Festival de Cannes 2022: entre amigos belgas en la montaña y de viaje con un adorable burro polaco
Críticas

Festival de Cannes 2022: entre amigos belgas en la montaña y de viaje con un adorable burro polaco

Después de 'Coupez!', el remake de zombies que inauguraba hace unos días el Festival de Cannes, Felix Van Groeningen y Charlotte Vermeersch abrían la sección competitiva con el primer largometraje de autoría compartida entre la pareja flamenca, que nos llevaba a las impresionantes montañas del norte italiano en una ambiciosa producción de alabanza de lo rural. En esa línea de toma de contacto con la naturaleza, el festival programaba poco después ‘Eo’, la original historia de aventuras y desventuras de un adorable burro polaco.

‘Le Otto Montagne’ (Felix Van Groeningen y Charlotte Vandermeersch)

Parece que la vuelta a la vida en el campo no sólo es motivo de reflexión para la nueva ola de cineastas españolas, sino que resulta recurrente en la cinematografía europea del momento. Tras el éxito inicial del debut prometedor que encumbró a Felix Van Groeningen con tan sólo una película, y después de probar suerte en el indie americano, el belga sigue en busca de su personalidad cinematográfica dando voz a historias fuera de su país.

Aunque con alma absolutamente italiana, ‘Le Otto Montagne’ transluce la mirada flamenca de sus autores a través de las formas de vida de sus personajes y le confiere una identidad extraña, que da un toque especial a algunos momentos ingeniosos y en otros descoloca, terminando por transmitir superficialidad en su visión romantizada de la vida en un contexto ajeno a sus autores.

Pietro pasa los veranos en las montañas con sus padres desde pequeño, donde conoce a Bruno, el único niño del pueblo, que además tiene su misma edad. Tras un intento fallido de llevárselo con ellos a la ciudad para seguir sus estudios, al hacerse mayor Bruno (Alessandro Borghi) sabe que las montañas serán su vida hasta el final de sus días y consagra su existencia a los trabajos del campo, donde es feliz. Pietro (Luca Marinelli), sin embargo, con ese aire cosmopolita del que tiene todas las posibilidades a su alcance, crece viajando por el mundo en busca de su yo interior.

Con esta premisa, ‘Le Otto Montagne’ persigue una historia de amistad incondicional a través de los años y de búsqueda de la identidad en un alegato a lo natural desde la mirada de la juventud contemporánea. Una lectura completamente generacional de la contradicción entre la forma de vida rural y lo urbano en esta era absolutamente interconectada en busca de la autenticidad. Una dicotomía que dialoga también en el choque intergeneracional para los que los conceptos de esfuerzo, sacrificio y sufrimiento tienen diferentes significados.

Con un gran valor de producción y unas imágenes impresionantes, la película se desinfla a ratos en su tramo central en el que se atasca con sus idas y venidas. Como su protagonista, que se empeña en buscar fuera para encontrarse dentro, los flamencos recurren a una mirada ajena en un alegato al estilo de vida en las montañas en este gran drama que quiere abarcar demasiado con un metraje excesivo. Como Pietro, parece que aún continúa esa búsqueda como cineasta de Felix Van Groeningen, sin embargo, con ‘Le Otto Montagne’ firma la obra más redonda de su filmografía reciente.

‘Eo’ (Jerzy Skolimowski)

EO

En las antípodas en cuanto a estilo y tono, pero de nuevo dentro de ese pensamiento sobre el ambiente rural y el papel del ser humano en relación con su entorno, la Sección Oficial presenta ‘Eo’, una especie de cuento infantil en el que, en el lugar de una pandilla de niños, como protagonista encontramos a un esponjoso burrito, al que seguimos por sus impresionantes peripecias vitales.

Una aventura por carreteras y caminos en la que los códigos de las road movies se funden con el cine más experimental en una fábula a través de los ojos del animal que deja poderosas imágenes. Una apuesta principalmente sensorial con un potentísimo sentido de la estética visual y sonora que arranca con una fuerza increíble.

Una mirada poética y llena de amor hacia ese burrito adorable, que narra con enorme belleza toda clase de historias emocionantes y divertidas con los personajes más disparatados (cameo incluido de Isabelle Huppert a lo largo del camino). Sencilla pero atrevida, hermosa y de un enorme lirismo.

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