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'Amor. Boda. Azar': una comedia romántica de Netflix para los más incondicionales del subgénero
Críticas

'Amor. Boda. Azar': una comedia romántica de Netflix para los más incondicionales del subgénero

Hace bien poco os hablaba de ‘Mi primer gran combate’, uno de los últimos estrenos cinematográficos de Netflix, pero es que el mismo día que esa discreta carta de amor al wrestling llegaba a la plataforma también lo hacía ‘Amor. Boda. Azar’ -título claramente inspirado en el magnífico eslogan de ‘Al filo del mañana’-, una comedia romántica sobre el papel destinada a un público completamente diferente.

En mi caso siempre he sentido cierta debilidad por ese subgénero -incluyendo su vertiente más comercial y normalmente no muy trabajada-, así que aproveché que el encierro por el coronavirus ha trastocado mis horas de sueño para darle una oportunidad a este remake de la producción francesa ‘Plan de table’. No es que acabara horrorizado, pero sí tengo claro que es una propuesta solamente recomendable para los amantes más incondicionales de este subgénero.

Poco inspirada

Escena Amor Boda Azar

Podría decirse que ‘Amor. Boda. Azar’ está dividida en dos mitades. En la primera parece quererse jugar con unos recursos similares a los utilizados con bastante acierto en su momento por ‘Cuatro bodas y un funeral’, introduciendo varios invitados a la boda que podrían resultar simpáticos en su excentricidad pero que aquí carecen de elementos que los hagan especiales. En parte por no querer darles espacio, pero con otros porque simplemente son encaminados rápidamente hacia tramas convencionales que no te terminan de atrapar.

Además la dinámica que se establece entre Sam Claflin y Olivia Munn también busca algo parecido a la que surgía entre Hugh Grant y Andie McDowell en la película de Mike Newell, pero cuando mejor funciona es cuando algo externo interfiere. Pienso sobre todo en su primer y último encuentro, donde hay dos pequeños chispazos cómicos de agradecer. El resto del tiempo, incluso cuando se recurre de forma puntual al humor, hay algo que no termina de cuajar, quizá sea porque no existe la química necesaria entre ellos para el juego que nos plantea la película. Y es una pena, porque ambos por separado sí que cumplen, sobre todo él como el pobre diablo que antepone la bienestar de los demás al suyo propio.

Imagen Amor Boda Azar

Así es como ‘Amor. Boda. Azar’ va perdiendo poco a poco el interés del espectador, incluso el más paciente que tampoco está pidiendo más que una comedia romántica que cumpla unos mínimos. Queda el clavo ardiendo del enredo, nunca suficientemente potenciado, pero es como si todo en la película se conformase con ser poco más de lo que esperaríamos en un telefilm anodino de los que a veces nos cruzamos durante la sobremesa de los fines de semana.

Incluso visualmente hay algo en la fotografía que no termina de encajar, es como si se quisiera jugar con el hecho de transcurrir en Italia para dar una luminosidad naturalista que a veces resulta ligeramente artificiosa. El director y coguionista Dean Craig busca limitar eso a través de un uso de la cámara que busca el movimiento y la fluidez siempre que le resulta posible durante los primeros minutos, buscando quizá dotar de un acabado formal más dinámico, pero es un esfuerzo que cae en saco roto.

Un giro agradecido

Amor Boda Azar Escena

Por el camino sí que surge algún secundario que puede llamar la atención del espectador, pero más en función de cómo puede verse reflejado parcialmente en lo que nos muestra la película o de lo ridículo que le resulte. En mi caso fue con el invitado con habilidades sociales escasas que se presenta con un kilt sin ser escocés, quizá por ser el personaje en el que percibí un poco de verdad. No es que el tratamiento del mismo sea gran cosa, pero tampoco lo arruinan con excesos innecesarios.

Eso sí, cuando uno está a punto de tirar la toalla llega un giro que ya se nos había adelantado previamente en cierta medida para dar ofrecer un enfoque -literalmente- diferente a lo que acabamos de ver. De esta forma, los personajes se enriquecen ligeramente y el peso de sus acciones tiene algo más de amplitud dramática. Sigue sin hacer despegar la película, pero sí ayuda a que uno siga adelante con ella con algo de curiosidad en lugar de limitarse a hacer de tripas corazón.

En resumidas cuentas

‘Amor. Boda. Azar’ es una adición al creciente catálogo de comedias románticas originales de Netflix que se queda lejos de alcanzar el nivel de propuestas estimables como ‘A todos los chicos de los que me enamoré’ o ‘Quizás para siempre’ y se asemeja más a una más de cuando Hollywood las estrenaba con asiduidad. Puede servir si “necesitas” ver una película así, pero incluso en esa situación no esperes encontrar nada del otro mundo aquí.

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