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Retroback 09: Los clásicos en pantalla grande, mucho mejor

Retroback 09: Los clásicos en pantalla grande, mucho mejor
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Vaya. Ver un clásico en el cine, en pantalla grande, es una gozada. Y en realidad no es tanto por la pantalla. Quiero decir, está claro que no es lo mismo ver una película en una televisión corriente o un ordenador portátil. Pero sería una cuestión a discutir si cuanto más grande sea la pantalla, mejor (si es así puedo forrarme, tengo la patente de una pantalla de 17 kilómetros de largo). En realidad es otra cosa, es quizá parte de eso que llamamos “la magia del cine”. El ritual. La taquilla, el olor a palomitas, la sala oscura. Hay algo que se pierde cuando ves cine en casa, ¿no os parece?

Por eso me gusta tanto el festival que estos días da mayor vida a la bella Granada. Clásicos, versión original subtitulada y pantalla grande. Son los tres ingredientes principales de Retroback, el festival de cine clásico del que os informé hace un par de semanas, el primero de este tipo que se celebra en España. He tenido la suerte de que actualmente resido en dicha ciudad, así que la cita con este festival era, sencillamente, ineludible.

Por motivos que no vienen al caso, no he podido asistir a muchas de las proyecciones que tenía previstas, pero os iré dejando, poco a poco, las críticas de todas las películas que sí he tenido la oportunidad de ver; y volver a ver, porque más que descubrir títulos, he podido recuperar clásicos que había visto hace bastantes años. Por ejemplo, os escribo esto aún con el impacto que me ha dejado revisar ‘Manhattan’, definitivamente, una de las cinco mejores películas de Woody Allen. Y en mi opinión, particular y transferible (a cambio de una gran suma de dinero), una de las comedias dramáticas más maravillosas de la Historia del séptimo arte. Como digo, ya os hablaré de ella, y de otras más, con más detalle.

Una última reflexión que me ronda por la cabeza ahora mismo, aunque siempre está ahí cuando hablo de cine, es la extraña, fascinante, y también preocupante, forma en la que una película puede variar en nuestra memoria. ¿Es porque el momento de verla influye muchísimo? ¿O es que nos influyen las aportaciones de los demás? ¿Se debe a que cambiamos nosotros, nuestro punto de vista? ¿Qué pensáis?

Lo cierto es que tras un tiempo, y puede ser tanto diez años como diez horas, podemos pensar de formas muy diferentes sobre una misma película. De este modo, no es raro que algunas las olvidemos por completo y otras las recordemos a la perfección; que algunas nos parezcan malas y después buenas, o al revés; que algunas escenas nos dejen indiferentes y luego nos hagan retorcernos de risa. Cosa curiosa el cine. Cómo nos afecta, nos acompaña, cómo vive (y muere) dentro de nosotros.

Me alegra que la imagen de Audrey Hepburn en ‘Desayuno con diamantes’ adorne las calles de Granada, me recuerda que, pase lo que pase, siempre nos quedará la magia del cine.

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