'El precio justo': una hipervitaminada puesta al día del mítico concurso en Telecinco que necesita mejorar si quiere ser el antídoto a 'Pasapalabra'
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'El precio justo': una hipervitaminada puesta al día del mítico concurso en Telecinco que necesita mejorar si quiere ser el antídoto a 'Pasapalabra'

En Telecinco no deben estar nada contentos con haber perdido 'Pasapalabra', un concurso que les funcionaba muy bien y que actualmente arrasa en Antena 3. Ahí es donde entra el extraño movimiento de recuperar 'El precio justo', un espacio que llevaba más de una década desaparecido tras el fracaso de su etapa en Antena 3 con Juan y Medio al frente. Ahora ha vuelto con el objetivo de hacer frente a 'Pasapalabra', pero la cadena de Mediaset ha optado por lanzarlo inicialmente en prime time en un movimiento orientado a ver cuál era el interés del público.

Los 2,1 millones de espectadores y el 17,1% de share dejan claro que, como mínimo, había cierta curiosidad hacia esta nueva andadura del concurso con Carlos Sobera como presentador. Para ello, Telecinco ha apostado por una puesta al día hipervitaminada que respetaba la estructura habitual del programa pero buscando enganchar a los espectadores a través de un aluvión de estímulos que en cierto momento llevó al propio Sobera a decir al público que no era necesario aplaudir absolutamente todo lo que se hacía o decía.

Un acusada tendencia al exceso

Es verdad que empezar a emitir un concurso como 'El precio justo' pasadas las 23 horas es una decisión extraña, ya que hasta ahora había sido un espacio más orientado al público familiar, intentando no resultar demasiado estático pero conocedor de lo que puede dar de sí. Sospecho que eso no convencía en Mediaset y por eso optaron por apostarlo todo a potenciar su vertiente más dinámica, desde el trabajo de realización hasta las personas elegidas como concursantes.

Eso es algo que quedó especialmente patente durante la primera media hora de programa, donde todo resultaba tan frenético para lo habitual en un espacio así que parecía que lo único realmente importante es ese aluvión de estímulos que mencionaba antes. Luego la cosa no es que llegase nunca a calmarse del todo, pero sí se sintió algo más de fluidez en lugar de ser una mera acumulación de pruebas a un ritmo rozando lo alocado.

Fue entonces cuando pudo verse mejor aquello en lo que podría acabar convirtiéndose este 'El precio justo', desde las pequeñas bromas entre Sobera y Luis Larrodera hasta las por ahora tímidas aportaciones de los azafatos -a modo de curiosidad, una de ellas es hujastra del propio Sobera-, en su mayoría presentes más como bonitos floreros -vamos, la función habitual de esa figura en los concursos desde ni se sabe cuándo-, pero se vieron ciertos intentos porque fueran un poco más que eso, algo que esperemos vaya a más. Que al final la familiaridad del público con los que participan en el concurso acaba siendo esencial para que quieran volver a verlos.

Carlos Sobera Hijastra

De hecho, lo que realmente llamaba la atención es el excesivo ímpetu del público. Es como si hubiesen tomado como referente al de 'La ruleta de la suerte' creyendo que había que duplicar o triplicar el nivel. ¿Quizá consecuencia de la presión por tener que conseguir el éxito y por haber elegido estrenarlo en una franja a priori anacrónica para un formato así? Probablemente, pero tampoco me sorprendería que simplemente siguieran por este camino cuando pase a emitirse después de 'Sálvame Naranja'.

Donde sí ha funcionado mejor esta nueva versión de 'El precio justo' es en la figura del presentador, aunque tampoco lo tenían tan difícil, pues siempre he visto a Sobera como un valor seguro, quien aquí ha sabido manejar esa tendencia continua al exceso para regularlo en la medida de sus posibilidades. A cambio no ha habido apenas rastro de su capacidad para generar suspense e incertidumbre en los concursantes, pero es que simplemente no había espacio para ello porque que el espectáculo debe continuar parece ser la máxima principal del concurso.

Imagen El Precio Justo

Por lo demás, no deja de ser una pena que alguien tan solvente como Luis Larrodera acabe limitado a un papel de poco más que comparsa de lujo y quizá esta primera entrega se extendió un poco más de la cuenta. Sin embargo, lo realmente importante es que necesitan dejar que el ritmo del programa se temple un poco. Y es que es cierto que el público siempre va a agradecer que haya emoción, pero más por el suspense de lo que pueda pasar que porque pasen cosas sin parar. Quizá algunos programas de Telecinco hayan acostumbrado al público a esperar algo así, pero si realmente quieren tener aquí a su antídoto para 'Pasapalabra', dudo que vaya a ser suficiente con lo visto anoche.

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