intelectual, eso mismo es lo que mueve sus resortes.

4 - Sus iconos son intercambiables

Muchos detractores de la vertiente más intuitiva, pasional y descerebrada del cine de acción claman que sus iconos, los actores y actrices del género siempre hacen el mismo papel. The Rock siempre es The Rock. Statham siempre es Statham. Michelle Rodriguez siempre es Michelle Rodríguez. Pero esa es una de sus mayores fuerzas, porque nos conduce a hablar de símbolos llevando a cabo la acción, no a meras fichas de personaje anecdóticas. 

Por eso, cuando vemos a Van Damme en todas sus películas haciendo el despatarre o a Schwarzenegger soltando los mismos chistes en 'Batman & Robin' que en 'Commando', le da igual, sabemos que no estamos limitados por conceptos clásicos de guión que obligan a pensar en biografías, motivaciones o psicologías complejas. Estos colosos de la acción desnortada están por encima de las normas y nos lo hacen saber al margen de las reglas narrativas habituales. 

5 - Los clásicos hacían acción descerebrada

Buster Keaton, Charles Chaplin o Harold Lloyd son clásicos absolutos de la historia del cine. Sin embargo, sus películas y el género del slapstick o comedia muda, solo buscaban la emoción fugaz, momentánea y desintelectualizada. No vais a encontrar mensajes profundos ni personajes de gran trasfondo en 'El maquinista de la general' o 'El hombre mosca', sino insensatas acrobacias que desafían la razón y las más elementales normas de la autopreservación.

Y el cine mudo estaba tan cargado de dramas folletinescos, adaptaciones literarias y actores intensos como ahora. Más todavía, si cabe. Pero unos cuantos acróbatas con poco apego por la propia integridad física decidieron que no querían contar historias de huerfanitas, sino ponerse en el sitio justo para que la fachada de un edificio se te pudiera caer encima. Aún hoy, su legado se puede encontrar en películas de The Rock o los grandes del muy descerebrado y muy increíble cine de acción hindú, como Prabhas (y a cuyas set-pieces de locura digital les debe tanto la saga 'Fast & Furious')  

6 - El cine de accion descerebrado es autoconsciente

Nunca sabremos si cuando el viento ondeaba la melena de Nicolas Cage en 'Con Air' él era consciente de que estaba al frente de uno de los más grandes monumentos a la acción descerebrada de todos los tiempos. No lo sabremos porque Nicolas Cage es un enigma la mayor parte de las veces, pero podemos decir sin demasiado miedo a equivocarnos que la mayoría de las estrellas del cine de acción chorra son muy conscientes de que van en vehículos sin frenos dispuestos a alcanzar la velocidad punta de la insensatez máxima.

No solo eso: las propias películas lo saben. Por eso en 'Hobbs & Shaw' hay una pelea a tres bandas con puñetazos a cámara hiperlenta que parece un gag de Hill y Spencer. Por eso 'Commando' se abre con un plano de Schwarzenegger cargando con DOS PINOS, uno en cada brazo. Medio en broma, medio en serio, son películas conscientes de que nunca van a tener la respetabilidad ni la inmortalidad del cine de acción serio. Ni lo necesitan. Y si piensas otra cosa, te tiran un coche haciendo trompos en el aire a la puñetera cara, y se te quita la tontería. 

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