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'Eli': una desconcertante propuesta de terror en Netflix, salvada por su disparatado giro
Críticas

'Eli': una desconcertante propuesta de terror en Netflix, salvada por su disparatado giro

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Las películas originales de Netflix son como una caja de bombones, pero una en la que la mitad de ellos están rellenos de crema insípida y pastosa. Un síntoma del ritmo con el que la plataforma los está produciendo. Mientras que en las series dan en el clavo a menudo, la producción de cine de es, a menudo, cuna de algunas mediocridades que frustran más que una mala película con mayúsculas.

Eli’ es una nueva intentona de misterio y terror que, lamentablemente, pertenece la categoría de las poco memorables. O al menos hasta su final. Puede que en este caso tenga algo que ver su problemática historia de producción, ya que inicialmente fue adquirida por Paramount hasta que descubrieron que no tenían idea de cómo vender la película, con lo que, como pasa de forma periódica, fue adquirida por Netflix. Viendo lo que tiene que ofrecer, el recelo de Paramount no estaba desencaminado.

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Misterio, sustos y monotonía

La cinta no es necesariamente mala o impracticable, pero tiene un concepto difícil de hacer funcionar en salas de cine, especialmente cuando se ha ejecutado de manera confusa y sin progresión narrativa. Eli es un niño enfermo. Alérgico al aire, el agua y el polvo; con solo una inhalación, se hincha con urticaria por todo el cuerpo y corre peligro de muerte. Un clásico niño burbuja, mantenido en una habitación de plástico estéril, libre de contaminantes externos. Sus padres (Kelly Reilly y Max Martini), desesperados, buscan una solución.

Para ello le meten en un traje espacial hermético y lo llevan a un médico “milagroso”, la Dra. Isabella Horn (Lili Taylor), quien les promete una cura con la que ha salvado a todos sus pacientes anteriores. El director Ciarán Foy se mueve durante gran parte de la primera hora de ‘Eli’ con las herramientas prototípicas de films de casa encantada, lo cual da cierta originalidad al conjunto, moviéndolo hacia obras del género menos machacadas, como ‘Las dos vidas de Audrey Rose’ (Audrey Rose, 1977).

Sin embargo, debido a la premisa, la cinta sufre de un ritmo excesivamente impostado que convierte la mayor parte del medio en una alternacia de experimentos médicos y encuentros espeluznantes o acontecimientos que pueden o no estar completamente en la cabeza del protagonista. La fórmula acaba resultando tediosa y algo aburrida, ya que no hay mucha más historia en dónde aferrarse y no hay valores o subtextos que le den más profundidad a los diálogos de relleno de los adultos.

Un postre de pura verbena

‘Eli’ avanza lentamente y de forma relativamente predecible, rara vez alcanza el nivel de impacto al que se aferra su liviana creación de suspense. No acaba de decidir qué tipo de película quiere ser y la narración resulta desigual y con cambios tonales constantes. Desde el melodrama de sus primeros compases, en donde los elementos de terror pasan a segundo plano, a un segundo y tercer acto en los que quiere hacer más presente que hay un misterio, construido, eso sí, sobre una base bastante endeble.

Es posible que el interés vaya difuminándose por culpa de un plantel de personajes a medio construir y con una falta de química evidente entre los actores principales. La familia de Eli no es creíble, y el generoso tiempo que la película dedica al drama se desperdicia en diálogos que parecen de relleno. No arregla la situación sus secundarios sean inexplicablemente extravagantes, como esos médicos irrazonablemente siniestros que tratan de ayudar a Eli, haciendo evidente que busca enrevesar la situación de formas gratuitas.

Sin embargo, un giro inesperado en el tercer acto proporciona un contexto tardío a ciertos momentos sin base aparente y encauza de forma espectacular una historia que de otra manera no tendría mucha razón de ser. Probablemente, ‘Eli’ funcionaría mucho mejor si ciertas revelaciones llegaran mucho antes, y el último tramo es tan tontorrón y loco que casi hace que merezca la pena la espera. Pero siendo fríos, un buen final no convierte en menos monótono o poco convincente todo lo que ha llevado hasta él.

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