Festival de San Sebastián 2022 | 'Broker' es Kore-Eda plagiando su propio cine sin vergüenza... pero funciona tan bien que no importa lo más mínimo
Críticas

Festival de San Sebastián 2022 | 'Broker' es Kore-Eda plagiando su propio cine sin vergüenza... pero funciona tan bien que no importa lo más mínimo

Hirokazu Kore-Eda sabe hacer muy bien la tortilla de patatas. Tanto, que cada vez que vas a su casa te sirve una, y siempre la mejora un poquito más, casi de forma imperceptible. Cuando intenta sorprenderte con otras delicias culinarias, nunca termina de acertar, pero la tortilla, ay, la borda. 'Broker', presentada en el Festival de San Sebastián, es su receta de siempre, un remake espiritual de 'Un asunto de familia', que a su vez lo era de 'De tal padre, tal hijo'. Aquí, intentando sorprender, ha querido introducir una trama detectivesca y giros inesperados, pero con lo que nos quedamos es con un niño riendo en el túnel de lavado.

La familia encontrada

Creo que no sorprendo a nadie si digo que la mayor obsesión del director japonés es la familia, y, más concretamente, la familia encontrada o elegida, esa que no tiene lazos de sangre pero sí afectivos e incondicionales. En 'Broker' da la vuelta de campana definitiva al concepto de "familia encontrada" con un grupo variopinto al que cuesta creerse, formado por dos miserables, una madre con secretos ocultos, un niño pesadito y un bebé.

A priori, poner como los héroes de tu película a dos criminales que se dedican a robar bebés y revenderlos es un movimiento arriesgado. Pero en manos del director, estos dos personajes se convierten en granujillas dulces, sonrientes y repletos de amor para dar y compartir. No es que 'Broker' sea una mala película (en absoluto), pero a Kore-Eda se le ha ido la mano con el azúcar. Por favor, no busquéis cómo pega esta metáfora con la de la tortilla.

Broker 2

En 'Broker', al grupo de criminales que aprende a quererse se añade un elemento disruptor en la forma de dos agentes de policía que quieren darles caza, pero cuyos planes fallan una y otra vez: la película termina teniendo más en común con el Coyote y el Correcaminos de lo que le gustaría, y no consigue darle la gravedad que pretende. Es más: la cantidad de información sobre los personajes es innecesaria y la manera de plantearla lleva a una narrativa muy cargada, cambiando el núcleo de la película... cuando este debería ser mucho más simple.

Y, pese a todo, funciona

Es posible que estés pensando que si en el fondo es un refrito de su propia obra y los añadidos embarran más que innovan, 'Broker' tiene que ser un pestiño. Pero, una vez más, no es así. El director salva los muebles (y de qué manera) con una espectacular fotografía y trocitos de realismo que salpimentan la trama. Porque al final, poco dice más "familia" que morirte de risa al pasar por un túnel de lavado después de que el niño la líe parda.

Broker 3

Kore-Eda juega sus cartas de la manera más sabia posible, consciente de que a estas alturas no va a ser capaz de sorprender: donde realmente triunfa no es en la investigación policial o en el drama de más alto nivel, sino en las secuencias más livianas que dicen más de los personajes que cualquier escena de exposición narrativa. Una noria lentísima, una cena con tu hija perdida, una luz apagada en un motel de mala muerte dando las gracias a todos por nacer son marca de la casa, y donde sabe brillar.

Navegando como un maestro la línea entre lo almibarado y lo emotivo, 'Broker' es capaz, sin ser una de sus grandes obras, de salir triunfante. Por el camino, el director incluso se da la libertad de criticar la actitud de sus protagonistas de una manera más dura de lo habitual: serán muy simpáticos, pero no dejan de ser ladrones de niños, y el nipón decide tratarles, de vez en cuando, como criminales dispuestos a todo por sobrevivir en lugar de como simples canallitas de gran corazón.

Gracias por nacer

'Broker' no te cambiará la vida, aunque la disfrutarás más si nunca has visto nada de Kore-Eda y aún no le pillas los manierismos ni sus auto-plagios. Pero tampoco está vacía de contenido: el director nos propone una visión algo más oscura de lo habitual de la familia encontrada entre risas, acaramelamiento, giros de guion (que, dicho sea de paso, no suponen la sorpresa que deberían) y debates sobre el aborto cuya conclusión recuerda a otros tiempos.

El japonés quiere marcar la diferencia en los primeros minutos de película, cuando una madre, bajo la lluvia, se dirige con su recién nacido a una iglesia para meterlo en el "buzón para bebés", que, por cierto, existe realmente y en el que se dejan de cuatro a cinco niños semanalmente. Después, plantea la pregunta: ¿Es mejor abandonar estos niños a su suerte o abortar? El debate no queda tan balanceado como al director le hubiera gustado, entre otras cosas porque juega con las cartas marcadas.

Pero, en realidad, poco importa: una película como 'Broker' no apasiona, pero no ofende, deleita a ratos y aburre a otros. De hecho, la investigación policial no es más que una pantomima, una distracción para intentar hacer ver que esta no es otro 'Asunto de familia' (sin mucho éxito). Al final, la balanza se decanta más por lo bueno (la magia, el preciosismo, el humor, la ternura) que por lo malo (los giros, la investigación, los debates inanes): lo más sincero que se le puede decir a 'Broker' es "gracias por nacer". Hasta la siguiente, Kore-Eda.

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