'Cowboy de Copenhague': la serie de Nicolas Winding Refn para Netflix es un precioso salvapantallas de seis horas donde el autor de 'Drive' pasa de lo brillante a la autoparodia
Críticas

'Cowboy de Copenhague': la serie de Nicolas Winding Refn para Netflix es un precioso salvapantallas de seis horas donde el autor de 'Drive' pasa de lo brillante a la autoparodia

‘Cowboy de Copenhague’ es la nueva serie de Netflix del escritor y director de ‘Drive’, Nicolas Winding Refn, y tiene todas sus marcas características, desde la violencia a sus decorados bañados de neón, pero esta vez su universo criminal y estético se expande durante seis capítulos, en los que se mezclan elementos sobrenaturales, surrealistas y casi experimentales, sin dejar muy claro qué vertiente de su cine decide elegir.

NWR es uno de esos cineastas que la gente ama o le gusta odiar. En su currículum figuran trabajos sobresalientes como ‘Bronson’, ‘Pusher’ y ‘Drive’, con otras piezas más divisivas como ‘Solo Dios perdona’ y ‘The Neon Demon’, pero en los últimos años ha ido profundizado en su vertiente más autoindulgente, especialmente en 2019, con su primera serie, ‘Demasiado viejo para morir joven’ con la que demostró que, a veces, darle a un director una serie larga no siempre funciona bien. Guste o no, Refn está de vuelta con otra serie limitada, esta vez con Netflix, en el que es su primer proyecto en danés desde 2005.

Mezcla de géneros prometedora

‘Cowboy de Copenhage’ una serie de cine negro en seis episodios que sigue a la joven y enigmática heroína, Miu, quien, después de una vida de servidumbre busca un nuevo comienzo, atravesando el siniestro paisaje del inframundo criminal de Copenhague. Mientras busca justicia y venganza, se encuentra con su némesis, Rakel y se embarcan en una odisea a través de lo natural y lo sobrenatural en a que el pasado finalmente transforma y define su futuro, para descubrir que ambas no están solas, sino que son muchas.

NWR mezcla ideas propias de ‘Kill Bill’ dentro del inframundo criminal danés, expandiendo el género con una familia de vampiros y rompiendo el velo, aparentemente delgado como el papel, entre los habitantes sobrenaturales de otra realidad y los diversos jefes de la mafia, burdeles y otras bandas. En otras palabras, esta debería ser una de las series más alucinantes de la historia. En cambio, Refn parece más preocupado en sus excentricidades y no es capaz de definir una sola pista sobre el mundo en el que se desarrolla en los primeros dos episodios.

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El director elige la excentricidad a la magia y tampoco presta demasiada atención a Miu, quien pasa el primer episodio atrapada en un burdel danés que aparentemente está en medio de la nada, antes de escapar en el segundo por un camino de tierra que conduce a un restaurante chino igualmente apartado. La mayor parte del tiempo lo pasa mirando a la cámara en primeros planos largos y casi estáticos que tienen menos contenido y significado del que aparenta.

Un tapete luminoso e hipnótico

Hay ciertos momentos en los que ‘Cowboy de Copenhage’ parece que está a punto de convertirse en algo, cualquier cosa, más interesante que su aburrido arranque, pero, NWR parece obstinado en mantener alejada a su serie de lo que pueda darle un pequeño impulso argumental, prefiriendo esquivar sus ingredientes más enigmáticos y diferenciales, como los seres sobrenaturales o lo poderes psíquicos, para centrarse en figuras de poder, diálogos dilatados en susurros y frases espaciadas pase lo que pase a los personajes.

Refn siempre ha sido un increíble creador de imágenes, singularmente dedicado a su propia estética específica, y aquí sigue su máxima, pese a que en el formato serial necesite cimentar su viaje en algún proceso de escritura que parece que no ha tenido lugar. La dedicación a hacer más densa la atmósfera es inversamente proporcional al sentido de sus silencios, creando un tono que no acaba de concretaren una narración fluida, lo que convierte los aspectos más interesantes de la serie en conclusiones frustrantes.

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Las posibilidades de un thriller criminal infectado por el inframundo que acecha en las calles y el bosque de Dinamarca, empujan el límite de la narración narrativa, pero no en el buen sentido. De nuevo con un cheque en blanco y sin supervisión de Netflix, NWR y sus coguionistas Sara Isabelle Jonsson Vedde, Johanne Algren y Mona Masri picotean en el cuento de hadas de terror gótico con sexo y violencia. Consigue una gran belleza en las imágenes y tiene hasta homenajes—puede que demasiado reiterativos— a ‘El resplandor’ , pero con frecuencia se ve colapsada por su propia desconexión temática entre escenas y episodio.

¿Genialidad o tomadura de pelo?

Angela Bundalovic hace lo mejor que puede con su guion monosilábico, pero es imposible simpatizar con ella en su viaje de venganza y da rabia que no hubiera más interés en explorar realmente su personaje más allá de su físico particular, opuesto al que podemos pensar como una gran asesina. Pero NWR se obsesiona con otros momentos, fotogramas y planos como una pelea que va dejando destellos —mismo recurso de Panos Cosmatos es su igualmente vacío episodio ‘La visita’— que parecen grandes ocurrencias de alguien demasiado autoconvencido de que es brillante.

La realidad es que en seis horas hay demasiados tiempos muertos como para no cuestionar la genialidad del autor, que más bien parece estar reciclando las ideas que le llevaron al éxito, solo que en este video musical falta música. La conclusión más clara tras ver todos los episodios y observar la redundancia con su proyecto anterior es que a Nicolas Winding Refn le conviene volver a hacer largometrajes con tiempos de ejecución limitados. Su planos de frente, sus luces de neón y sus trucos de despiste bordean ya la autoparodia, parece más un fan de David Lynch y Dario Argento que no acaba de encontrar su voz que el director de ‘The Neon Demon’.

Angela Bundalovic

Más grosero resulta ya el envoltorio synthwave, que moló hace 10 años, y hoy, como ‘La visita’ de Cosmatos, resulta tan trasnochado como vestir con pitillos ajustados o decir "lo cuñado". NWR necesita salir de las plataformas, porque parece que ya sostiene el plano para ahorrar localizaciones. En ‘Cowboy de Copenhage’ vuelve a tratar de hacer momentos histriónicos y salirse de lo esperado, pero esta vez la broma eres tú, y el tiempo de la vida corre demasiado rápido como para perder más el tiempo con caprichos de enfant terribles a cuenta del talonario de la pobre Netflix.

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