Con 'Segundo premio' recién escogida como la candidata de España para los Oscars (lamentablemente, no creo que la sepan apreciar los estadounidenses) y 'La estrella azul' también en consideración, ya podríamos catalogar 2024 como un gran año para el biopic musical patrio. No obstante, habría que sumar un tercer título, algo más convecional pero sin duda el más divertido de los tres, con la estupenda 'Disco, Ibiza, Locomía'. La tenéis disponible en Netflix.
Marcha, Ibiza, Locomía
Todo comienza en la Ibiza de los años 80, donde Xavi Font y un grupo de amigos llegan buscando triunfar en el mundo de la moda. La suerte quiere que acaben cruzándose en el camino de un productor que queda cautivado por su puesta en escena y les propone lanzarlos a la fama como grupo musical.
'Disco, Ibiza, Locomía' (2024) es una película dirigida por Kike Maíllo ('Eva'), que también ha coguionizado junto a Marta Libertad ('Oswald, el falsificador'). Está protagonizada por Jaime Lorente, Blanca Suárez, Alberto Ammann, Alejandro Speitzer, Vito Sanz, Iván Pellicer y Pol Granch.
Como os podéis imaginar, la película se basa en la historia real del grupo Locomía, desde sus inicios y su irrupción en el género de la música electrónica en España, su triunfo en Latinoamérica, el éxito entre las fans y todos sus problemas legales.
Es cierto que si lo comparamos con los otros dos filmes ya mencionadas, esta película presenta una estructura mucho más clásica dentro de los relatos de auge y caída de cantantes/grupos musicales. Sin embargo, dentro de la oleada de biopics de este estilo que Hollywood no para de producir como churros, la cinta es todo un soplo de aire fresco.
Empezando porque aprovecha su premisa de "basada en hechos reales" para retratar la España de los años 80 en todas su contradicciones, con esa sociedad recién salida del franquismo y con ansias de libertad y que, no obstante, seguía llevándose las manos a la cabeza ante todo lo que "atentaba" contra esa moralidad que en teoría querían dejar atrás.

Pero, ante todo, el guion brilla por su tono optimista y juguetón, que rehuye las leccioncitas y el hacer un drama sobre los excesos de las vidas de los músicos (no necesitamos otro biopic con la moraleja rancia de 'Bohemian Rhapsody', gracias) para centrarse en el corazón de lo que fue originalmente Locomía, con esas ganas de pasárselo bien y el sentimiento de familia encontrada.
La película es pura diversión y puede presumir de un ritmo que te atrapa al igual que el carisma del grupo. Sin llegar a ser una comedia per se, tiene momentos realmente divertidos (el robo de ensaimadas, la primera fiesta en la nueva casa...) y, pese a que en el final dan un mayor peso al drama, es casi inevitable acabar la cinta con una sonrisa en los labios.

Otro aspecto refrescante de ella es que no es una de esas historias que busca encumbrar e idealizar el aporte que hizo este grupo a la música. Desde el principio, el productor (Alberto Ammann está que se sale en este papel) destaca que su mayor fortaleza es la puesta en escena y, de hecho, el protagonista de la película ni siquiera era especialmente brillante en los aspectos musicales.
Así pues, no se nos presente la enésima narrativa sobre "genio por descubrir que luego tiene el mundo a sus pies", sino otra idea no tan explorada pero igualmente interesante: encontrar aquello que se te da bien, aunque quizá no sea lo que el mundo espera de ti.
Como último apunte, destacar ese apartado visual lleno de elementos coloridos que se cuelan en las escenas por encima de las imágenes, como forma de representar ese gusto por la fantasía que tanto les caracterizaba antes incluso de dedicarse a la música, cuando solo eran un grupo de jóvenes que soñaba a ritmo de sus abanicos.
'Disco, Ibiza, Locomía' es el biopic musical con el que mejor te lo vas a pasar este año. Un luminoso y colorido paseo por una España todavía grisácea, acompañado por una Banda Sonora muy pegadiza (no tanto por los temas de Locomía, que no son muchos, sino por otras canciones ochenteras como 'Gold' o 'Never Say Goodbye').
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Locomia se presentó ante el público en 1989. Franco llevaba ya muerto 14 años y España llevaba ya funcionando bajo un régimen democrático (contando desde que se aprobó la constitución) 11 años.
Decir que la sociedad de esos años era una sociedad recién salida del franquismo me parece, como poco, desacertado. Obviamente no era Narnia. Pero cada vez tengo mas la sensación de que la gente de aquellos años (y hablo por lo que viví en mi entorno y yo no vivo precisamente en una ciudad cosmopolita tipo Madrid o Barcelona) era mas tolerante en el sentido de que si algo no le impactaba de forma directa y personal (me refiero a algo con lo que no estuviera de acuerdo o incluso rechazara de plano como podría ser por ejemplo la homosexualidad en esos años) pues no le daba mayor importancia.
Yo vi (obviamente como público) el surgimiento, auge, caída y desaparición (todo muy rápido) de Locomia. Llamaba la atención su estética y esos movimientos con los abanicos que nadie que yo conociera fue capaz nunca de emular. Y obviamente alguien que irrumpía en el panorama musical con una estética y movimientos tan particulares pues llamó la atención. Se intuían cuales podrían ser sus preferencias pero como público (hablo desde mi experiencia en mi entorno, obviamente cada cual tendrá la suya) eso nos daba igual cuando sonaban sus canciones en la radio o en una noche de fiesta.
Que la gente ya venía fogueada con Tino Casal, alguien que al igual que Locomia llamó mucho la atención gracias a su particular estética y sobre el que mucho se comentó (en medios) sobre su orientación sexual, algo que a la gente (me refiero al público en el entorno que yo conocí) le daba exactamente igual (y Tino Casal, obviamente, estaba a años luz en talento respecto a Locomia)
Que la gente ensalzaba a Bowie y sus estéticas andróginas.
Que Freddie Mercury, el cual ya dijo en una revista en 1974 que era gay, era un ídolo incuestionable.
Obviamente hablo desde la perspectiva del entorno en el que yo vivía en aquellos años (y ya digo que no era una gran urbe) y obviamente cada uno, si vivió esos años, puede diferir en mis impresiones sobre todo si sus experiencias fueron distintas.
Lo diré un poco en bruto: A la gente, en general, le daba igual con quien follara el artista de turno para disfrutar (o no) de su música. Si algo con lo que eras totalmente disconforme no te impactaba de forma directa, lo ignorabas. No te afecta, no te incumbe, así que tu a lo tuyo. A los únicos a los que les importaban esas cosas (en esos años) era a la gente de la prensa del corazón (que tenían mas nivel que la prensa de ahora, todo sea dicho)
Gente retrógrada ha existido siempre y, por desgracia, seguirán existiendo. Pero mi impresión (y repito para que nadie me malinterprete, según mi experiencia en mi entorno en aquellos años) es que en general éramos mas tolerantes (y maduros) en aquellos años de finales de los 80 / la década de los 90 que hoy en día.
No éramos orcos de Mordor.
1Saludete.
mazinger5
La película está bastante entretenida.Biopic al uso,si