Marvel, hubiésemos llegado mejor a 'Spider-Man: No Way Home' con todas las sorpresas intactas
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Marvel, hubiésemos llegado mejor a 'Spider-Man: No Way Home' con todas las sorpresas intactas

Qué maravilloso es sumergirse en la siempre agradable oscuridad de una sala de cine para enfrentarse a un largometraje sin tener prácticamente ni idea de lo que está por venir durante el próximo par de horas. Repetir experiencias cada vez más anómalas como la vivida, ya que hablamos del Universo Cinematográfico de Marvel, en una 'Vengadores: Infinity War' cuya sucesión de giros, muertes y momentos de impacto se sintieron a flor de piel gracias al hermetismo previo al estreno, parece algo propio del pasado.

En la otra cara, menos lustrosa, de la moneda encontramos campañas promocionales destructivas —para la experiencia, no para la taquilla— como la de 'Spider-Man: No Way Home'; a cuya gestión chapucera de los tráilers con convenientes borrados digitales y excesos de información habría que sumar la filtración de guiones, la confirmación de rumores, la proliferación de teorías confirmadas extraoficialmente e, incluso, declaraciones de mandamases como el propio Kevin Feige que, más allá de generar hype, mataban lo poco que le quedaba de misterio a la producción.

Finalmente, después de ver 'No Way Home', puedo confirmar con no poco pesar que los meses y meses de especulación y secretos a voces se han terminado traduciendo en una aventura de 148 abultados minutos que se limita a rellenar los huecos dejados por sus avances con menos garra de la que cabría esperar. Un viaje sobradamente entretenido e intenso, pero cuyo único giro realmente inesperado sirve para convertir la frescura de las anteriores entregas en un nuevo refrito de tópicos arácnidos explotados hasta la saciedad.

Entre cuatro paredes

Que no se me malinterprete. Dejando a un lado mis pegas hacia la incapacidad de 'Homecoming' para liberarse de las ataduras del universo compartido, no dudo en declararme un gran defensor de las peripecias del Hombre Araña de Tom Holland, especialmente de la divertidísima 'Lejos de casa'. De hecho, 'No Way Home' tenía, sobre el papel, todos los elementos y el potencial para haber sido un auténtico bombazo; pero, finalmente, estos se han quedado reducidos a una suerte de amalgama de recuerdos amontonados en un álbum utilizando un adhesivo demasiado endeble.

Es fantástico, e incluso llega a ilusionar ver circular en pantalla algunos de los rostros que nos han acompañado durante los veinte años que han transcurrido desde que Sam Raimi firmase la fantástica 'Spider-Man' de 2002. Pero cuando Jon Watts se limita a encerrarlos en habitaciones para hacerlos interactuar a golpe de diálogo durante la inmensa mayoría del metraje, como si todo fuese un trámite entre guiños cómplices al patio de butacas, resulta complicado no dejarse inundar por el amargo sabor de la decepción.

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Como comentaba, 'Spider-Man: No Way Home' posee un giro —afortunadamente inédito— determinante para el presente y el futuro del Trepamuros que, además, convierte a la película en la más sombría de la franquicia. No obstante, este twist, aunque cumple con creces su función narrativa dentro de la historia, evidencia una inconsistencia tonal que va más allá de los patinazos habituales del MCU con el humor bobalicón; llegando a mostrarse incongruente al hacer virar a ciertos personajes de las lágrimas a protagonizar una escena cómica marca de la casa por corte.

Afortunadamente, existen dos factores que disipan ligeramente estas sensaciones, siendo el primero de ellos unas setpieces que, pese a escasear en cómputo global —lo cual no deja de chocar teniendo en cuenta la naturaleza de la cinta—, estar construidas a base de reciclaje y abusar de la oscuridad, resultan lo suficientemente estimulantes. El segundo, como no podría ser de otro modo, es un surtido de protagonistas que mantiene intacta su química y ante el que es difícil no caer rendido; mención especial para un dúo compuesto por Holland y Zendaya realmente encantador.

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Pero, más allá de esto, no dejamos de estar frente a una nueva exhibición de artificios de guión colocados a favor de la conveniencia y no de la coherencia, y de decisiones absurdas —la base del conflicto interno que desencadena el externo no es que sea demasiado sólida— canalizadas a través de una premisa que palidece después de haberse estrenado esa maravilla titulada 'Spider-Man: Un nuevo universo' el pasado 2018.

'Spider-Man: No Way Home' me ha hecho desear habitar en un multiverso en el que pudiese transportarme a una realidad en la que la campaña publicitaria de la película se hubiese tratado con un mayor secretismo. De ser así, estoy seguro de que hubiese ahogado gritos con cada aparición estelar, hubiese disfrutado cada una de sus referencias nostálgicas y, lo que es más importante, hubiese sido mucho menos consciente —y este es el gran superpoder del fan service— de los defectos presentes en el que, pese a su voluntad grandilocuente, es el título más flojo de la trilogía.

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