Festival de San Sebastián 2022 | 'No te preocupes querida' no es el desastre que muchos habían anticipado, pero sí es el macarrones con tomatico de las distopías suburbanas
San Sebastián

Festival de San Sebastián 2022 | 'No te preocupes querida' no es el desastre que muchos habían anticipado, pero sí es el macarrones con tomatico de las distopías suburbanas

Dentro de unos años, cuando se hable de 'Rust', nadie recordará ni un minuto de la película, pero por siempre será aquel rodaje en el que Alec Baldwin mató a Halyna Hutchins, al igual que 'El cuervo', al margen de sus méritos cinematográficos, siempre será más recordada por ser el último papel (forzoso) de Brandon Lee.

Lo mismo le ocurre, salvando las distancias, a 'No te preocupes querida', presentada en el Festival de San Sebastián: todos hemos vivido muy intensamente el culebrón detrás de las cámaras, los cuernos, el supuesto escupitajo, el despido de Shia LaBeouf, el vídeo filtrado de Olivia Wilde hablando de "Miss Flo", la propia Florence Pugh en Venecia con un Aperol Spritz en la mano durante la rueda de prensa del resto del equipo. La película no es más que el telón de fondo del runrún cinematográfico de la temporada... Y después de verla, es normal: es la única manera en la que alguien iba a hablar tanto de ella.

OliviaVision

El cine nos ha enseñado a temer los vecindarios suburbanos americanos. Desde 'El show de Truman' hasta 'Wandavision' pasando por 'Las esposas de Stepford', 'Mujeres desesperadas' o 'Vivarium', no hay una línea de casas residenciales absolutamente iguales unidas solo por una carretera que no nos haga intuir que algo malo está a punto de ocurrir. Hay muchísimas variaciones posibles tomando como base ese ideal americano de los 50, siempre tan lleno de color, sonrisas, mujeres sumisas y crimen. Tantas, que tomar el camino más sencillo, típico y aburrido, como hace 'No te preocupes querida', es lo más decepcionante de todo.

Es incomprensible cómo Olivia Wilde ha decidido pasar de la (pese a todo) estupenda comedia de personajes que era 'Superempollonas' a esta distopía del todo a cien en la que todo, desde el minuto uno, está telegrafiado. La directora trata al público con una altivez vergonzosa, reforzando conceptos una y otra vez en un guion tan sutil como una apisonadora de quince toneladas acompañada de un estilo visual que a estas alturas no sorprende, pero cree que sí.

Dont Worry Darling

Y, cuando todo explota y el misterio se hace obvio no solo para el público (que ya intuye el meollo desde hacía más de una hora) sino también para los personajes, la película, que al menos se distingue hasta entonces por un tono uniforme y una dirección llamativa y coherente, explota por los aires y se convierte en la crónica del desastre anunciado que tantos vaticinaban.

Razones para preocuparse, querida

Siento decepcionar a los que van buscando carnaza, pero 'No te preocupes querida', durante su mayor parte, no es un bodrio, ni una película infame, ni pasará a la historia de las peores películas de la historia. Es peor que todo eso, porque al menos de esa manera habría suscitado alguna reacción. La cinta de Wilde es lo más simple, el mínimo común múltiplo de las distopías, una absoluta nadería que no suscita emociones, debates furibundos ni nada más que una absoluta y profunda indiferencia.

No Te Preocupes Querida

No es culpa, desde luego, de Florence Pugh, que demuestra aquí que es capaz de levantar hasta el plato de macarrones con tomatico de bote más sencillo (y paradójicamente menos humilde): la actriz se mueve con soltura en el papel de esposa feliz que empieza a notar que hay algo raro en su vecindario. Es ella, y solo ella, la que sale triunfadora de 'No te preocupes querida', por encima del solvente Harry Styles y una Olivia Wilde que intenta tener tanta voz propia que acaba forzándola.

No es que, más allá de los minutos finales, con una persecución que transmite auténtica vergüenza ajena, Olivia Wilde no rinda. Todo lo contrario: sabe crear planos icónicos (pero que repite una y otra vez hasta el hastío), mueve la cámara en los momentos apropiados, sabe cómo imitar el estilo de los años 50 cuando es necesario. Y, sin embargo, la cinta está carente de alma, corazón y estilo, como si la planificación ya la hubiera dado hecha y estuviera dirigida por una máquina. Tiene algunos momentos estupendos (Pugh aprisionada contra el cristal de su casa) pero no compensan unas escenas de acción que la directora claramente no sabe cómo abordar. Es normal que buscara nuevos retos después de 'Superempollonas', pero este bochorno no era necesario.

Aquí se corren las mujeres

Hubo una frase de Wilde que se hizo viral durante las entrevistas de presentación de la cinta en la que indicaba que en ella primaba el placer femenino: "Los hombres no se corren en esta película. ¡Solo las mujeres!". Es técnicamente cierto, pero hace pensar si ha entendido su propia película, un retrato de la sumisión femenina a través de la felicidad inducida con un marido que premia los asados de su mujercita con un cunnilingus de vez en cuando. Puede que 'No te preocupes querida' tuviera buenas intenciones (no me cabe duda), pero le faltaban unas cuantas vueltas hasta ajustarla del todo.

La simpleza de la cinta es aterradora, de primero de guion, más propia de una serie B de hace ochenta años que de la actualidad, pero que ni siquiera sirve como homenaje. Algo falla cuando revelas tu gran misterio y en la sala hay quien reprime una carcajada al descubrir que su primera intuición era la correcta. Es, por ponerlo así, como si en la primera página de una novela de Agatha Christie pillaran al mayordomo en la misma habitación que el asesinado con el cuchillo ensangrentado en la mano, y en el giro final se revelara que, efectivamente, él era el asesino. No puede haber tensión dramática con un resultado tan obvio.

Y, pese a todo, 'No te preocupes querida' se deja ver. Es simple, desastrosa en ocasiones pero bien interpretada y con buenas ideas de una directora obsesionada por marcar la diferencia. Y, desde luego, nunca es aburrida ni se siente como un accidente de tren a cámara lenta. Es, más bien, como un paseo en Cercanías que has hecho ya varias veces: no vas a ver nada que te sorprenda, pero tampoco te molesta haber hecho el viaje, pero de lo que más te vas a acordar es de la bronca que viste en unos asientos entre un grupo que se llamaba de todo. Al final, ahí es donde te preocupas. Querida.

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