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'Un asunto de familia': un precioso cuento de ladrones que consolida a Koreeda como uno de los más grandes cineastas actuales
Críticas

'Un asunto de familia': un precioso cuento de ladrones que consolida a Koreeda como uno de los más grandes cineastas actuales

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Bajo el equívoco título de 'Un asunto de familia' llegó a los cines españoles el último trabajo de Hirokazu Koreeda, flamante ganador de la Palma de Oro del Festival de Cannes y posteriormente receptor del Premio Donostia en San Sebastián. El título internacional, 'Shoplifters' (rateros de tiendas), me parece más acertado porque crea una peculiar simbiosis con la promoción, donde se retrata una familia feliz.

El tono alegre unido al término para describir a estas personas es un perfecto reflejo del film de Koreeda. Como la mayoría de autores, el director de 'De tal padre, tal hijo' o 'Nuestra hermana pequeña' vuelve a sus temas favoritos para intentar crear algo nuevo y estimulante, otra forma de enfocar sus ideas y obsesiones. Los premios (a los que podrían sumarse el BAFTA o el Óscar) celebran su apuesta. No es la película que pensamos que nos están vendiendo. Es una obra astuta y original.

Koreeda y los actores de su película en Cannes

Aparentemente, Koreeda nos va a contar la historia de un humilde núcleo familiar que sale adelante gracias a empleos precarios, diversas "ayudas" y pequeños hurtos en comercios. Con dificultades pero apoyados los unos en los otros, protegidos bajo un mismo techo y el cariño mutuo. La rutina de esta familia es alterada cuando, una noche, encuentran a una niña.

Es evidente que la pequeña está pasando hambre y frío. Osamu (Lily Franky), el "padre" de la familia, se apiada de ella. Se la llevan a su hogar y la alimentan generosamente, tratándola como si fuera un miembro más del grupo. Pronto descubren que no sólo ha sido descuidada por sus padres, también maltratada. El dilema se agranda para unas personas que sobreviven al margen de la ley...

'Un asunto de familia': Koreeda sorprende con su última radiografía familiar

Hay mucho más debajo de la superficie. Pero Koreeda no quiere forzar nada, su cámara se mueve con la delicadeza del que sólo pretende observar, y deja que nos pongamos cómodos. Logra crear una realidad tan espontánea y auténtica que no se atisba rastro alguno de artificio, a pesar de que, como entenderemos más adelante, hay un sensacional guion debajo de toda esta sencillez.

Es esta una película de detalles, de gestos y diálogos sutiles que, a simple vista, pueden pasar desapercibidos o resultar banales, pero que esconden significados que Koreeda va desplegando poco a poco. Hasta el final no comprenderemos qué clase de cuento nos está relatando realmente este habilidoso cineasta.

Un autor que no está interesado en enviar mensajes sino en plantear cuestiones. Esta elección se siente en todo el film, dejando que sea el espectador quien juzgue a los personajes y sus acciones. Nada es lo que parece y no hay respuestas fáciles; la situación de estos "rateros" no es convencional, logrando Koreeda aturdir y provocar una reflexión, una reevaluación de expectativas e ideas preconcebidas. Sobre la familia, el amor y la sociedad.

Un ejemplo del talento narrativo del japonés, capaz de contar mucho con muy poco, es cómo elige plasmar el vínculo que se crea entre la pequeña desamparada (Miyu Sasaki) y la superviviente Nobuyo (Sakura Andô). La primera noche, la mujer cena distanciada, rechazando la idea de compartir el escaso alimento, pero a través de un sencillo ajuste del enfoque Koreeda nos muestra que está prestando atención cuando la abuela (Kirin Kiki) descubre marcas en los brazos de la niña.

Luego, Nobuyo se sentirá tan unida a su nueva "hija" que no sólo le enseñará que ha experimentado en su propia carnes un dolor similar, sino que le transmitirá algo básico, tan simple como, por desgracia, ajeno a demasiados individuos: uno no hace daño a quien quiere, lo abraza. Pese a los giros del último tramo, que obligan a analizar todo lo que sabíamos, Koreeda no pierde de vista la humanidad de sus protagonistas (por cierto, imposible hallar un elenco mejor, más natural).

Y ahí creo que radica la grandeza de este autor: en la mayor adversidad es cuando hace patente la verdad de los personajes y su vínculo. El final es tan hermoso que cuesta reprimir las lágrimas. Debido a su singular narrativa, 'Un asunto de familia' no se agota en un visionado, se disfruta más una vez que las sorpresas han sido destapadas y todas esas "pistas" cobran sentido. En cualquier caso, una pieza magistral de un autor en estado de gracia.

Un Asunto de Familia
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