'Por mandato del cielo' es una de las series del año: Andrew Garfield lidera un monumental estudio del fundamentalismo que puedes ver en Disney+
Críticas

'Por mandato del cielo' es una de las series del año: Andrew Garfield lidera un monumental estudio del fundamentalismo que puedes ver en Disney+

Por mandato del cielo’ (Under the Banner of Heaven, 2022) es un nuevo drama de detectives ambientado en la década de 1980 en Utah que se basa en el éxito de ventas de true crime de Jon Krakauer, dando lugar a una serie de siete episodios que llega a Disney+ en España tras su éxito en FX Networks, gracias a su producción suntuosa liderada por un fantástico Andrew Garfield, en uno de los papeles más creíbles y completos de su carrera.

La historia del crimen es un viaje tenebroso que utiliza el extenso esfuerzo periodístico de 431 páginas a modo de marco, siguiendo sus múltiples tramas, dibujando paralelos metafóricos y literales entre la investigación de los brutales asesinatos en 1984 de la devota esposa mormona Brenda Lafferty y su hija pequeña Erica, y los orígenes opresivos de la Iglesia Movimiento de los Santos de los últimos días, conectando ambos temas de forma armónica con una estructura de “descenso a la madriguera de conejo” llena de secretos conectados.

Un caso real que esconde una mascarada mucho mas grande

Los siete episodios son un manifiesto apasionante sobre el poder de la religión que apunta directamente a la Iglesia Mormona, pero por extensión, explica las dinámicas de todos los fundamentalismos religiosos y su velada codificación de los deseos humanos e incluso la ideología política conveniente. Un tema que podría caer en la crítica burda de la mayoría de artefactos aconfesionales, pero que se presenta con un inteligente peinado de las complejidades de un tema multidimensional que Dustin Lance Black, el guionista de la adaptación comprende a la perfección.

Black pasó 10 años dándole vueltas a cómo podría adaptar la novela de Krakauer, originalmente con la intención de que fuera una película antes de decidirse por escribirla como una miniserie. En medio de la obsesión actual de la cultura pop con el true crime y las cuestiones éticas que plantea nuestra fascinación sensacionalista con la violencia, la adaptación se enfrentaba a la dificultad de ofrecer un drama narrativo convincente, y tratar la tragedia misma, con una lente honesta a la hora de introducir los temas de la raíz, el mormonismo.

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De esta manera, la historia es impulsada por dos tramas o núcleos simultáneos. Una de tipo procedimental, con el oficial local Jeb Pyre (Andrew Garfield) interrogando a los principales sospechosos en el espantoso asesinato, y una segunda más interna y puramente existencial, cuando el detective mormón comienza a cuestionarse sus creencias al enfrentarse a la realidad de que algunos mormones usan su religión como justificación para hacer realidad los más bajos instintos, con la licencia presente en las raíces de su movimiento.

Una exploración del lado oscuro de la fe

‘Por mandato de Dios’ explora todas las circunstancias del caso, y su víctima, Brenda Lafferty (Daisy Edgar-Jones), y cómo una pequeña diferencia de credo causa una fuente de perturbación en la familia con la que se casó. Para los Lafferty, un influyente clan de Santos de los Últimos Días, conocido como los propios Kennedy de Utah, el mormonismo de Brenda se considera demasiado laxo y moderno y su personalidad demasiado entrometida. Mientras su esposo Alan (Billy Howle) admira su autoconfianza, su padre, un patriarca enjuto y amenazador interpretado por Christopher Heyerdahl, no opina de la misma forma.

El pastor y sus hijos la vigilan y advierten con frases como “Cuida tu propiedad” cuando se casan. Estas escenas familiares tensas se desarrollan en flashbacks que colorean el interrogatorio de Jeb a Alan, principal sospechoso del asesinato. Ahora, un apóstata, sostiene que su esposa fue sacrificada en nombre del fundamentalismo. “Nuestra fe engendra hombres peligrosos”, le dice a Jeb, a quien vemos poco a poco desengañándose de la noción de que su religión está definida por el amor y la unidad.

Under The Banner Of Heaven

El rostro expresivo de Garfield, siempre con un rastro de ansiedad e incomodidad, revela que cómo las dudas van creciendo dentro de él sin necesidad de exponer sus conflictos en el texto. El actor está brillante y es una pena que su popularidad eclipse a la magnífica contraparte de su compañero, Gil Birmingham, un descendiente nativoamericano ateo que asiste con estoicidad los predicamentos de la mayoría de habitantes confesionales de Utah con los que se ve envuelto en el caso, incluyendo a Pyre.

Ambientación en los 80, esencia atemporal

’Por mandato del cielo’ se carga de complejidad cuando la propia iglesia mormona interviene para tratar de desacreditar su conexión con el caso, y mientras la investigación se vuelve más personal para Jeb, se cuestionan los cimientos de la fe institucional que se le ha inculcado durante toda su vida, y los monólogos se cargan de una intención temática real, complementada por el devenir de los hermanos Lafferty, liderados por el volátil Dan, un inquietante Wyatt Russell, que explica por sí misma el problema de las posturas extremas.

La serie va combinando el misterio y el suspense con un examen fascinante de lo que sucede cuando una convicción irreflexiva de lo que es puro y correcto se ve interrumpida. Es apasionante por su forma de combinar el origen de los mormones y su profeta Joseph Smith con su interpretación política, sexual, de dinámicas de género, domésticas y de la propia condición americana. Pero además su forma casi epistolar de ir dosificando la información es convenientemente perversa, casi de terror en sus últimos compases, cuando se pueden ver paralelismos incluso con los asesinatos de Charles Manson.

Bajomandato

Se ha comparado ‘Por mandato del cielo’ con ‘True Detective’, pero no tiene más que una estética similar, y su paralelismo más acertado sería como la versión adaptada de ‘A sangre fría’, en su forma de reflejar un caso real huyendo del entretenimiento sensacionalista, con una intención periodística que, aunque mantiene el trasfondo siniestro del texto de Black, consigue que su enfoque describa sin miedo la amenaza de la opresión teocrática religiosa y el atractivo de la radicalización, consiguiendo que su esencia tenga un valor aún más importante en la era convulsa de los extremos, no solo religiosos, en la que nos vemos envueltos.

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