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"Todo el mundo lo sabía". La terrible confesión de un guionista que ayuda a entender el escándalo Weinstein
Directores y guionistas

"Todo el mundo lo sabía". La terrible confesión de un guionista que ayuda a entender el escándalo Weinstein

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¿Cómo y por qué se ha ocultado durante tanto tiempo la verdad sobre Harvey Weinstein? Es la gran cuestión que surge tras conocerse las numerosas acusaciones contra el poderoso productor, despedido de su compañía y con todo Hollywood volcado en su contra. Tres décadas de acoso y abuso sexual a mujeres de su entorno, y nos enteramos ahora.

A la creciente cadena de reacciones por el escándalo se suma ahora una importante y terrible confesión del guionista Scott Rosenberg que confirma sospechas y ayuda a entender mejor lo ocurrido. Trabajó con Weinstein en los tiempos de Miramax, 'Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto' y 'Beautiful Girls' llevan su firma; posteriormente escribió 'Con Air' y participó en el libreto de 'Alta fidelidad', entre otros títulos.

Rosenberg afirma que todo el mundo sabía cómo era Weinstein y pide perdón por no haber hecho nada al respecto, algo que no hemos leído a muchos de los que han opinado con indignación sobre el comportamiento del productor. El texto es LARGO pero creo que merece la pena leerlo, me parece necesario para comprender mejor lo ocurrido, por eso me he decidido a traducirlo a continuación:

Scott Rosenberg

Necesitamos hablar de Harvey.

Yo estuve allí, durante gran parte. ¿Desde 1994 a principios de los 2000? Algo así. La Edad de Oro, ciertamente. Los años de “PULP FICTION”, “SHAKESPEARE IN LOVE”, “CLERKS”, “SWINGERS”, “SCREAM”, “EL INDOMABLE WILL HUNTING”, “EL PACIENTE INGLÉS”, “LA VIDA ES BELLA"...

Harvey y Bob hicieron mis primeras dos películas. Luego me contrataron. Me compraron ese guion de terror sobre las Diez Plagas. Por un montón de dinero. También compraron ese guion del hombre lobo-ciclista. Que a nadie le gustó pero que era mi favorito. Iban a publicar mi novela. Me consagraron. Lo hicieron así para que otros estudios pensaran que yo era un fenómeno. Me consiguieron una carrera.

Apenas tenía 30 años. Estaba seguro de que había encontrado oro. Me querían, estos dos hermanos, que habían reinventado el cine. Y que eran divertidos y duros, y a los que no les importaba un carajo del East Coast lo que hacían todos esos capullos engominados de Los Ángeles.

¿Y esos días gloriosos en Tribeca? ¿Las viejas y estrechas oficinas? ¿Ese maravilloso grupo de ejecutivos y asistentes? ¿Todos los cineastas que estaban haciendo negocios? Los hermanos querían crear una "familia de cine". Y justamente hicieron eso... Estamos deseando tener reuniones allí. Reuniones que se convertirían en planes que llevarían a noches escandalosas por la ciudad. Dicho simplemente: Miramax era una pasada.

Ben Affleck, Harvey Weinstein y Matt Damon

Así que, sí, yo estuve allí. Y déjadme deciros algo. Seamos perfectamente claros sobre una cosa: todo el puto mundo lo sabía.

No que era un violador. No, eso nunca lo escuchamos. Pero éramos conscientes de un cierto patrón de comportamiento agresivo que era bastante espantoso.

Sabíamos acerca del ansia de este hombre; su fervor; su apetito. No había nada secreto sobre su insaciable voracidad; como un ogro codicioso sacado de un cuento de los hermanos Grimm. Todo formulado con vagas promesas de posibles papeles en el cine. (Y, debe ser aclarado: hubo bastantes que sucumbieron a sus corpulentos encantos. Voluntariamente. Lo cual, seguramente, sólo debe haberle incitado a ampliar todavía más su fétida red.)

