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'Chained', el talento no se hereda

'Chained', el talento no se hereda
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'Chained' (id, Jennifer Chambers Lynch, 2012) ganó en la edición del año pasado del Festival de Sitges el premio especial del jurado y el correspondiente al mejor actor, que fue a parar a Vincent D'Onofrio. Ha pasado casi un año y la película sigue sin distribución en nuestro país porque al fin y al cabo somos unos tercermundistas, culturalmente hablando, por lo que no debemos preocuparnos. En cualquier caso, pienso que la película en cuestión no es para tanto, ni si quiera en la interpretación del actor principal, que recurre a tics y tópicos demasiado trillados.

Jennifer Chambers Lynch es la hija de David Lynch, director de sobra conocido y con quien un servidor mantiene como espectador una relación de amor/odio —disfruto al máximo de películas como 'El hombre elefante' ('The Elephant Man, 1980) y sobre todo 'Una historia verdadera' ('The Straight Story', 1999) y títulos como 'Inland Empire' (id, 2006), entre otros, me desquician—; sin embargo reconozco que es un director con un lenguaje único, perfectamente reconocible, y prácticamente inimitable. Otro tema bien distinto es su hija, que debutó en el cine en 1993 con la fallida y caótica 'Mi obsesión por Helena' ('Boxing Helena', 1993), un drama obsesivo falsamente polémico. Nada menos que quince años tardó en volver a dirigir una película y su estilo empieza a tomar un cariz no apto para todos los públicos.

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Con película como 'Vigilancia' ('Survilleance', 2008), en la que unos muy exagerados Bill Pullman y Julia Ormond forman una pareja de sádicos imposibles, el cine de Lynch hija pretende remover conciencias o escandalizar, quedándose en realidad muy corta. El supuesto impacto que producen sus películas se basa en el efectismo puro y duro de historias protagonizadas por personajes desequilibrados, con traumas o no, como si Lynch hija quisiese introducirse, nunca lo suficiente, en la maldad innata del ser humano ofreciendo casquería pura y dura sin más. Con 'Chained', su penúltimo trabajo, ocurre un poco más de lo mismo, con una historia que intenta abarcar demasiado y a su supuesto desagrado temático se suma el efectismo argumental.

(From here to the end, Spoilers) Una mujer y su hijo son secuestrados por un taxista que los lleva a una casa alejada situada en un lugar inconcreto. Allí mata a la mujer y al niño lo mantiene con vida convirtiéndolo en su esclavo particular, al que con el paso de los años intentará educar según sus ideales y moralidad. Julia Ormond, que vivió tiempos mejores en el séptimo arte realiza lo que prácticamente es un cameo, imagino que por amistad con Lynch hija, o tal vez como perverso juego de cambio de roles con respecto a la película que protagonizó a sus órdenes. Vincent D'Onofrio interpreta al taxista, que en realidad es un asesino en serie que secuestra a mujeres que asesina brutalmente. Las razones, por supuesto un trauma infantil, que aquí tiene con ver con el incesto obligado. Hala, polémica servida.

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'Chained' intenta hablar sobre las consecuencias de una educación, sobre la influencia de los progenitores y la ignorancia sobre el mundo y el ser humano en general, si se vive aislado. Pasa por ello de puntillas. También intenta subrayar la importancia de una buena base cultural, la lectura, el aprendizaje y la utilización posterior de dicho aprendizaje. Si has aprendido mal la lección puedes ser un asesino, si la has aprendido bien puedes salvar una vida. Pasa sobre ello de puntillas. En realidad pasa de puntillas sobre todo, sin aprovechar si quiera la posibilidad de una atmósfera malsana, algo que no llega a conseguir en ningún momento. Por no hablar de una puesta en escena sin inventiva ni garra.

Podríamos quedarnos con las interpretaciones de los dos actores principales, D´Onofrio y Eamon Farren, que da vida a Rabbit, como lo llama su secuestrador. Es una pena que ambos personajes carezcan de matices y no estén lo suficientemente bien perfilados en el guión; los actores hacen todo lo que pueden pero sus roles resultan vacíos por momentos, incapaces de establecer conexión de algún tipo con el espectador, o tan siquiera el posible y lógico rechazo que deberían transmitir. Pero todo deja de tener interés cuando en los últimos cinco minutos se produce un inesperado giro, que bordea el deus ex machina, llevando la película a los terrenos del thriller más anodino y de carácter de telefilm barato. Poco importan sus títulos de crédito finales en los que el sonido es primordial para entender algo que no pilla por sorpresa a nadie. Una película vulgar.

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