Festival de Cannes 2022: Ruben Östlund sigue retratando la superficialidad de nuestro tiempo con su mordaz triángulo de la tristeza
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Festival de Cannes 2022: Ruben Östlund sigue retratando la superficialidad de nuestro tiempo con su mordaz triángulo de la tristeza

Por alguna razón, Ruben Östlund es uno de esos directores que genera pasiones y odio encarnizado, normalmente a partes iguales. Con sus sátiras sociales de brocha gorda, a la vez que de hilar finísimo con el objetivo de sus dardos envenenados, el director de 'Force Majeure' y 'The Square', dispara a diestro y siniestro de esa forma aparentemente inocente y ligera, pero en el fondo tremendamente política, que parece que escuece a muchos.

'Triange of Sadness' no es para menos. El ganador de la Palma de Oro hace cinco años tiene toda la intención de volvérsela a llevar con esta nueva crítica brutal sobre los ricos y los pobres y cómo se invierten los papeles en cuanto se tiene ocasión. Una comedia salvaje e irrepetible que, aunque como de costumbre excesiva en metraje, absolutamente desternillante. Una reacción generalizada en un auditorio abarrotado compartiendo carcajadas como no suele ocurrir en este festival de Cannes.

A bordo de un Titanic de la era de las redes sociales

Empezando por una secuencia inicial absolutamente brutal y tan cínica que roza lo cruel, la de Östlund tiene un arranque perfecto con esa escena tan incómodamente divertida que además aclara la hilarante razón para su título. Un preludio increíble que augura la salvajada que está por venir, pero pone el listón altísimo.

Lo impecable de su inicio es extensivo a toda su primera parte, absolutamente brillante, mordaz y con un humor negro inspiradísimo que, de forma completamente orgánica y a la vez inesperada, acaba evolucionando en lo escatológico en un pico de la acción tan aberrante que resulta incluso abrumador. De esos momentos que no sabes si reír o llorar, o todo junto. Le sigue una segunda parte, sin embargo, más redundante y predecible demasiado larga para poder considerarla una obra redonda, pero igualmente divertidísima, y con un final que cierra el círculo.

Un grupo de turistas exitosos y pudientes se pasean por un océano paradisiaco en un crucero de lujo en el que todo es exquisito y a gusto de los caprichos de esta panda de millonarios de convicciones diversas y satisfechos estilos de vida. La pesadilla empieza en medio de una tormenta con el naufragio del barco, dejando a sus poco hábiles tripulantes desamparados y abandonados a su suerte.

Partiendo de la relación entre una pareja de modelos influencers perfectísimos y odiosos, como suele ser marca de los trabajos del autor la película se abre a un puñado más de personajes igualmente dudosos para convertirse en una obra coral del horror y la perversión. Con un reparto mixto que de nuevo mezcla idiomas, aunque en esta ocasión mayoritariamente en inglés, ‘Triangle of Sadness’ cuenta con un repartazo internacional, encabezado por el inglés Harris Dickinson y la actriz y modelo sudafricana Charlbi Dean, y con el apabullante cameo de Woody Harrelson.

Siguiendo la línea de ‘The Square’ y aún manteniendo algo de la fantástica ‘Force Majeure’ en cuanto al declive moral de sus protagonistas cuando caen las caretas ante la tragedia, ‘Triangle of Sadness’ contempla la caída en picado de unos personajes aparentemente muy dignos y con unos principios declaradamente sólidos.

Una sátira negrísima sobre la estupidez de la superficialidad de nuestro tiempo, donde el éxito se mide por cuánto dinero se gasta de la forma más absurda, o mejor dicho, cómo se muestra. Casi tres horas que capturan la ruina del postureo más anodino en su caída libre desde lo más alto de cubierta hasta el fondo del océano. Un retrato de la decadencia humana de alma podrida ante la pérdida de su propia perspectiva.

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