Pero como dije: todo el puto mundo lo sabía.

¿Y sabéis cómo estoy seguro de que es verdad? Porque estuve allí. Y os vi. Y hablé sobre ello con vosotros. Vosotros, los grandes productores; vosotros, los grandes directores; vosotros, los grandes agentes; vosotros, los grandes inversores. Y vosotros, los jefes de los grandes estudios rivales; vosotros, los grandes actores; vosotros, las grandes actrices; vosotros, las grandes modelos. Vosotros, los grandes periodistas; vosotros, los grandes guionistas; vosotros, las grandes estrellas de rock; vosotros, los grandes restauradores; vosotros, los grandes políticos.

Quentin Tarantino

Os vi. A todos vosotros. Que Dios me ayude, yo estaba allí con vosotros.

De nuevo, quizá no sabíamos el grado. La magnitud de lo espantoso. No las violaciones. No los empujones contra la pared. No que follara con una maceta. Pero sabíamos algo. Sabíamos que algo estaba burbujeando por debajo. Algo odioso. Algo podrido.

Pero... Y esto es tan patético como verdadero. ¿Qué debíamos hacer? ¿A quién se lo contamos? ¿Las autoridades? ¿Qué autoridades? ¿La prensa? Harvey controlaba la prensa. ¿Internet? No había Internet o una copia de eso. ¿Debíamos llamar a la policía? ¿Y decirles qué? ¿Deberíamos haber contactado con algún fantástico Fiscal General de Cinelandia? Eso no existe.

Por no mencionar que la mayoría de las víctimas decidían no hablar. Más allá de compartir los sucios detalles con una amiga cercana o un confidente. ¿Y si lo discutían con sus representantes? ¿Agentes y managers que temían La Ira del Gran Hombre? Los agentes y los managers les decían que se lo guardaran para ellas. Porque, ¿quién sabía las repercusiones? Ese viejo dicho "Nunca trabajarás más en esta ciudad" regresó a la vida arrastrándose como un cadáver resucitado en una peli de madrugada con zombis. Pero, sí, todo el mundo conocía a alguien que había recibido avances lujuriosos suyos. O conocía a alguien que conocía a alguien.

Rose McGowan

Unas pocas amigas actrices me contaron historias: una reunión en un espantoso hotel; de un repugnante desprendimiento de bata; de una asquerosa petición de masaje.

Y aunque estaban cabreadas, se rieron de su arrogancia; cómo tuvo el descaro de pensar que un simple vistazo a su desnuda, pastosa, monstruosa carne iba a ponerles cachondas. Así que sólo pensé que era una grotesca muestra de poder; un tío malinterpretando la situación y dando un paso torpe y pésimo.

Era mucho más fácil creer eso. Era mucho más fácil para TODOS nosotros creer eso.

Porque... Harvey nos estaba mostrando la mejor época. Estaba haciendo nuestras películas. Organizando las mayores fiestas. ¡Llevándonos a los Globos de Oro! Presentándonos a la gente más increíble (¡Encuentros con el vicepresidente Gore! ¡De clubes con Quentin y Uma! ¡Bebidas con Salman Rushdie y Ralph Fiennes! ¡Cenas con Mick Jagger y el puto Warren Beatty!).

Jennifer Lawrence

Los fines de semana más épicos de los Oscars. ¡Aquello parecía durar semanas! ¡Sundance! ¡Cannes! ¡Toronto! ¡Telluride! ¡Berlín! ¡Venecia! ¡Jets privados! ¡Limusinas! ¡Conciertos de Springsteen! Diablos, Harvey me llevó a St. Barth por Navidad. ¡12 días! Yo era un chico humilde de Boston que nunca había OÍDO hablar de St. Barth antes de que me reservara el viaje. Una vez me consiguió entradas para ver los siete mayores espectáculos de Broadway en una semana. Para poder llevar a una nueva novia por un deslumbrante tour de teatros. Me consiguió asientos para la Super Bowl. Me consiguió una habitación de hotel en un fin de semana imposible. Daba y daba y daba y daba. Tenía la volcánica generosidad de un monarca cuando se trataba de aquellos que estaban en su círculo. Y la ferviente necesidad de lealtad de un capo mafioso.

¡Pero nunca nos importó! ¿Qué pasaba con lo que estaba haciendo por la cultura? Haciendo películas espléndidas en un momento donde todos los demás estaban produciendo bobas copias de 'Independence Day'.

Era glorioso. Todo ello.

Así que, ¿y si iba un poco fuerte con algunas jóvenes modelos que habían movido montañas para colarse en una de sus fiestas? ¿Y si se exponía a sí mismo, en una habitación de hotel de cinco estrellas, como una caricatura sacada del Mad Magazine? ¿A quién llamábamos tonto? No es frecuente cruzarse con la Gallina de los Huevos de Oro.

Lo cual me lleva al punto original: todo el puto mundo lo sabía. Pero todo el mundo estaba pasándolo demasiado bien. Y haciendo un trabajo extraordinario; haciendo películas extraordinarias.

Como dice ese viejo chiste: necesitábamos los huevos.

Meryl Streep

Ok, quizá no los NECESITÁBAMOS. Pero de verdad, de verdad, de verdad, de verdad nos GUSTABAN los huevos. Así que estábamos dispuestos a pasar por alto lo que hacía la Gallina de los Huevos de Oro, en las turbias sombras detrás del granero...

Y por eso, estoy eternamente arrepentido. A todas las mujeres que tuvieron que sufrir esto... Estoy eternamente arrepentido. He trabajado con Mira, Rosanna y Lysette. Conozco a Rose, Ashley y Claire desde hace años... Su coraje sostiene una linterna hacia mi verguenza. Y eternamente pido perdón a a todas las que sufrieron en silencio todo este tiempo. Y han elegido permanecer en silencio hasta hoy.

Perdí casi todo el contacto con los hermanos a principios de los 2000. Por ninguna razón concreta. Sólo hubo otros trabajos, otros estudios. Pero hace unos pocos meses, Harvey me llamó, de la nada. Para hablar de los días pasados. Para hablar de lo genial que sería volver a reunir a algunos del viejo grupo. Hacer una película. Debía haber sabido que el nudo se estaba apretando. Había una pena que nunca había oído antes. Una melancolía. Cuando colgamos pensé: '¿A qué ha venido eso?'. Lo sabría en unas pocas semanas.

Así que, sí, estoy arrepentido. Arrepentido y avergonzado. Porque, al final, fui cómplice. No dije una mierda. No hice una mierda. Harvey sólo fue maravilloso conmigo. Así que coseché mis premios y mantuve la boca cerrada. Y por eso, una vez más, estoy arrepentido.

Pero vosotros deberías estar arrepentidos, también. Con todas esas víctimas declarando... Contar sus historias. ¿No deberían los testigos hacer lo mismo? ¿En lugar de retirarse a los cobardes y frondosos confines de la falsa indignación? ¿Ser un espectador no viene acompañado de la responsabilidad de contar la verdad, sin importar lo deshonroso que pueda resultar personalmente?

Vosotros sabéis quiénes sois. Sabéis que lo sabíais. ¿Y sabéis cómo sé que lo sabíais? Porque yo estuve allí con vosotros. Y porque todo el puto mundo lo sabía.

George Clooney

NOTA: Quiero aclarar que el objetivo de las fotos es simplemente el de recordar cómo Harvey Weinstein se codeaba con grandes estrellas e intérpretes famosos y oscarizados. No pretendo señalar a nadie, básicamente porque a diferencia de Scott Rosenberg, yo no estuve allí. Lo que sí queda claro por bromas y declaraciones rescatadas durante estos días es que el guionista tiene razón, lo de Weinstein se sabía. ¿Qué opinas de sus declaraciones?

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